Organo oficial de la Asociación Psiquiátrica Mexicana, A.C. Volumen 7, número 1. Enero-abril de 1977, 52 pp.

En octubre de 1977 apareció el número correspondiente a enero-abril de Psiquiatría, revista cuatrimestral de la Asociación Psiquiátrica Mexicana, que edita Ramón de la Fuente. El número da a conocer los materiales de un simposio titulado “Modelos de programas de psiquiatría comunitaria en México. Bases teóricas y doctrinarias.” Sin embargo, sólo una de las cinco colaboraciones del número contiene una verdadera aportación teórico a la psiquiatría comunitaria. Las demás son recuentos, entre anecdóticos y autoelogiosos, de diversas experiencias concretas.

La introducción presenta algunas definiciones útiles pero no desarrolla una línea general de pensamiento. El doctor Rafael Velasco Fernández ofrece a continuación su artículo: “Programa de psiquiatría comunitaria de la Dirección General de Salud Mental de la SSA”. Su propósito implícito parece ser, curiosamente justificar el fracaso de dicho programa. No deja de sorprender que un psiquiatra que en numerosas ocasiones ha descartado ciertas opciones alternativas al ejercicio tradicional de la psiquiatría (porque según él son políticas y no científicas) escriba ahora en una revista de proclamado contenido académico un artículo cuya tónica general es la autojustificación política centrada en el gastado expediente de las carencias presupuestarias.

Siguen dos colaboraciones que relatan otras tantas experiencias de psiquiatría comunitaria, una en Tlalpan y otra en Coahuila, pero los articulistas no desarrollan sus modelos respectivos de trabajo ni exponen las bases teóricas y doctrinarias de sus programas, por lo cual su inclusión en el simposio hace dudar del rigor académico con que se seleccionaron las colaboraciones.

El quinto trabajo es acaso el único que responde al título del simposio y estimula al lector a una reflexión sobre el tema. Escrito por Jose Cueli y Carlos Biro, el artículo “Psicocomunidad” plantea un modelo de trabajo que es una extrapolación del método psicoanalítico individual al estudio y transformación de fenómenos colectivos. Sobre una base teórica que podría discutirse pero que encierra un alto grado de coherencia, los autores analizan y narran diversas experiencias prácticos que de esta manera no quedan limitadas a la mera anécdota o al autoelogio, sino que adquieren sentido a la luz de la formulación explícito de una hipótesis de trabajo cuya validez se intenta probar o descartar. Por lo demás, el método propuesto (ampliamente desarrollado en el libro. Psicomunidad, publicado por Prentice Hall Internacional) es uno de los pocos aportes metodológicos originales no sólo a la psiquiatría comunitaria sino al trabajo de comunidad en general.

El último artículo describe el programa de psiquiatría y salud mental que el IMSS desarrolló durante el sexenio pasado. Esta colaboración presenta un modelo de trabajo psiquiátrico en comunidad, pero no aclara los fundamentos teóricos que llevaron a adoptar ése y no otro modelo.

En suma, el título de este número de la revista Psiquiatría es mejor que sus colaboraciones con la única excepción antes señalado; al terminar la lectura de los artículos queda la sensación de que en México no se han comprendido los alcances de la psiquiatría comunitaria; que se carece de desarrollos metodológicos y teóricos serios; que lo único emprendido hasta ahora ha sido un simple traslado de métodos tradicionales al ámbito comunitario; una psiquiatría en la comunidad, nunca una psiquiatría con la comunidad, la cual debiera proponerse entre otras cosas, la consideración de los orígenes sociales de la locura. En fin, con las obligadas excepciones del caso, la psiquiatría comunitaria practicada en México es sólo un intento -en apariencia innovador en esencia profundamente conservador- de preservar un poder psiquiátrico cuyos fundamentos mismos lo separan de cualquier opción verdaderamente comunitaria.