Para María Fermina, Matías, Lucas y Luis, mis hijos, a los que no inculco miedo, sino hambre de libertad

“Ojalá hayan medido lo que hicieron”, me dijo Agustín Carstens con voz vacilante, aquella negra noche del 15 de septiembre de 2008, en un balcón del Palacio Nacional. La mirada incierta del Secretario de Hacienda se perdía entre el gentío alegre que esperaba al presidente Calderón sobre la plancha del Zócalo, para gritar y vitorear nuestra independencia nacional.

Aquel día, Lehman Brothers Holding Inc. se había declarado en quiebra. Nadie la salvó y Carstens parecía lamentarlo. Una de las compañías globales de servicios financieros, icónica del triunfo de los artificios para acumular dinero, estaba convertida en polvo en los suelos de Nueva York. Mientras, el Salón de Embajadores de Palacio Nacional, donde Agustín de Iturbide firmó la Independencia de México, estaba pletórico; las fragancias inundaban el ambiente por donde brillaban vestidos luminosos, trajes oscuros, joyas y relojes de marca, peinados de salón y zapatos bien lustrados. A lo lejos, creo recordar, una banda de música entonaba “Sobre las olas” de Juventino Rosas.

Arriba, todo mundo conocía el rostro, apellidos, patrimonios, relaciones y poderío de cada quien; los únicos semblantes desconocidos eran los de los meseros que se paseaban entre nosotros para ofrecer bocadillos, vino y tequila. Abajo, todo era jolgorio en un ambiente frío donde acababa de llover, los más duchos para burlar el control policial bebían alcohol, otros se aventaban espuma, no faltaban los enormes sombreros zapatistas, y en las primeras filas, junto a las vallas, colocados estratégicamente, cientos de panistas trasladados del Estado de México, coreaban el nombre del presidente.

Todo parecía ordenado, incluso el hombro izquierdo de Calderón lesionado días antes al caer de su bicicleta. La escolta de la Heroica Escuela Naval Militar entregó la bandera al presidente; el Jefe del Estado mexicano, ataviado con la banda presidencial al pecho salió al balcón central, hizo tañer cuatro veces la campana de Dolores y luego gritó con fuerza: “¡Vivan los héroes que nos dieron patria!”. Pero, como auguró Octavio Paz en “El laberinto de la Soledad”, “La noche de fiesta es también noche de duelo”. Justo en ese momento en Morelia, Michoacán, a cuatro cuadras del Hospital de Nuestra Señora de la Salud, donde nací hace medio siglo, en la Plaza Melchor Ocampo, unos narcoterroristas hicieron detonar dos granadas contra una multitud de michoacanos que también, como los del Zócalo, vitoreaban a los héroes nacionales arengados por el gobernador Leonel Godoy.

Esa noche de fiesta y muerte auguró un destino trágico para México, para el futuro del calderonismo, y para mi personal trayectoria política. Se resquebrajó la soberanía financiera de la nación mexicana desde Estados Unidos; y el pánico generado por la delincuencia le ganó terreno a la libertad personal. Aquella noche en la capital michoacana el terror triunfó sobre la paz. Y en Nueva York el rapaz le ganó la partida al emprendedor. Crisis financiera y violencia sin control marcaron un sexenio que intentó ser del empleo, de la mano firme y la pasión por México.

La algarabía de la Plaza de la Constitución y la mayoría de los invitados dentro del Palacio estaban ajenos al drama neoyorkino, a la tragedia michoacana, a las dudas de Carstens, a mis propias reflexiones, y a un presidente que se tardaba en bajar al patio central a departir con sus invitados. La Sala de Embajadores de Palacio Nacional pronto quedó vacía aquella pavorosa noche; recuperó su silencio, como en los negros días de julio de 1872, cuando sobre el suelo de madera de esa recámara, se despidió el cuerpo de Benito Juárez. 

Un improvisado gabinete de seguridad de emergencia con Genaro García Luna, secretario de Seguridad, Eduardo Medina-Mora, procurador, el general Galván, secretario de la Defensa y el almirante Saynez de Marina, recibía las noticias de Michoacán: cuatro muertos al momento de los bombazos y más de 100 heridos. Yo me enteré en el patio. El cardenal Alberto Suárez Inda, Arzobispo de Morelia, me llamó y preguntó: “¿Germán ya sabrá el Presidente de los explosiones en Morelia afuera de Catedral?. Me están diciendo que hay muchos muertos y heridos…”. En ese momento bajaba el presidente por la escalera principal, su cara lo decía todo, mostraba más preocupación que el rostro del emperador Maximiliano, en el mural de Diego Rivera, antes de ser fusilado.

La noche transcurrió, como todas las noches patrias, en medio de los fuegos pirotécnicos, el ruido de la gente de afuera, y el famoso Huapango de Moncayo, pero en esa ocasión aciaga se encendió un reloj con una cuenta regresiva para anunciar los días y las horas faltantes rumbo a los festejos del Bicentenario de la Independencia. Un cronómetro de dos años con marcha atrás. Al paso del tiempo aquel tic-tac indicaría que a mí presidencia del PAN le quedaban poco más de 300 días, pero a Juan Camilo Mouriño, secretario de Gobernación, sólo le restaban cincuenta días de vida.

Desde aquella fatídica noche el gobierno del presidente Felipe Calderón Hinojosa estaba herido de muerte; como la compañía norteamericana Lehman Brothers en Nueva York, o como algunos michoacanos que clamaban auxilio, bañados en sangre, en la plaza cívica de Morelia, donde escuché por primera vez a los panistas, trepados en un templete, gritar con orgullo, su reclamo de una patria ordenada y generosa.

 

***

¿Protesta usted guardar los Principios y Estatutos del PAN y desempeñar lealmente, el cargo de presidente del Comité Ejecutivo Nacional, que el Consejo Nacional le ha conferido?, me preguntó Manuel Espino, presidente nacional saliente, el 8 de diciembre de 2007.

¡Por los pobres de México! ¡Sí, protesto!, contesté emocionado, con la mano derecha elevada a la altura de mi mirada. El Presidente de la República atestiguó la escena.

