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Buenos Aires, Editorial Losada, 1975.

La ausencia de la crítica literaria italiana en nuestros catálogos y bibliotecas es lamentable no sólo porque su uso alimentaría jugosamente nuestro conocimiento de las letras italianas, sino también por las valiosas aproximaciones a la literatura europea debidas a algunos críticos de esta nacionalidad. Por ello es doblemente bienvenida la animada y erudita obra de Mario Praz, La literatura Inglesa De la Edad Media al iluminismo en irregular e italianizante traducción de Carlos Coldaroli (el título mismo es ya un ejemplo pone «iluminismo» donde debería aparecer Ilustración, Siglo de las Luces o, más llanamente, siglo XVIII). En 1969 la editorial Monteávila publicó una traducción de la obra más representativa de este crítico: La carne, la muerte y el diablo en la literatura romántica, obra también famosa bajo su título inglés, The Romantic Agony. Según Praz, la pasión por la muerte y por lo exótico era una pasión diferida por la carne. Armado de esta idea básica, hizo de la crítica y la erudición una gran fiesta literaria donde historia y autobiografía, testimonios mediatos e inmediatos concurrían a revelar el sentido de los textos estudiados. La crítica de Mario Praz es literaria en un doble sentido: por su objeto de estudio y porque sus comentarios, descripciones y asociaciones son también literatura, materia plástica, morosa, dúctil.

Nacido en Roma en 1896, Mario Praz llegó a Inglaterra en 1923. Ha publicado decenas de títulos entre los que sobresalen, aparte de la mencionada Agonía romántica, sus historias y crónicas de la literatura inglesa y anglosajona: Secentismo e Marinismo in Inghliterra (1925), Storia de la letteratura inglese (1934), Cronache litteraria anglosaxona Vol. I-II, (1955), Vol. III-IV (1966). Además ha traducido a Jane Austen, Harold Lamb, Walter Pater, George Moore, los Rossetti y es el editor de la nueva traducción al italiano de William Shakespeare.

En La literatura Inglesa. De la Edad Media al Iluminismo, tales cartas de presentación no se traducen en erudición inoportuna y farragosa (por lo que a información se refiere, véanse las 50 páginas de la bibliografía al final). Al contrario. El gran conocimiento que de la literatura inglesa tiene Praz le permite sintetizar en menos de una cuartilla los antecedentes y atmósferas de los que surge determinada obra. Las casi 400 páginas del libro se dividen en XVI capítulos entre los que sobresalen los dedicados o Chaucer (IV), Shakespeare y su época (del VII al X), Milton y los últimos cxatro dedicados al siglo XVIII. En las páginas dedicadas a Thomas Kyd y o Cristopher Marlowe, Praz reconstruye los antecedentes del drama anterior a Shakespeare, habla del exotimos y la truculencia características de las obras de esta época y desglosa su complejidad aludiendo a los diversos públicos a que una misma obra debía divertir. Además del espléndido y muy complejo ensayo sobre William Shakespeare, Praz dedica monografías ejemplares a autores más cercanos. Destaquemos las de Swift, Pope, Defoe y Boswell. Con la misma concisión aforística con que Sören Kierkegaard despachó al autor de Gulliver’s Travels («Swift pasó la vida imaginando un manicomio y al llegar la vejez ingresó o él»), Praz prende a Swift en tres líneas: «Quiso ver a las mujeres como bustos o como cabezas, pero no pudo ignorar la que había bajo la cintura. Eso le provocaba náuseas y vértigos y en consecuencia lo volvía cruel». De Daniel Defoe, Praz reproduce una anécdota reveladora: «Su afán de propaganda llegó a tal grado que habiendo escrito la biografía de un famoso delincuente, Jack Shepard (1724), el día de la ejecución capital se hizo firmar un ejemplar del libro por el mismo condenado delante de la multitud.» Otra caracterización digna de retenerse es la de Boswell y el doctor Johnson: «Es curioso que abunde en anécdotas aparentemente frívolas y de poca importancia, la biografía de quien sólo quería en el arte emociones selectas y generalizadas que elevaron al individuo a lo universal.» Praz recuerda en ese momento al Schwob de las Vidas Imaginarias: «El arte es apuesto a las ideas generales sólo describe lo original, sólo desea lo único. No clasifica, desclasifica.» La gran legibilidad de La literatura inglesa arranca de la fidelidad de Mario Praz a este postulado. El crítico guía, señala y establece compartimientos, ubica y descubre vetas. Conoce y describe la tradición y sus prolongaciones pero el también desclasifica y hace resaltar lo único. Mario Praz es un buen discípulo de Plutarco y con frecuencia pone en práctica un pasaje de la Vida de Alejandro: «…no siempre las virtudes y vicios de los hombres se aciertan a ver en sus empresas más ilustres. Muy a menudo un acto de poca importancia, una frase breve o una broma, iluminan la verdadera vida de una persona mejor que los grandes asedios o las más importantes batallas».