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Presentamos un relato incluido en La memoria de las cosas (Sexto Piso). “Concebido como un epígono de los antiguos gabinetes de curiosidades, el primer libro de cuentos de Gabriela Jauregui descubre, como lo hacían antes los cuartos de maravillas, un universo fantástico.”


Un perro a sus pies. Un perro al pie. No del cañón sino de la tumba. Es decir, en la tumba, el perro está a sus pies. Como símbolo de fidelidad. Ella: una doncella medieval. Dormida. Manos piadosas descansan juntas como si rezara mientras duerme. Como si durmiera mientras está muerta. Ella, fiel como un perro. Fiel a la iglesia, o a su marido, o a sus padres. Y su perro fiel, al pie. El meollo del asunto está allí, en la boca del perro: se deshace un nudo.

El mundo es un nudo en movimiento. La palabra mundo también contiene la palabra nudo. El movimiento de este nudo se traduce hasta la muerte. Aquí: el perro desata los cordones de los zapatos de la doncella. ¿El perro juega? O tal vez la fidelidad está en juego. Cómo es que toda esa solemnidad puede deshacerse así de fácil. Cuando el nudo se mueve también existe la posibilidad de que se deshaga. ¿Y si alguien más lo deshace? El destino.

El perro es presencia material y semiótica. Toda la tumba, tallada en yeso, es superficie porosa. Y sin embargo sobrevive. El perro es el alma juguetona de la damisela. Su cómplice. O las agujetas son el alma y el perro las jala a otro mundo. O las cintas son el mundo, el perro lo quiere deshilvanar. Es como el alma que se deshace del mundo al morir.

La tumba no es de mármol. ¿Será de una monja y no de una doncella? El material habla. Pero lo que es más contundente es el perro. Las cintas deshechas. Agujetas flotando al más allá. ¿Qué mensaje nos envía esta tumba? Argumentos mordisqueados. Nos entrenamos en el arte de la conversación.

Aquí el perro con su agujeta es metaplasia pura. Metaplasia es un cambio de tejido. A veces puede implicar una regresión en la maduración de las células hacia otras; o la inclusión de materia inerte en las mismas. Como pigmentos en el yeso. La palabra viene del griego moldear, plassein. Y remodelar se relaciona también con el término metaplasmia que en retórica es la alteración de una palabra. Como nudo y mundo. Un tropiezo que hace la diferencia. La agujeta se deshace: posibilidad de tropiezo. Un tropo. Un tropiezo que justamente deshace la diferencia entre el perro y su dueña. Este perro es civilización pura. Su entrenamiento revela la evolución humana. Esta conversación es una calle de doble sentido. Para que alguien sea compañero necesita de alguien más. El perro de yeso somos nosotros.

Gabriela Jauregui
Es autora del poemario Controlled Decay y coautora de Taller de taquimecanografía.

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Un comentario en “El perro y la agujeta