Esa protesta fue la última voz, y esperanza, de un grupo de panistas  que conocía el pensamiento social blanquiazul; y en los cargos públicos, en muchos sentidos, desatendió los reclamos de justicia, dejó de acompañar las causas de los más desfavorecidos, arrebañó a sus militantes en listas de programas gubernamentales y, confundido, creyó que gobernar es administrar gerencialmente a una nación. “La verdadera Constitución de un país sólo reside en los factores reales y efectivos de poder que en ese país rigen”, sostuvo Ferdinand Lassalle. Aquel grupo heredero de la tradición justiciera en el PAN, peleó muchos años para llegar a Los Pinos, y ya instalados en el poder político, en mayor o menor medida trabajó para esos factores reales de poder, unos económicos, otros culturales, algunos religiosos, y descuidó amparar y caminar con los que menos tienen, más sufren y más necesitan.

En la campaña presidencial de 2006, Felipe Calderón exclamó “voy a rebasar a la izquierda por la izquierda”, en franca alusión al compromiso de implementar una política social agresiva para abatir los índices de pobreza. Más allá de intentos o incluso resultados positivos, los panistas extraviamos esa senda de caminar con la gente. Nunca hubo respuesta a la pregunta lapidaria: ¿por qué los pobres de México no marcharon junto al PAN?. ¿Por qué, para decirlo con Simone Weil, dejamos “aplastar por la opresión a los espíritus”? Resultó facilísimo, para muchos, comprar la palabra “populista” y descalificar el reclamo de igualdad y la actitud comprensiva frente a mexicanos marginados. Siempre fue más cómodo recibir el dictado de varios burgueses disfrazados de empresarios, algunos de esos hombres de negocios, exigían de “dientes para afuera” competencia, pero llegaban mansitos a Los Pinos o a las oficinas gubernamentales a implorar canonjías y agasajos estatales.

No fue oferta de campaña fugaz, ni mera moda de ocasión el compromiso igualatorio de Acción Nacional con los más desfavorecidos. Hace 30 años, cuando me afilié al PAN, y protestábamos en avenida Chapultepec por la cerrazón de Televisa para transmitir la información de los eventos y pronunciamientos de Manuel J. Clouthier; nuestro candidato fue acusado de “populista”, “intolerante”, “autoritario”, “bravucón”, cuya “bandera más llamativa es la revuelta en contra del grupo en el poder….dice lo que la gente quiere oír”. (Soledad Loaeza. Maquío: El otro populismo. Nexos. Julio,1988). Carlos Castillo Peraza, desde una clarísima posición social le contestó contundente: para edificar un México democrático se deben esquivar los intereses de “una burguesía que es dueña del dinero de los ricos, del saber de los académicos, del poderío de los políticos y del lenguaje de los pobres”(El indiscreto desencanto de una burguesía. Nexos. Agosto. 1988).

Contra el PRI y contra esos patrones priístas era la ofensiva panista. La igualdad política (de sufragio y acceso efectivo al poder) tantos años reclamada por los panistas, era una condición necesaria pero no suficiente, para buscar mejores niveles de igualdad social conocidos como bien común. Quizá se conformaron con conquistar cucharas, cuchillos y tenedores de una mesa vacía. Quizá nuestro principal pecado fue edificar simples “sufragantes”, y no exigentes y plenos ciudadanos.

***

Por un sacerdote jesuita Luis Morfín, exrector del ITESO, conocí a Efraín González Morfín, candidato presidencial panista en 1970 contra Luis Echeverría.

Efraín buscó darle al PAN una identidad “solidaria” con los abandonados. Esa savia fue sustituida por despensas, láminas, “moches”, gestiones y burdas operaciones de prostitución electoral para mantener en pie la obra blanquiazul. Suena hueco buscar un futuro promisorio, y tolerar y fomentar ese adiestramiento digno de Iván Pavlov, que obtiene votos con estímulos efímeros.  

Efraín y José Ángel Conchello protagonizaron una de las más encarnizadas riñas internas panistas, cuyos efectos dejaron sin candidato al PAN contra José López Portillo, en 1976. Por un lado el propio Efraín buscaba un radical “cambio de estructuras” sociales; y en el otro extremo Conchello, cuya visión proempresarial y conservadora triunfó a la postre. El mercado triunfo sobre la justicia; el privilegio para la empresa sobre las condiciones laborales justas. La solidaridad quedó arrumbada, y los nuevos dogmas que se adoran en los discursos económico-políticos albiazules son la competitividad y la productividad. Lejos, muy lejos del discurso de humanidad.

El “solidarismo” es un camino distinto y excluyente al “capitalismo”, se opone y combate la visión “individualista” y egocéntrica que quiere construir una sociedad jerarquizada por el poder de consumo, donde “el supremo mandamiento de los ricos es “¡Invierte!”, y el supremo mandamiento del resto de la gente es “¡Compra!”. (Yuval Noah Harari). Eso, justo eso, fue lo que se derrumbó aquella noche patria en los mercados financieros del mundo, junto a los estallidos terroristas en Morelia, Michoacán. “El día que quebró Lehman se desmoronó todo”, anunció Alan S. Blinder, vicepresidente de la Reserva Federal de los Estados Unidos. ¿Alguien en México intentó una explicación doméstica? ¿Algún panista buscó un eje de pensamiento y acción para evitar otro trago amargo financiero? ¿Alguien llamó a recuperar la concordia de nuestros pueblos desolados por el miedo y la violencia?

El capitalismo sostiene que le basta resolver el problema económico para que se produzca la justicia, por tanto sólo necesita al libre mercado. Pero para el “solidarismo” la primacía no la tiene “lo económico” sino “lo político”, que es la acción consciente de las personas libres por ordenar su vida en comunidad orientada por valores. El “solidarismo” de González Morfín, afirma como John Rawls que toda persona tiene igual derecho a un “régimen plenamente suficiente de libertades básicas iguales”, con “equitativa igualdad de oportunidades” y “procurando el máximo beneficio de los miembros menos aventajados de la sociedad” (Sobre las libertades. Paidós). Más reciente, recuerdo perfecto a Castillo Peraza, demandar un nuevo orden social donde exista primero el ser humano y después el capital; “es criminal que la materia salga de la fábrica ennoblecida y el hombre salga envilecido”, sentenciaba en arengas públicas o en sesiones universitarias.

