Destino. El novelista húngaro Imre Kertész (1929-2016), sobreviviente de Auschwitz que obtuvo el Nobel en 2001, escribió en Diario de la galera: “El viejo estaba ante el secreter”. Esto ya parece definitivo. No sé como me las arreglaré para salir de ahí. Pero mi decisión —respecto a la novela— es tan firme que se me antoja como una orden externa; me independiza por completo de todas las mezquinas angustias, fragilidades e inseguridades que soy yo. Mi relación con el mundo es exclusivamente de carácter subjetivo y ético. De ahí extraigo mi pasión, que me llena de un deseo insaciable de nombrar. No quiero contemplar el mundo racionalmente para que me devuelva la mirada racional; no quiero ningún equilibrio. Quiero existencia, oposición, destino, pero el mío, aquel que no comparto con nadie y que no está emparentado con nada. Quiero puentes arrasados y la sensación que me domina desde hace días como un estado de ánimo: “no hay vuelta atrás”. (Acantilado, 2004.)

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Niños. Cuando logramos trepar la cuesta de estacas/ nos quedaban a la altura de los ojos las puntas blancas/ de los postes de telégrafos y los cables, cuántos cables,// chisporroteando como una hermosa mano al aire,/ se curvaban al este y al oeste, lejos, lejos/ combándose bajo su carga de golondrinas.// Éramos pequeños/ y creíamos no saber nada/ que valiera la pena. Las palabras, según creíamos viajaban/ por los cables en las brillantes bolsas de gotas de lluvia.// Cada una preñada de la luz del cielo,/ el brillo de las líneas, y nosotros/ hechos a tan infinitesimal escala// que podíamos pasar por el ojo de una aguja. (Seamus Heaney, “Los niños de la vía del tren”, en Obra reunida, traducción e introducción de Pura López Colomé, Trilce Ediciones/Conaculta/Universidad Autónoma de Nuevo León, 2015.)

 

Granada. Ordenando libros, labor interminable, se me ocurre abrir uno que nunca leí: Sin novedad en el frente de Erich Maria Remarque, el gran clásico sobre la Primera Guerra Mundial, subrayado por alguno de mis hijos. Ahí descubrí estas líneas, que me remitieron a la violencia que nos imponen ahora el fanatismo y el terrorismo: “Las detonaciones de las granadas de mano son como un estimulante para nuestros brazos y nuestras piernas; nos curvamos a ras de tierra, como gatos, sumergidos en esa ola que nos lleva en sus lomos, que nos hace crueles, salteadores de caminos, asesinos, demonios, si se quiere; en esa onda que multiplica nuestro vigor con el miedo, con la rabia, con la sed de vivir; que nos busca y nos conquista la salvación. ¡Y aunque tu mismo padre viniera con los de allá, no titubearías en lanzarle al pecho tu granada! (Traducción de Eduardo Foertsch y Benjamín Jarnés, Editorial España.)

 

Lezama Lima. Paradiso cumple 50 años de publicación. El crítico de arte Luis Cardoza y Aragón definió a su autor, el escritor cubano José Lezama Lima, con estas palabras: “Niágara de manteca lleno de luciérnagas, goloso con la conversación y con el tenedor, que no podía anudarse los zapatos, impedido por el vientre, escribió el español más ágil y más súbito de hoy”. (Luis Cardoza y Aragón, Brújula de maravillas, selección y prólogo Alberto Enríquez Perea, El Colegio de México, 2016.)

 

Barrendero. “El barrendero de Chesham Bois, donde vivíamos en el campo, un viejo fornido con una cabeza encarnada y redonda y una coronilla de pelo blanco, parecía un apóstol recién pintado. […] Manejaba su escoba con parsimonia, como si tuviera mucho tiempo, se apoyaba en ella cuando hacía una pausa y entonces miraba pensativo al suelo. Fijaba la atención en todo el que pasaba por su camino. […] Tenía una manera lenta de mirar, y no se avergonzaba de dejar descansar la mirada largo tiempo sobre alguien. […] En una ocasión me dijo directamente: ‘sé que usted lee y hay algo que no entiendo’, y empezó con sus preguntas. Muchas eran tan perspicaces que no supe contestarlas. Fue la conversación más clara de todas las que había mantenido en ese lugar, en que llevaba viviendo unos años. La continuamos, siempre que yo pasaba por allí el barrendero me saludaba de la manera más cordial. La conversación seguía como si en el intervalo hubiéramos reflexionado sobre lo anterior y ambos deseáramos completarlo. […] A lo largo de los años conocí a muchas personas del lugar. El barrendero era el único a quien yo quería de todo corazón. Un día, cuando ya se conocía lo más espantoso, con detalles incluso, y de forma incuestionable, dio dos pasos hacia mí, lo que nunca antes había hecho, y dijo: ‘Siento lo que está sucediendo a su gente’; ‘your people’, dijo y añadió: ‘También es mi gente’. (Vivía solo en una cabaña, muy cerca de nosotros. Nunca estaba enfermo. Cuando no apareció dos días consecutivos, supe lo que había pasado. Sólo he sentido tanta tristeza por cuatro o cinco personas.)” (Elias Canetti, Fiesta bajo las bombas. Los años ingleses, ed. de Kristian Wachinger, traducción de Genoveva Dieterich, Galaxia Gutenberg, 2005.)

