En comparación con los humanos, las computadoras pueden hacer muy poco respecto a un texto; pero pueden lograr que un trabajo laborioso avance más rápido. En 1949 el jesuita italiano Roberto Busa le lanzó un reto a Thomas J. Watson, de la IBM. Busa era un experto en filosofía y acababa de publicar su tesis sobre Santo Tomás de Aquino, el teólogo católico autor de una famosa obra inmanejable. (La edición crítica en muchos volúmenes de la filosofía de Aquino que encargó el Vaticano empezó en 1879 y ya casi [año 2017] llega a término.) Busa se empezó a preguntar si las computadoras de Watson podrían ayudarlo en su labor. Watson le dio su apoyo y, durante los siguientes treinta años, Busa codificó sesenta y cinco mil páginas de texto tomista de modo que contara con búsquedas por palabra, referencias cruzadas y con lo que ahora llamamos hipervínculo. El Index Thomisticus fue el primer texto dispuesto para la erudición digital, no menos sorprendente por empezar con tarjetas perforadas y concluir en línea. “Digitus Dei est hic!”, jugueteó Busa con las palabras en el 2004. El dedo de Dios está aquí.

Fuente: The New Yorker, 24 de julio, 2017.