González Morfín lo decía sin rodeos: “no creemos que las clases poderosas puedan ser agentes principales de transformación social…La reforma, de las estructuras políticas, económicas y sociales, hacia modelos más justos y humanos, siempre se ha promovido de abajo hacia arriba, por el impulso incontenible de los grupos humanos postergados, cuando se deciden a mejorar su propia vida. Quienes están cómodamente instalados en las estructuras creadas por ellos para beneficio de los menos, no se preocuparán por cambiarlas” (“Cambio democrático de estructuras”. Memorias. Acción Nacional. 1969). Efraín perdió y, también, como Castillo Peraza renunció al PAN.

Poco después del triunfo de Fox estuve una mañana entera con González Morfin en su casa en Guadalajara, recuerdo que había muchos libros; en un pequeño portal nos sentamos en unos equipales jaliscenses a revisar unos documentos. Con voz baja y descripción lenta, fue desgranando uno de los principios fundamentales de su “solidarismo”: el destino universal de los bienes”. La propiedad privada es un medio no es un fin, sostuvo con parsimonia de maestro bueno, es legitimo tenerla, pero su obtención y acumulación tiene límites éticos. Ser dueño no sólo te da autoritas sino responsabilitas. Y la política sirve para definir el uso de esos bienes en orientación al bien común; por eso se justifica una intervención del Estado en esquemas de seguridad social, participación de utilidades, financiamiento a educación, pensiones a ancianos, refuerzo a las personas con discapacidad, etcétera.

En más de un sentido lo que pasó en la crisis económica del 2008, fue la claudicación del Estado, y el éxito del destino individual y ególatra  de los bienes. ¿No fueron créditos a la sombra y fuera de los márgenes de riesgo, con los que se amasaron enormes fortunas inmobiliarias, como castillo en el cielo sin soporte laboral alguno? ¿No fueron blandas y débiles autoridades regulatorias, las que dejaron un río caudaloso y libre a la especulación sin límites y la avaricia sin freno? La insolidaridad triunfo sobre la materialismo de la usura. 

—“Los tuyos han vuelto”, le dijo Carlos Castillo Peraza a Efraín González Morfín, cuando el yucateco ganó, en 1993, la jefatura nacional panista.

Ese grupo que regresó con Castillo Peraza, en algún momento tuvo presente la sentencia efraínista: si la izquierda es la insatisfacción con el presente y la voluntad de cambiarlo hacia una mayor justicia y una mayor libertad, en ese sentido Acción Nacional es perfectamente de izquierda” (Conferencia en Mérida, Yuc. 15 enero 1970. Palabra. 59).

Ese era mí grupo, mi tropa en el PAN. El que apostaba por la palabra, no por el dinero; por la retórica no por el marketing; por el pensamiento, no por la frase; por escribir en los periódicos, no por un spot publicitario; por la reflexión, no por los reflectores; sin embargo, fuimos, (en plural, claro) también los responsables de dejar al partido, poco a poco, a merced del dinero y la gestión de intereses particulares. Carlos Castillo lo entendió primero, y en la época que Felipe Calderón hacía intentos desesperados por retomar al camino solidarista, por ejemplo, regresaba el dinero público y, sin resquemores, platicaba con Andrés Manuel López Obrador; Castillo Peraza también abandonó el PAN, después de votar en el año 2000 por Gilberto Rincón Gallardo.

El tiempo te alcanza y te moldea. Aquel reloj del Zócalo capitalino para anunciar el Bicentenario caminó, como todos, sin pausa. Y los efectos económicos y psicológicos de la crisis financiera global más virulenta que se haya producido nunca” (Greenspan, The Crisis. 2010), se empezaron a sentir en México, cuando yo tenía un año en la jefatura panista. Era diciembre del 2008, había muerto en esos días Carlos Abascal Carranza, hombre probo, al que debo el acuerdo político que me llevó, en unidad y no sólo con los calderonistas, a la presidencia nacional del PAN.

Entonces, la tormenta mundial estaba garantizada, el “barco” de México quizá podía resistir, pero mi “lanchita” del partido en el poder, con un examen en las elecciones intermedias del 2009, seguro habría de naufragar. Aquel temporal se afrontó mal desde el punto de vista teórico. Ni llamamos “a arrestar al acaparador, ni convocamos a salir de las tiendas”, para decirlo con G.K. Chesterton; era el momento para citar a la defensa de una “propiedad privada bien distribuida” tal como la pregonaba el converso católico inglés, o quizá también, debimos desempolvar las tesis de Leonardo Boff y su “opción preferencial, no exclusiva, por los pobres”. No lo hicimos. Y tampoco llamamos a reconciliar a un México herido por la delincuencia. El dolor conquistó amplios territorios y enlutó a muchas familias.

Ya fuera de la jefatura panista y de todo quehacer público, antes de morir en 2014, el cura Morfín de la Compañía de Jesús, que me acercó al “solidarismo” panista, me dijo en un desayuno cerca de su casa en Coyoacán, donde se recuperaba de un trasplante de riñón:

Tengo un libro que demuestra la injusta distribución de la riqueza en el mundo, se llama “El Capital”

¿Cómo el de Marx?, pregunté. 

¡Sí! Como el de Marx, pero su autor es Thomas Piketty. Tendrás que esperar a que lo traduzcan porque está en francés.
 
¿Es marxismo?, le volví a cuestionar.

¡No!, me dijo categórico. Es una renovación de Chesterton y Efraín, me dijo sonriendo, mientras mordía una concha y daba un sorbo a su café.
 
