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Fem. Publicación Feminista Trimestral. Volumen III, No. 10, 108 pp. Editada por Nueva Cultura Feminista

Av. Universidad 1855-401. Dirección Colectiva: Alaíde  Foppa, Marta Lamas, Carmen Lugo, Elena Poniatowska y Elena Urrutia.

El último número de la revista Fem (enero-octubre de 1979) trata sobre las mujeres y la escritura: Sor Juana, Rosario Castellanos, Elena Garro, Julieta Campos, María Luisa Mendoza y hasta Fernanda Villeli. Quedan fuera escritoras más jóvenes, quizá porque para Fem las escritoras de obra son las feministas; de ahí que ni siquiera señalen la existencia de otras publicaciones que, si bien efímeras fueron alentadas y escritas por mujeres militantes: La Revuelta (del colectivo del mismo nombre), Lágrimas de cocodrilo (del colectivo Poca Madre), o Cihuatl (de la Coalición de Mujeres Feministas). No literatura «reconocida», pero indudablemente feministas que escriben.

Fem presenta artículos sobre literatura feminista en Francia; sigue con Simone de Beauvoir, Virginia Woolf, Cristina Pisano, editoriales feministas europeas, mujeres vistas por literatos, en fin, un panorama más o menos amplio de -como ellas dicen- lo que escriben las mujeres. También un excelente documento sobre la inyección depo-provera: un tipo de informes que es preciso ampliar y continuar.

EDITANDO AL EDITORIAL

Fem afirma que «la escritura empezó siendo un privilegio masculino y de clase» y confirma que sigue siendo un privilegio y de clase. Para Fem, «existe sin duda, un lenguaje feminista, que reivindica lo específicamente femenino en el terreno de lo biológico y lo erótico; un lenguaje crudo y violento que excluye el pudor tradicional y opone la pasión y el inconsciente a lo racional y lógico, características admitidas de lo masculino». Pero el lenguaje feminista no se limita a revindicar lo biológico y lo erótico, no es exclusivamente crudo y violento, y tampoco opone por necesidad la pasión y el inconsciente a lo racional y lógico. Si la razón y la lógica es al hombre lo que la pasión y el inconsciente a la mujer, se está aceptando ya una división típicamente sexista.

«El estilo feminista», señala, «es la expresión de un sentimiento que surge hoy con agresividad y que mañana puede resultar superfluo manifestarlo de tal manera». Se entiende que ser agresiva hoy es contar con un estilo feminista sin importar lo que se escriba: por tanto puede existir una temática feminista sin estilo feminista, o bien un estilo feminista sin temática correspondiente. O no: la temática son los sentimientos y la agresividad el estilo feminista. «Mañana» la agresividad puede resultar superflua; quizá entonces tengamos un estilo dulce, pero ¿cuándo es «mañana»? Podría ser cuando se legisle a favor del aborto, cuando la crítica reconozca a las mujeres que escriben o cuando tenga lugar una transformación socialista. La polémica está abierta: ¿Qué es lo específicamente femenino? Si hay un estilo feminista, ¿en qué consiste?

EL SEXO Y LA PROSA

En «Lo que escriben las mujeres», Alaíde Foppa se preocupa por la cantidad de mujeres que escriben y por la igualdad con los hombres: que sea posible escribir «como mujer» y ser reconocida como escritora por uno y otro sexo; recorre la historia de la literatura buscando temas tratados por escritoras, «excepciones» de las sociedades «más desarrolladas»; pasea por América, donde encontramos hasta un premio Nobel femenino, y plantea un cambio reciente, radical: ahora la mujer «pretende escribir cómo mujer». ¿Qué es escribir como mujer? El complemento es «¿Qué escribe la mujer en México?», donde Elena Urrutia, que también atiende la cantidad y la «igualdad»; «prueba» que las mujeres son capaces de bien-escribir, desaprueba por sectario el preguntar ¿qué escriben las mujeres? y declara a la prosa unisex.

Lucía Guerra, en «La mujer latinoamericana y la tradición literaria femenina», sostiene que esta literatura no ha sido bien evaluada ya que los criterios son estipulados por una mayoría masculina, pero esto no le impide, al final del artículo, afirmar que para vislumbrar su realidad la crítica debe adquirir un enfoque adecuado de la mujer y su cosmovisión.

VISITA AL PATRIARCADO

Alma Guillermo Prieto analiza principalmente la revista El caballo del diablo, como un ejemplo de publicación sexista. El análisis está bien realizado, lo que sorprende es la conclusión. Textualmente: «Es obligación absoluta del gobierno, por medio de sus dependencias responsables, detener la proliferación de esta literatura denigrante, y es deber del feminismo exigir esta acción y buscar alternativas». Si, es deber del feminismo este tipo de denuncias, y también plantear alternativas; sin embargo es ingenuo acudir a las dependencias del gobierno, ya que ellas mismas aprueban y censuran esas revistas, lo que permite el afianzamiento de la dominación.

En la entrevista a Fernanda Villeli, escritora de telenovelas, no hay preguntas que refieran específicamente cuestiones feministas o que por lo menos muestren a la forma telenovelesca o como instancia ideológica: los valores que maneja, valores antifeministas, no son cuestionados por las entrevistadoras. La Villeli habla como escritora y como mujer, pues su sexo, al parecer, la «exime» de reproducir el discurso patriarcal.

El texto de Graciela Hierro sobre las tesis de Rosario Castellanos nos remite a cuestiones de fondo: las limitantes históricas, la ubicación de quien escribe y el hecho de reconocer cualquier tipo de literatura femenina como feminista, lo que equivale a ver en Rosario Castellanos una feminista y a creer, además de lo señalado por Graciela Hierro, en la «intuición femenina», a fin de cuentas otra invención sexista para escamotear en la mujer el ejercicio de la inteligencia.

En creación literaria hay una gran contradicción: «Antígona» de Esther Seligson (un oasis dentro de la revista) y el poema de María Elena Walsh, que se refiere a la mujer hablando de «cucharitas», «cocina», «sombra masculina» y «humana servidumbre»: en lugar de realismo socialista, realismo feminista.

Entre las grandes ausencias de este número de Fem está elanálisis del lenguaje. Las mujeres escriben, pero su instrumento, su lenguaje, no es cuestionado en ningún momento: las formas de su reproducción, la manera en que la mujer lo interioriza y hace propio. ¿Qué proceso se suscita? ¿Se reproduce y legitima un mismo lenguaje? Queda también fuera lo que determina una literatura feminista: estilo o tema, ¿cuál seria y qué implicaciones tiene?

La impresión final de Fem es la necesidad de que las mujeres escriban; pero es necesario transformar lo ya reconocido y aceptado por quienes hicieron la «literatura», la «historia», y no solamente tomar sus criterios, pasarlos al feminismo y aceptar a la autora en términos de su sexo. Ser escritora no es igual a ser escritora feminista. En Fem se reclama la igualdad, pero ésta, entre desiguales, es imposible: nuestro mundo está sustentado en la desigualdad y no puede pedirse lo contrario haciendo a un lado el espectro general.