 

Máquinas. “Somos puras máquinas, sentimientos, pasiones, gustos, talentos, maneras de pensar, de hablar o de andar, todo nos viene yo no sé cómo. Todo es como las ideas que tenemos en los sueños: nos vienen sin que hagamos nada de nuestra parte”: Voltaire (A Mme. de Deffand, 21 de marzo de 1764). El filósofo español Fernando Savater dedica nuevamente su prosa a Voltaire. “Máquinas” forma parte de Voltaire contra los fanáticos, que incluye un diccionario que Savater elaboró seleccionando y traduciendo textos de cuadernos de apuntes y correspondencia del filósofo francés. (Ariel, 2015.)

 

Cucurucho. Cuenta Fernando del Paso sobre su estancia en Londres: “Tal vez, o casi seguro, si yo hubiera dejado México cuando niño, me habría adaptado a un país extranjero o ese país me hubiera adoptado. Lo habría llegado a amar y a hacerlo mío. Pero, por desgracia y por fortuna, llegué a Inglaterra demasiado tarde para eso. Llegué, además, casado con una mexicana y a medida que pasaban los meses y los años me di cuenta de que si no nos era posible amar a la patria como tal, como a una entidad abstracta, no era posible, por otra parte, dejar de amar todas esas cosas que, por la distancia y lo inaccesibles, de pronto comenzaban a adquirir un nuevo contorno, otro peso distinto, otra fragancia: Porque cuando a todas ellas las tiene uno juntas, al alcance de la mano, cuando se las halla por todas partes, están a veces de más nada más que por su demasía. Uno sólo las halla, las echa de menos, cuando no están con uno. Entonces un amanecer en el trópico, un son de arpa jarocho y hasta una palabra no dicha o escuchada en mucho tiempo, como cucurucho, adquieren, por la sola magia de su ausencia, un brillo que nunca antes habían tenido”. (“Mi patria chica, mi patria grande”, Amo y señor de mis palabras. Artículos, discursos y otros textos sobre literatura, Tusquets, 2015.)

 

Zenda. Es la nueva web literaria, impulsada por los escritores españoles Arturo Pérez Reverte y Javier Marías que está disponible para los usuarios desde el pasado mes de abril: “La idea surgió en una charla entre varios escritores amigos. En un tiempo en el que la cultura y los libros atraviesan momentos difíciles, ¿por qué no crear un lugar nuestro, libre, independiente, donde reunirnos como si se tratase de un espacio público, cada cual con sus libros, sus comentarios o lo que esté en condiciones de aportar, unido todo eso a reseñas de libros interesantes, lecturas felices, columnas de opinión, blogs, recomendaciones, noticias y entrevistas? ¿Sería posible crear una especie de lugar o plaza común, de legión extranjera donde a nadie se le preguntara sino por libros y literatura, sin buenos ni malos, sin etiquetas ni ideologías? ¿Un lugar desde el que, incluso, orientar a los lectores hacia las revistas de libros y los suplementos culturales de los principales diarios españoles y americanos? ¿Un sitio donde lectores, periodistas, editores, escritores, agentes literarios, autores noveles, libreros y todos los interesados en el mundo de la literatura hispanoamericana se encontrasen cómodos y se relacionaran unos con otros?”. Hay que visitar el sitio. La dirección: www.zendalibros.com

 

Versos. “Antes de sacarse los versos del alma, hay que sacarse el alma del culo”: José Lezama Lima.

 

Silencio. Nueve escritoras mexicanas contribuyeron con sus relatos para el libro El silencio de los cuerpos. Relatos sobre feminicidos: Orfa Alarcón, Raquel Castro, Gabriela Damián Miravete, Iris García Cuevas, Susana Iglesias, Abril Posas, Ivonne Reyes Chiquete, Cristina Rivera Garza y Tania Tagle. En el prólogo, Sergio González Rodríguez escribe: “En su riqueza y diversidad, los relatos de El silencio de los cuerpos confluyen en un punto: cada uno de ellos va más allá del recuento de la situación y acciones implicadas para proponer un modo específico de entendimiento del feminicidio. Así, surgen las circunstancias, el entorno, la interioridad mental, la urdimbre negativa que entrañan los crímenes misóginos, o su simple asedio, las fuerzas evidentes y las tensiones sutiles que desatan la agresión, casi siempre masculina, pero que suele habitar a su vez en las mujeres contra las mujeres”. (Ediciones B, 2015.)