¿Un sacerdote hablando de economía? No. Tiempo después lo comprendí. Era una herencia y una herida. El clérigo Morfín me hablaba de moral, de límites al quehacer humano, de desigualdad criminal, de pecados de injusticia, de plutocracia como veneno” o de “Estado plutocrático como cueva de ladrones” (otra vez Chesterton). Ni el párroco ni yo entendíamos de manejos financieros, pero sí me dejó mociones de dignidad humana. También nos regaló a mí esposa Margarita y a mí una biblia en tzotzil. Por supuesto que “el gordo” Morfín sabía perfectamente que no la entenderíamos jamás. Era otra moción, otro legado. Otra herida social, ahora con la simbólica presencia indígena en nuestra casa. Cicatrizar esa llaga es parte de mi deber. Quiero paliar el dolor de la violencia. Quiero ayudar a reconciliar, en oportunidades de vida solidaria al país. Eso es lo que me anima, de fondo, de entraña, de espíritu, a acompañar a Andrés Manuel López Obrador.

***

Quería participar. Mi vocación es la política. Esa es parte de la razón de mi ingreso al Movimiento de Regeneración Nacional. Me había ido sólo, vuelvo sólo. Dimitir a la presidencia del PAN y apartarme de la vida pública en 2009 fue una decisión frente a mí conciencia sin influencia alguna. Casi una década después, también, a nadie le pedí permiso. Todos, absolutamente todos mis excompañeros de partido, se enteraron por los medios de comunicación de mi aceptación para ir en la lista nacional de candidatos al Senado de la República por Morena.

Milité 30 años en el PAN. Defendí el voto de Clouthier en una casilla, recorrí el país organizando eventos para Diego Fernández. Recuerdo claramente cuando no se le juntaban ni 100 personas antes del debate con Cárdenas y Zedillo, pero también guardo en la memoria, cuando después de aquella histórica discusión en televisión, sus eventos eran con muchedumbres. Mi percepción de aquella época es que Diego no quería ganar. El sentido común indicaría que si quieres triunfar y “no te vuelven a sacar en la televisión”, como aduce Diego para justificar su derrota, “el Jefe”, si verdaderamente quería ser Jefe de Estado, debió incrementar sus actos públicos. Castillo Peraza y Felipe Calderón se lo reclamaban entonces; el país y la historia se lo reclamarán siempre.

Contrario a  Diego, Vicente Fox y Felipe Calderón sí querían ganar. De ambos fui su abogado electoral y los representé ante el Instituto Federal Electoral, presidido por José Woldenberg y Luis Carlos Ugalde. A Josefina Vázquez Mota la apoyé contra los deseos de Felipe Calderón. ¿En esta ocasión por qué me tendría que quedar sentado en mi despacho de abogados, viendo la contienda en televisión y leyendo los periódicos? Insisto: parte de mi razón para apoyar a López Obrador es porque tenía la voluntad de hacerlo. Voluntad libre, alimentada sólo de mis lecturas, discernimientos internos y conversaciones personales. ¿Por qué en Morena y no en el PAN? Porque creo más en la fidelidad a mis dudas, que en la lealtad a las certezas de los partidos. “Un hombre – dice Simone Weil – que no ha tomado la resolución de fidelidad exclusiva a la luz interior introduce la mentira en el centro mismo del alma” (Ensayo sobre la supresión de los partidos políticos. Confluencias). Quiero por tanto, alumbrado por esa luz interior participar en la edificación de la nueva forma de agregación política de los mexicanos. El pluralismo mexicano tendrá un nuevo inmueble, quiero poner algunos de sus ladrillos. México tendrá un nuevo sistema de partidos después de la elección del 2018, quiero que tenga pinceladas o brochazos de “solidarismo”. Hubo intentos desde la derecha, ¿por qué no, ahora, desde la izquierda?

***

Pero además y descendiendo, subrayo descendiendo a la anécdota, participo fuera del PAN porque el anayismo me cerró las puertas y, al mismo tiempo, circunstancias orteguianas, coincidencias vitales, Andrés Manuel vino y las tocó.

La historia en mi caso no es una traición de Ricardo Anaya, fue falta de liderazgo. Los líderes convocan, no ahuyentan; invitan no patean, abrazan no ignoran. Son un acto, no un evento. Son una actitud frente al otro, no una aptitud para presumir al otro. Un líder busca “comprender”, no se contenta con “aprender”.

En la mañana del 6 de octubre de 2017, el anuncio de la renuncia al PAN de Margarita Zavala, corría por todos lados. Jorge Camacho lo había filtrado al programa de radio de Ciro Gómez Leyva. De inmediato me llamó con urgencia Ricardo Anaya, a la sede del partido en avenida Coyoacán.

¿Sabes algo? ¿Se va Margarita?, no me contesta el teléfono; me dijo con una fría preocupación resignada.

No lo sé, pero si lo dijo Ciro en la mañana, seguro lo tiene confirmado y sí se va del PAN, atiné a decirle.

¿Qué haremos?, me volvió a preguntar.

Pues buscar un intermediario, repliqué.

Ya no le contesta a nadie, Diego ya la buscó y le dijo que se iba quedar sola.

Pues graba un video, donde la emplaces a un último esfuerzo de entendimiento, sugerí sin mucho ánimo. Para mí sorpresa Anaya ordenó inmediatamentem creo que a su fiel secretario Osiris, grabar un mensaje y con absoluta naturalidad comenzó a actuar una invitación pública al diálogo con Margarita. El insensible Anaya, al prenderse la cámara se metamorfoseó y suplicó el diálogo.

Tiempo atrás le había aconsejado a Anaya ceder la presidencia nacional panista a Margarita, para consolidar su candidatura presidencial. Fui enfático en un viaje que hicimos de Saltillo a Monterrey, cuando regresábamos de apoyar la candidatura de Guillermo Anaya a Gobernador de Coahuila. Anaya parecía interesado, aunque, otra vez, sólo “actúo escuchar”, porque al día siguiente de ese viaje, anunció con Alejandra Barrales, presidenta del PRD, la convocatoria a un frente amplio opositor. Era mayo de 2017.

