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Ed Grijalbo. México 1975. 372 pp.

La última novela de Gustavo Sáinz es de hecho Gazapo (1965) vuelta a escribir. Presenta la historia de un muchacho bueno que se desea hermano y cómplice de la noche. La ira permanente, la concentración vandálica, la maldad y la guerrilla interior se producen en audaces palizas montoneras dignas de cualquier varón que se respete. A fuerza de pregonarlo, el misterio se desvanece y la única manera que tiene el autor de introducir al lector en «la noche» es ponerle a un porro con vocación de pintor ideas de Georges Bataille en la cabeza. Los defectos son los mismos que hace diez años Sáinz señalara a la primera novela de Fuentes: párrafos discursivos, abuso intelectualoide del análisis una ficción desmedida por enumeraciones y explicaciones sobrantes.

Como la irrefutable originalidad de este autor poco creativo y de este escritor poco artista no reside en su manejo del lenguaje, el comentarista se ve obligada a evaluar el texto en función de coordenadas exteriores. No es por nada: el texto resulta pobre comparado con el intenso bombardeo que procedió su aparición. Entrevistas, conferencias, declaraciones, anuncios, recorridos promocionales alrededor del país, adelantos de la novela aquí y allá fueron tareas asumidas como parte medular en el trabajo del escritor. Con todo el profesionalismo desplegado por Sáinz como promotor, editor y publicista de su cuarta novela decae cuando se leen frases como: «Y empezamos a desabrocharnos los pantalones enloquecidos y turbulentos». Se trata de una novela ambiciosa escrita para serlo todo y que, acaso por eso mismo, no es plenamente nada: novela erótica y de romances, nueva picaresca e indagación en lo más profundo (léase «vergonzoso») del hombre, descripción de una ciudad y reflexión sobre la palabra, novela lírica, elegía, fresco social. Apenas se salvan los diálogos albureros y los duelos con malas palabras aunque no sean de lo mejor en la literatura mexicana. Pero en Compadre lobo se salva sobre todo lo que no es la novela: la eficiencia de una campaña mercadotécnica (posible por la escasez y la baja calidad de la oferta narrativa) que le queda grande al texto. Compadre lobo puede ser también leído como una paráfrasis de novelas anteriores. Un texto depredador: empleo los descubrimientos de la novela de la Onda sin añadir nada nuevo. Es el resultado de creer en una poesía de las cosas por sí mismas que no precisa trabajo verbal.