Venezuela y la condena de Leopoldo López

Leopoldo López separó a la oposición. En 2014 el dirigente del partido opositor Voluntad Popular promovió “La Salida”, un conjunto de medidas y acciones de calle para sacar del poder al presidente de Venezuela Nicolás Maduro. El punto de inflexión se dio el 12 de febrero, cuando una manifestación derivó en enfrentamientos violentos entre grupos del gobierno y de oposición y un saldo de tres muertos y decenas de heridos y detenidos. Las protestas se alargaron por tres meses, según el Gobierno, con un total de 43 muertos y 1000 heridos, y la fractura en la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) —agrupación de los partidos de oposición— se notó en su seno y en la gente. La división dejó a un lado a los salidistas, liderados por López, la exdiputada María Corina Machado y el exalcalde metropolitano de Caracas Antonio Ledezma; y del otro a los que apostaban por el diálogo con el gobierno y las denuncias institucionales, con el excandidato presidencial Henrique Capriles Radonski a la cabeza.

ruptura

Según la justicia venezolana, el político es autor intelectual de las muertes y daños del 12 de febrero de 2014 en Caracas. Fue declarado culpable de instigación pública, daños a la propiedad, incendio intencional y asociación para delinquir. La sentencia es de 13 años y 9 meses de prisión. La cumplirá en Ramo Verde, una cárcel militar en la que López lleva recluido desde el 18 de febrero de 2014, cuando se entregó a la espera de un juicio que se ha demorado 18 meses.

Un año y medio donde la esposa de López, Lilian Tintori y sus padres han hecho giras internacionales, charlas, declaraciones, peticiones ante organismos internacionales, denuncias para llegar a un final que no pocos esperaban.  Las especulaciones daban de 13 a 20 años de cárcel a López. Los más optimistas tres con una parte de la condena con “casa por cárcel”, un modo de mantenerlo alejado de la política pero que daba cancha al Gobierno de Maduro ante la opinión internacional. Cuenta Daniel Pardo, periodista para BBC Mundo, que cuando habló Tintori frente a los seguidores del dirigente después de conocer la sentencia, una señora dijo “¿Y qué hacemos ahora?”. Y nadie contestó.

La respuesta llegó al día siguiente: “calle y voto”. En la plaza José Martí de Chacao, en el mismo lugar donde se entregó López, pero sin ni siquiera una décima parte de la gente que se congregó entonces, Tintori leyó un mensaje de su esposo “con nuevas acciones y razones para seguir en la lucha democrática, pacífica y constitucional”. Llamó a tomar las calles el 19 de septiembre “en paz y en democracia bajo estricta disciplina no violenta, vestidos de blanco”, con todos los partidos y líderes que conforman la Mesa de la Unidad juntos, como un primer paso hacía las elecciones parlamentarias del 6 de diciembre. Será ese día cuando se le tome un nuevo pulso a la unión de la oposición y a su poder de convocatoria en torno a la figura de Leopoldo López y al objetivo común de ganar su liberación por la vía de las urnas.

Un nuevo escenario

Según todas las encuestas la oposición aventaja en 20 puntos al Gobierno en intención de voto. Esta situación no se daba desde 2003, a un año del referéndum revocatorio. En ese entonces, el presidente Hugo Chávez logró dar la vuelta a los números con el lanzamiento de las Misiones. Estos programas de ayuda social empezaron con la Misión Alimentación, que a través de mercados estatales proveía de alimentos básicos a precios regulados, y Misión Sucre, Robinson y Ribas, que daban una beca de ayuda a estudios de distintos niveles. El propio Chávez reconoció en una ocasión que las misiones fueron ideadas para mejorar en las encuestas. Desde 2003 se han lanzado más de 40, la mayoría aglutinadas en periodos preelectorales.

Pero el panorama socio-económico de Venezuela en 2015 dista mucho de aquel de 2003. El barril de petróleo, que entonces empezaba a tener buenos números —hasta mantenerse en los USD 100 por barril—, difícilmente llega ahora a los 50 dólares desde que en 2014 comenzara su caída estrepitosa. La economía, dependiente del crudo y de las importaciones, se ha ido restringiendo a medida que disminuye el flujo de dólares en un país con control de divisas, que impide a los venezolanos —particulares y empresas— tener libre disposición de moneda extranjera. Al cóctel hay que añadir la inflación, de la que no se conocen cifras oficiales pero que el Bank Of América estima en 125% y la escasez, de la que tampoco hay cifras. Ninguna, inflación y escasez, necesita de números para los venezolanos, que las notan cuando van a hacer mercado de semana en semana.

Con menos dólares y recursos, el Gobierno no tiene la misma liquidez para hacer nuevas misiones y cumplir con las que ya hay en marcha. Tampoco tiene la misma capacidad para dar insumos, como ocurre con el programa “Mi casa bien equipada”, en la que se subvenciona la adquisición de línea blanca del hogar. Y algo más importante: no está Chávez. Y la valoración de Nicolás Maduro en su mejor cifra no llega al 24%. También, por primera vez en 16 años, en la mayoría de las encuestas no sólo la oposición sale con ventaja, sino que se cree que ganará las elecciones.

Aún así, no todo el viento sopla a favor de la oposición. Uno de los obstáculos que tendrá el 6 de diciembre para ganar es lo que se conoce como “la maquinaria roja”, que no es sino la capacidad del chavismo para mover gente y recursos en los días electorales y que va desde llamar a casa para saber si votaste y, si no, mandar una moto para que puedas acudir al centro de votación, a movilizar coches de organismos públicos para repartir afiches políticos del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV, partido del Gobierno). Una fuerza que la oposición no tiene ni siquiera para cubrir con testigos todas las mesas electorales del país para cuidar que no haya irregularidades.

Pero ya antes del 6 de diciembre, parte con otra desventaja. La hegemonía comunicacional (https://www.nexos.com.mx/?p=24560), con medios comprados, silenciados o auto-censurados, complica que el mensaje de la MUD llegue a todos los rincones del país. Deberá mostrar músculo a pie de calle y a nivel de barrio, romper el discurso del Gobierno que los muestra como incapaces, como un vestigio de la de la llamada “Cuarta República”, el periodo anterior a Chávez.

Un año y medio después, la encarcelación de Leopoldo López puede volver a unir a la oposición. Habrá que esperar unos meses para saber si ésta es capaz de hacer un bloque y convencer a los descontentos de que son mejor opción que quienes están en el poder desde hace 16 años.

 

Alicia Hernández
Periodista.

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Publicado en: Sólo en línea