El día que Margarita puso fin a sus treinta y tres años de militancia todo era tensión en la sala de juntas del presidente. Caras largas esperaban la carta. Santiago Creel, Marco Adame, Luis Felipe Bravo, esperaban en una sala con un pizarrón atiborrado de pendientes, donde también estaba dibujado un árbol de decisiones, en la mesa vasos y residuos de café de Starbucks completaban una escena de desbarajuste. Hasta ese lugar llegó el original con la firma autógrafa sólo de Zavala, y el reclamo de una manera de hacer política honesta, libre y valiente. Algunos esperaban también la de Calderón. El propio Anaya leyó en voz alta la misiva, empezando por el final, como para cerciorarse de que “sí se marchaba, sin condiciones”. En silencio algunos tenían rostro de satisfacción y felicidad, otros de ira, algunos de compasión, y más de alguno lamentaba la unidad panista irrecuperablemente despilfarrada.

Anaya me apartó nuevamente a su oficina:

¿Tú no te vas, verdad, Germán?, me preguntó un Ricardo desconfiado. 

No, le contesté sin convicción; pero dime ¿qué voy a hacer en el partido?, ¿qué tarea me encargas? ¡Sí me gustaría participar!

En 48 horas te digo, no te quiero fallar, ni quedarte mal en lo que te voy a pedir. Me dijo con la misma convicción con la que se le ve en televisión decir que va aplicar la ley sin distingos, acabar con la corrupción y que todo su patrimonio es legítimo.

Pasaron las 48 horas del día de la renuncia de Margarita, y pronto pasaron 48 días sin ninguna noticia de Ricardo Anaya, a quien yo llevé a la política nacional, en un acuerdo que hice con los gobernadores panistas, y no quise replicarlo con Francisco Garrido, sino con su hábil Jefe de Oficina… Me comenzaba a quedar claro que el queretano, en su amplísimo derecho, armaba su equipo de campaña con otras personas. Algunas muy chicas y sin experiencia para el desafío, algunos corruptos “operadores” de clientelas electorales, y otros inteligentes como Jorge G. Castañeda y Patricia Mercado.

Mientras, en esos días me encargué de impugnar la elección de Coahuila. Nos vimos varias veces con el jefe panista, incluso en la oficina del Consejero Presidente del INE, Lorenzo Córdova. El día 19 de septiembre durante el terremoto que azotó a la Ciudad de México, estábamos en la el Tribunal electoral listos para una audiencia, con el empresario Armando Guadiana, entonces candidato de Morena a gobernador y toda la oposición al PRI, salvo el PRD coahuilense, esquirol de Moreira.

Días antes, como idea mía, intenté convencer al presidente nacional panista de postular a Manuel Clouthier Carrillo como candidato al Senado por Sinaloa, o quizá a Pablo Salazar por Chiapas, en ambos casos obtuve la misma respuesta de Anaya:

Habla con Dante Delgado, el presidente de Movimiento Ciudadano, quien también rechazó mis propuestas y me dijo que yo debería participar activamente en el frente anayista, que le iba a comentar a Ricardo. También me quedé esperando esa intervención concreta.

Antes había impugnado algunas propuestas concretas para integrar el Tribunal Electoral, pero la dirigencia hizo “oídos sordos” a mis vetos y opiniones; más tarde incluso me pidieron un nombre para nombrar Auditor Superior de la Federación; vía unos amigos -Julio Castillo y Humberto Aguilar- hice saber el nombre de Gregorio Guerrero, que estaba dentro de los inscritos, era Contralor del INE, y lo había conocido en la Cámara de Diputados y cuando fui Secretario de la Función Pública. Lo frenaron de inmediato. Poco a poco todas mis iniciativas fueron desechadas una a una. El signo era inequívoco, sólo la ingenuidad permitía ver otra cosa: desdeño total.

Pronto quedé vacío políticamente en el PAN, sobretodo por mis intentos de conciliación. Los anayistas me suponían zavalista, o incluso, los más despistados todavía calderonista; mientras el zavalismo me calificó de criptoanayista. No era de ninguno, y en mi fuero interno me hartaba la tirria que se tenían unos contra otros. ¿Cómo quería construir una nación fuerte, sobre los cimientos de su propia cólera? Los insultos, calificativos y denostaciones entre ambos bandos eran recíprocos.

Para entonces, en el PAN valía más la recomendación de Dante Delgado que conocer el ideario de Efraín González Morfín. La socialdemocracia parecía llegar al partido de Gómez Morin, de la mano de los “chuchos” perredistas. No cumplí el perfil para estar en el Frente: no trabajé nunca con el bobalicón de Vicente Fox, ni sé operar el rentismo electoral, y tampoco le tenía ojeriza a Andrés Manuel. Al caudillo de los pobres, el PAN quería y quiere oponerle un gerente para los ricos. Ya para entonces tenía mí decisión tomada.

***

Justo en esos días, y después de varios intentos con distintas personas, por convencerme de jugar un cargo de elección popular por Morena en Michoacán, y de la oferta que me hizo personalmente Andrés Manuel, para ir en una terna a la Fiscalía General de la Nación, mi reunión definitiva con López Obrador fue en febrero pasado.

Una y otra vez insistió. No le importó todo el pasado. Ni mi desempeño en la campaña electoral de 2006, donde litigue el reconocimiento a la victoria de Felipe Calderón; ni mis gritos en la plazas públicas de todo México con aquel estribillo estridente del “peligro para México”. Mientras en el PAN se cocinaba una alternativa con mohínas, enfados y rencores, Andrés Manuel me tendió la mano. Mientras en el PAN fracasaba con mis iniciativas, Andrés Manuel me buscó perseverante.

El germen de aquella original y efrainistíca preocupación social creció en los últimos años. Puse en duda mi fe en la “libertad negativa” de Isaiah Berlín que mucho tiempo me hipnotizó, ahora, después del desfalco de Lehman Brothers, estoy seguro de la omisión culposa del Estado para equilibrar y empatar las oportunidades de vida. Cuando crucé la puerta de la casa de Andrés Manuel en Tlalpan, en mi cabeza la razón de la justicia ya le había ganado el terreno a esa libertad meramente mercantil. 

