Núms. 1-4. México. Editorial Mosaico.

No es raro que una revista se preocupe por editar cuentos y narraciones breves de literatura fantástica. Lo que distingue a Duende. Historias fantásticas es que, si bien se trata de una serie comercial sus selecciones no carecen de orientación congruente y calidad.

Los editores pretenden ofrecer un muestrario de lo “prenatural, la hechicería maligna, la brujería, el satanismo y el vampirismo”; en realidad no dan una colección de breves novelas góticas, cuentos de hadas e historias de cabalistas, ídolos, vudús, sonámbulos, poseídos y maestros de las artes ocultas.

Duende. Historias fantásticas (Ed. Mosaico. Homero núm. 425 1er. Piso, México 5, D. F.) ha publicado en sus primeros cuatro números (volúmenes breves de 90 páginas en promedio) 30 distintos textos. Es significativa la atención que Duende presta a ciertos narradores alemanes del siglo pasado (Erckmann Chatrian, Hoffman), eslavos (Gorki, Chejov, Blavatsky, Turguenev), latinos (Recquer Maupassant, Nodier, Bossi, Daudet), sajones (Sheridan Le Fanu, Allan Poe, Bierce, Hipkiss, Riddell, Stoker, Parry).

Pero la elección más atractiva de Duende es la hecha en favor del incomparable Arthur Machen. “Los niños felices” en el No. 2 y “Los seres blancos” en el No. 4. En este último cuento Arthur Machen emprende ejercicio de teología negativa. Más que exponer (“Brujería y santidad, son las dos únicas realidades. Cada una es un éxtasis, un retraimiento de la vida común”), el narrador se limita a demostrar por imágenes. “Los seres blancos” es una de esas pesadillas insólitas donde el horror es gozoso y sobreviene a plena luz del día. Otros cuentos notables: La poco difundida “Leyenda del hombre del cerebro de oro” de Alphonse Daudet en el No. 2 y “El cabalista Hans Weiland” de Erckmann Chatrian en el No. 4.

Las traducciones son algo descuidadas y están llenas de argentinismos e hispanismos.