 

Prescindible. En un tête a tête entre Jaime Salinas y Juan Cruz, ambos editores de Alfaguara en diferentes periodos, Salinas cuenta sobre García Márquez: “Cuando estaba trabajando en Alianza, me llamó Carmen Balcells y me dijo que iba a llegar a Madrid un escritor prácticamente desconocido en España. Me pidió que fuera a buscarlo al aeropuerto y le buscara un hotel. […] El tiempo que pasaron aquí García Márquez, su mujer y los niños estuvieron bastante en mi casa y nos hicimos amigos. Yo me sentía cómodo con ellos y ellos aparentemente también. Después, cuando ya se conviritió en un personaje público, empezó a dosificar sus relaciones con los demás. […] Yo hice un viaje para asistir a una cena que Carmen había organizado en su honor. Al entrar en el restaurante vi a Gabo con una sonrisa que pensé iba dirigida a mí. A medida que me iba acercando, me adelantó otra persona, un periodista, que era el destinatario de su sonrisa. Cuando yo llegué a él me saludó correctamente. No era lo que yo esperaba de una pesona a la que tenía y sigo teniendo afecto y gran admiración. Inquiere Cruz: ¿Qué sentimiento te produjo? Salinas: Tristeza. Cruz: ¿Cuándo acaba la gratitud del escritor? Salinas: Cuando no te necesita. (Jaime Salinas, El oficio de editor. Una conversación con Juan Cruz, Alfaguara.)

 

Aburrimiento. Byung-Chul-Han es uno de los filósofos contemporáneos más importantes. Alemán, de origen coreano, su libro más reciente es La sociedad del cansancio en donde expone su tesis sobre la importancia del aburrimiento: “Los logros culturales de la humanidad, a los que pertenece la filosofía, se deben a una atención profunda y contemplativa. La cultura requiere un entorno en el que sea posible una atención profunda. Ésta es reemplazada progresivamente por una forma de atención por completo distinta, la hiperatención. Esta atención dispersa se caracteriza por un acelerado cambio de foco entre diferentes tareas, fuentes de información y procesos. Dada además su escasa tolerancia al hastío, tampoco admite aquel aburrimiento profundo que sería de cierta importancia para un proceso creativo. Walter Benjamin llama al aburrimiento profundo ‘el pájaro de sueño que incuba el huevo de la experiencia’. Según él, si el sueño constituye el punto máximo de la relajación corporal, el aburrimiento profundo corresponde al punto álgido de la relajación espiritual. La pura agitación no genera nada nuevo. Reproduce y acelera lo ya existente. Benjamin lamenta que estos nidos del tiempo y el sosiego del pájaro de sueño desaparezcan progresivamente. Ya no se ‘teje ni se hila’ ”. (Herder, 2015.)

 

Frutas. En Antes de la conquista. Anécdotas, sucesos y relatos, el historiador José Antonio Crespo nos informa lo que decían de nuestras frutas los descubridores de América: “Sobre las piñas decía fray Tomás de la Torre: ‘Aunque todos los españoles e indios la loan y precian, nosostros no la pudimos meter en la boca porque su olor y sabor nos pareció de melones pasados de maduros y asados al sol […]’. Y sobre las guayabas, también desconocidas en el viejo mundo, decía: ‘son verdes que tiran a amarillas, son como duraznos, llenas dentro de granillos que se tragan sin quebrar, y aunque es buena fruta en las islas especialmente, a los que vienen de Castilla les hiede a chinches y les parece abominable comerlas’ ”. (Trilogía, 2015.)

 

Minase. En la solapa de Poema a tres voces de Minase. Renga se lee: “En el siglo XV, en el ocaso de un día de primavera, tres grandes poetas se reunieron el santuario de Minase para celebrar una de las más bellas y viejas ceremonias de las que el mundo tiene memoria: la escritura de un poema colectivo que, con los años, se convertiría en una de las mayores obras literarias de la historia del Extremo Oriente. Y que hoy, por primera vez, es traducida a nuestra lengua”. El libro, que edita Sexto Piso, es un poema de principio a fin. Transcribo una parte de él, donde se aprecia la conjunción de las tres voces de los poetas japoneses. “Sôgi: Tan distante: ¿quién ha de ser/ dueño de un corazón así? Shôhauku: Desde hace mucho tiempo/ hay tan sólo decepción/ en el camino del amor. Sôchô: Cuando olvidar parece imposible/ incluso el mundo se vuelve destestable”.

 

Talento. En tan sólo tres líneas de Manhattan Transfer, John Dos Passos describe así el dolor visceral: “Había empezado a bajar, con una caída brusca de montaña rusa, al abismo estremecedor de la angustia”.

 

Delia Juárez G.
Autora del libro Gajes del oficio. La pasión de escribir, coordinadora de las antologías colectivas Y sin embargo yo te amaba. 12 autores interpretan a José José, Mudanzas, Anuncios clasificados y compiladora del volumen Así escribo.