El tabasqueño me esperaba en una casa pequeña y austera en condominio horizontal, sin ninguna ostentación. Tras unas puertas de cristal un pequeño jardín. Nos acomodamos en la sala, que está junto al comedor y la cocina.

¿Por qué me invita a mí?, le pregunté en algún momento de la conversación.

—Porque quiero gobernar, no dividir al país. Quiero reconciliar a los mexicanos. El país está muy enojado. No quiero perder el tiempo de mí gobierno en actos espectaculares, comento sin prisas.

—Tengo dudas, le solté.

—Ayúdame a emparejar al país. Quiero dar resultados pronto, me dijo un Andrés Manuel que estaba enfundado en una chamarra negra con las siglas de Morena. Acaba de llegar de Tlaxcala, creo.

Allí, ese día, en plena conversación supimos del discurso enjundioso del Gobernador de Chihuahua Javier Corral, que denunciaba a un reducido grupo de no más de cinco personas que están tomando las decisiones de la campaña y del partido… están decidiendo con soberbia infinita, como si ya estuvieran en el poder presidencial…”. No sé qué quedó de aquellas palabras, ni del enfado del Gobernador Corral, pero eran un resumen perfecto de lo que pasaba en el PAN.

Seguimos nuestra conversación jovial, llena de datos históricos.

¿Sabes por qué te invité a ser Fiscal General de la Nación?, me dijo, con independencia de los nuevos trámites para nombrar ese cargo. Porque Bernardo Bátiz me platicó un día que Manuel Ávila Camacho invitó a ser Procurador de la República a Manuel Gómez Morin.

Estoy plenamente seguro que el juicio de la historia le pesa muchísimo a Andrés Manuel. Los presidentes que sólo gobiernan para “el hoy”, para salir en el noticiero de la televisión, pierden la perspectiva trascendente de sus actos. Andrés Manuel mide sus palabras, sus gestos, sus invitaciones; pero al mismo tiempo atiende, no es arrebatado, es afectuoso. Y claro que tiene un potente liderazgo. ¿Apiñará indebidamente el poder? No puede. Será Presidente de una República, y ésta es la negación al gobierno de un sólo hombre. La República, obra juarista por excelencia, vive en la división de poderes, en los contrapesos y en la rendición de cuentas. Sin embargo, hago mías las palabras de uno de los mejores amigos de López Obrador y fiel seguidor, José Agustín Ortíz Pinchetti, hombre prudente y honesto que sostiene, “la concentración de facultades y funciones podría dar origen a un rasgo negativo que sería el culto a la personalidad, respecto del cual habría que estar alerta” (“AMLO, con los pies en la tierra”. Harper Collins). De cualquier Presidente habría que estar alertas. Estoy seguro que Andrés Manuel llegará, ejercerá y abandonará el poder con regularidad republicana.

Charlé largo aquella noche en Tlalpan. Me dio seguridad sus respuestas sobre su futura tarea en la Presidencia. Respeto absoluta a la propiedad privada, con matices chestertorianos, y al Estado de derecho sin matices. No es el “lobo feroz” que busca devorar empleos, inversiones y llamar a pogromos de panistas o priístas. No carga resentimientos del pasado. Es un gran conversador. Le creo. Nos abrazamos y me despedí con la certeza de que será un buen Presidente. Finalmente la política es también el terreno de la confianza.

Mi colaboración con Andrés Manuel pasa por saldar mis propias cuentas con aquella triste noche septembrina en la que Agustín Carstens vacilaba ante la quiebra de Lehmann Brothers, y unos estruendos de narcotraficantes terroristas cimbraron el centro de mi ciudad natal. Esa herida es de justicia, y cicatrizarla pasa, al menos por mí, por no olvidar jamás a Efraín González Morfín y Carlos Castillo Peraza.

Ni Andrés Manuel ni yo queremos una sociedad desigual donde gobierne la ambición y triunfen la usura y avaricia, y lucharé junto a él para reconciliar a todos los ciudadanos, con independencia de sus partidos, y sobretodo reconciliar en oportunidades de vida, de saber, de tener y de poder, a un país violento y enojado, que reclama una esperanza.

No hay soluciones mágicas, ni quizá inmediatas. Las contradicciones tienen el riesgo de abrir más las heridas, pero también son la oportunidad inmejorable de resolver conflictos y avanzar en construir una patria justa. Esa es mi apuesta y no quiero guardar mis pocos y pequeños talentos. No quiero que mi reloj personal, como aquel del Zócalo capitalino echado andar en el penoso grito del 2008, se agote y me encuentre paralizado en  cobardías o perezas cívicas, atrapado en mi ex partido que, confundido, toma el arado y mira atrás. No soy de actos tibios, ni  disfruto el narcisismo de congruencias que no transforman la realidad en la que vivimos. Me quiero agotar cívicamente en esta aventura, por los millones de mexicanos que tienen un anhelo de cambio y puesta su fe en López Obrador. 

Con un fragmento del poeta Pedro Salinas termino, y a él me atengo:

Confiesa ser lo que fuiste.
Tú serás lo que eras: tú…

En la cima del pasado
cantando el futuro está.

 

Germán Martínez Cázares

 

39 comentarios en “¿Por qué apoyo a Andrés Manuel?

  1. Gracias por compartir este texto. Donde podemos comprobar que hay personas en cualquier partido que quieren un México mejor, y dejarnos ver de alguna manera otra parte mas cercana de Andrés Manuel López Obrador.

  2. Creo que de eso se trata el apoyar el movimiento de Andrés Manuel López Obrador, confiar en que haya un verdadero cambio, sin rencores, sin gritos ni sombrerazos.

  3. Lo leí con mucho interés. Un texto que desde su mirada nos ayuda a entender este momento político. Develó una personalidad que no conocía.

  4. Quizás sea porque te formaste en un partido crees que necesitas un partido para transformar las cosas que dan pena en nuestro país, yo ya no creo en partidos, desgraciadamente lucran con el dolor y las heridas del pueblo. No creo ni en el capitalismo ni el socialismo, generadores de dichas heridas. Pero lo que sí creo, es que en algún lugar de nuestra conciencia debe haber una nueva forma de ser sociedad. Saludos.

