El pintor Henri de Toulouse-Lautrec (1864-1901) realizaba su labor creativa por las noches, dibujando en los cabarets o montando su caballete en los burdeles. Los retratos resultantes de la vida nocturna parisiense de fin de siècle le ganaron un nombre, pero el estilo de vida de los cabarets resultó desastroso para su salud: Toulouse-Lautrec bebía constantemente y apenas dormía. Tras una larga noche de dibujo y borrachera, se levantaba temprano para imprimir litografías, luego se iba a un café para almorzar, y de paso beber generosas cantidades de vino. De regreso a su estudio, echaba una siesta para contrarrestar los efectos del vino, luego pintaba hasta la caída de la tarde, cuando llegaba la hora del aperitivo. Si tenía visita, Toulouse-Lautrec preparaba orgullosamente unas cuantas rondas de sus infames cocteles; el artista estaba deslumbrado con la coctelería americana, que aún era novedad en Francia por entonces, y le gustaba inventar sus propios menjunjes, buscando no la complementariedad de los sabores sino la intensidad de los colores y una potencia extrema. (Una de sus invenciones era el Rubor de Doncella, una combinación de ajenjo, mandarina, licor amargo, vino tinto y champaña. Buscaba la sensación, decía, de “una cola de pavorreal en la boca”.) A esto seguía la cena, más vino, y otra noche de juerga etílica. “Espero haberme quemado antes de los cuarenta”, dijo Toulouse-Lautrec a un conocido. En realidad, sólo llegó a los treinta y seis.

 

Fuente: Mason Currey, Rituales cotidianos. Cómo trabajan los artistas, Turner, España, 2014. [Con las gracias a Kathya Millares.]

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3 comentarios en “Quemarse antes de los cuarenta

  1. Era común que los artistas tomasen Ajenjo…se cree que producía alucinaciones.. por ello los impresionistas pintaban de manera colorida..
    Será cierto?