      • Creo que habemos muchas personas que pensamos como tú pero no sabemos plasmarlo tan exacto como tú lo hiciste. Así como tú, yo también creo que en algún lugar de nuestra conciencia sabemos ser sociedad y querer vivir con equidad y en paz.

  5. Estimado Sr. Martínez,

    Me parece mucho muy interesante que dos personas, una muy ignorante y con pobre experiencia política (su servidor) y otra con firmes conocimientos filosóficos y larga experiencia en las primeras filas de la política mexicana (el Sr. Martínez) hayan llegado a las mismas conclusiones por caminos muy distintos y partiendo de los mismos ideales de los fundadores de Acción Nacional. Me inspira gusto, nostalgia y a la vez un atisbo de esperanza pensar que se convierta en un Fiscal General de la Nación que, por primera vez en muchos años, haga respetarse el Estado de Derecho por encima de cualquier idiosincracia.

    En mi carácter de crítico lascivo y contradictorio de hace 6 años, esgrimía tremendas agresiones contra el “gobierno” del Sr. Calderón incluyendo al Sr. Martínez evidentemente. No sería coherente fingir un arrepentimiento pero sí justo y necesario suplicar una disculpa por las palabras altisonantes a la par de un fuerte agradecimiento por permitirse esa fidelidad exclusiva a su luz interior.

    Mil gracias Don Germán y sobre todo mucha 5alud.

  6. Enhorabuena, esta confesión de Germán ayudará a que muchos mexicanos refjexioben en la urgente necesidad de construir este México que se nos deshace en las manos a golpés de machetes.
    Soy hermana del amigo de Germán: Luis Morfín y prima de Efraín Glez. Morfín.
    Simpatizo con las ideas de AMLO, desde hace muchos años, motivo por el cual me he convertido en “enemiga de mis amigos”, admiro a LOPEZ OBRADOR, por su honestidad, congruencia y sencillez. Ese presidente es el que necesita México”

  7. Me párese muy honesto de parte de Germán martines solo espero que haga un buen papel como los idearios de pan
    Morfín castillo u otros mi reconocimiento
    Un abrazo

  8. ¡Que gran artículo! Muchas gracias Germán. Como votante tradicional de la izquierda, no conocía esta profundidad en tu pensamiento y esta sensibilidad en tu corazón y tus palabras. De verdad felicidades. ¡Que alegría saber que esta inteligencia está de este lado de la historia!

  9. Es el intervencionismo del Estado en la economía de Estados Unidos y la Reserva Federal imprimiendo moneda sin control lo que llevó a la crisis económica y que todavía no termina. Es la libertad económica y el Estado limitado lo que hace grande a un país. El estado de bienestar no es viable y recae en los productivos. La clase política es un parásito de la sociedad civil.

    • No fue la impresión desmedida de billetes lo que generó la crisis, fueron el cúmulo de garantías a las que se comprometieron las instituciones financieras que son independientes al gobierno aunado a la ambición de estas mismas y la falta de regulación, todo esto sustentado en la especulación de que no podia existir ningún contexto en el que el ciudadano americano dejara de pagar sus créditos hipotecarios. Al final fue el gobierno quien rescato la crisis, misma que se pudo evitar con las regulaciones adecuadas. La intervención de un gobierno social es indispensable para evitar este tipo de conductas mercantilistas ultrareduccionistas en donde se pone al capital y la acumulación de riqueza por encima de todo, matando precisamente lo que mantiene vivo al mercado que es el consumidor. También como dato es importante saber que la reserva federal (los que imprimen dinero) es una institución privada independiente al gobierno, con un acuerdo exclusivo con el mismo gobierno. Fue después de la crisis de 1929 en EUA donde se separan y queda en manos de algunas familias (rockefeller, rothschild) quienes privatizan la impresión de moneda y a su vez crean el sistema financiero inflacionario. AMLO ha reconocido de manera muy audaz que, así como la religión y el estado deben mantenerse separados, el capital y el interés económico deben separarse de los intereses políticos.

  10. Me siento confundido ante tanta impunidad, algunas ocaciones e pensado que las cosas no eran tan graves pero me equivoque y de este coraje que nace dentro de mi e de poner mi granito de arena que me corresponda para ayudar na nque vuelva a resurgir mi Mexico Querido.

  11. Le da las gracias un ciudadano próximo a emitir un voto por el partido que representa lo opuesto a las ideas que ha mamado desde la cuna. Ojalá que sus ideales lo acompañen cada momento del próximo sexenio a la hora de tomar decisiones. Es de humanos desviarse del camino que se ha trazado. Solo los necios se pierden de la riqueza de experimentar una manera distinta de ver el mundo. Le deseo el mejor de los éxitos, por el bien de todos los mexicanos.

  12. Ahhh caray Germán! Una revelación este texto en cuanto a postura ideológica y compromiso político y social. Además una gran aproximación al pensamiento de dos de los más distinguidos panistas como González y Castillo. Todo un documento felicidades. Te conocía por tu gris (aunque involuntario) desempeño como presidente del PAN. Ahora leo a alguien que apoyando al némesis de la clase cleptócrata y mitocrática se reencuentra con sus raíces. Saludos

  13. Gracias por su artículo, aún siendo a partidista, me da gusto leer que existen personas congruentes y coherentes, en lo personal, social y político.

  14. Muy emotiva reseña, aunque la duda siempre hace ruidito. Acaso sea la contradicción de que con tales Ideales, se mantuvo acojido tanto tiempo por la extrema derecha y mejor aun, o peor aun, litigando en favor de la ambisión por el poder. Porque, que habría pasado contigo si Anaya te huebiera dado algún cargo? Quiero confiar y no estar equivocado. Solo espero que el cargo de Fiscal General, cumpla las espectativas de todos los mexicanos. Desearía que la impunidad deje de reinar en nuestro territorio. Ésta es la principal causa de corrupción y no solo en las altas esferas, si los de abajo vemos que arriba hacen lo que quieren, abajo hay que demostrar a los de abajo que somos mas fregones y me paso los altos y me tranzo a los vecinos etc, etc. Entre los Mexica, estaba prohibido embriagarse, obviamente con pulque. Se le sentenciaba al macehual borracho, que si había una proxima no viviría. Pero si a un sacerdote o funcionario se le veía briago cuando no era de manera ritual, inmeditamente era sentenciado a morir. Tiene cabida la teoría que plantea Lopez Obrador…Si el de arriba es honesto, el de abajo…

  15. Nunca he multado en partido alguno. En mi juventud simpatice con el pan incluso participé activamente en alguna que otra marcha por la dignidad y la defensa del voto precisamente cuando los ideales de Gómez Morin aun resonaban en personas como Edmundo garza Villareal, Jorge Zermeño o de un gran Maquio. Todo para decirte que tu ensayo movió mis entrañas para seguir con las convicciones de preferencia por los pobres y el legado de la justicia y la solidaridad. Siempre he sido de izquierda pero admiro personas como tu que no se casan con un partido y no claudican en ideales que los hacen más humanos. Que bien que se une no al cambio sino a la transformación de un México mejor donde se gobierne para todos sin olvidar a los pobres.

  16. Suena lógico, creíble y esperanzador. La vida brinda muchas oportunidades para definir el sentido personal que no lleve a vivirla y gozarla. Confío en que este sea el momento esperado en la suya. Michoacán es muy grande para quedarle mal otra vez. Saludos desde Tamaulipas de una michoacana (uruapense) para más, avencudas en estas tierras pero. O por ello ajena a la matria. Enhorabuena. Si su actuación será como escribe, tendremos fiscal para rato.

  17. En resumen, y sin la poética e innecesaria introducción, se fue de un partido en el que sus opiniones dejaron de tener peso y se sumó a un partido donde lo escucharon. Este es un ejercicio melodramático que busca transitar por las raíces del noble actuar pero que termina con algo tan claro como una decisión económica, irse con el patrón que sí le va a dar de comer. No es un artículo que pueda tomarse como una defensa del señor López O., es un artículo ANTIPAN y antiAnaya. No se fue antes, desde hace mucho se hubiera ido… si es que tan fuertes eran sus ideales… no sé fue al MORENA que no tenía posibilidades de ganar porque así se lo dictará su conciencia, se fue al MORENA que tiene posibilidades de ganar porque uno tiene que comer; bien pudo simplemente dedicarse a su despacho y ya, pero su despacho igualmente depende del trabajo que le mandaba su ex partido… Nada más claro que este testimonial para entender las motivaciones de cualquier político: sus decisiones son económicas, no ideológicas.

    • Me parece una crítica injusta. Necesitó valor para escribir todo esto. Yo le doy el beneficio de la duda, quizá haya algo de cálculo político, pero le creo que pasó por un largo proceso de asentamiento interno y llegó el momento en que estaba listo para intentar algo distinto. Ojalá.

  18. Bravo, justo ese espiritu es el que mostraba el PAN en aquellos años, ahora solo son una maquinaria utilizada por alguien que busca el poder, por el poder.
    Dicen que los ciudadanos de este país no tenemos memoria, yo creo que si la tenemos pero la mayor parte de las ocasiones somos mas influenciables que decididos.
    Bravo por este escrito que describe tan bien esta historia.

  19. Chesterton habla del distributismo como solución económica en lugar del capitalismo y del socialismo. Cuando dice “absoluto respeto a la propiedad privada con matices chestertorianos” quiere decir que se impondrán límites a las propiedad privada. Considero importante que el autor aclare este punto.

    • La realización del DISTRIBUTISMO implica aplicar la doctrina social en “Rerum Novarum. Es dar a TODOS el derecho de sustentar a si y su familia. Que de aquí venga el frenar al acaparador sin principios pues Puede ser en corolario. Quedando claro que no es comunismo soviético donde la PP es negada. Gracias Germán . Bienvenidos serán extensiones de esta historia.

  20. Gracias Germán,
    Y pensar que algún día en que me crucé contigo en el Hospital de México cuando estabas con Felipe, me daban ganas de mandarte muy lejos. Ahora veo bien que no lo hice.

    No me cabe duda que al final todo toma el lugar que le corresponde, te mando un abrazo fuerte hermano.

  21. es un placer conocer las propuestas de Adres Manuel, ya es necesario que el país este unido, ya es justo que alguien vea por nuestros paisanos en Estados Unidos, si todos estos emigrantes están haya es por que quieren tener un nivel de vida justo, Mexico es Mejor que Estados Unidos, el pueblo mexicano solo quiere dos cosas, 1.- Trabajo, 2.- Bien pagados, créanme que con esos dos puntos la economía fluirá de una forma sorprendente, quiero mandarle un saludos al Lic. Andres Manuel Lopes Obrador.

  22. Germán Martínez; Muchas letras para justificar una acción, a mi parecer totalmente equivocada; y vendrá en menos de 2 años el arrepentimiento de haber apoyado a López Obrador una persona que no pisa en suelo firme y en menos de un año veremos su limitada estatura para dirigir un país. Ojalá me equivoque y no tenga que expresar el fastidioso “Te lo dije”

  23. Con todo respeto, no le creo nada, los principios y de Ética se adquieren a través del tiempo
    Perseverancia y cordura. Usted denostó a gente como Lázaro Cárdenas, y más aún su desarrollo personal no lo compremete con un cambio social verdadero. No Sé Martínez no se equivoqué no es López Obrador la sociedad está cansada de tanta gente como usted que saqueó al país, sus ex compañeros y amigos..por favor, sea congruente. México va a cambiar el pueblo la sociedad . Por favor .

  24. Los hombres con visión de futuro para su país participan en cualquier proyecto que tenga el sello de la justicia social y el travajo en equipo, valoro la probidad y congruencia de lis hombres de bien. Saludo con gran satisfacción su pistura de generar oportunidades para los desprotegidos.

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