Uno de los novelistas norteamericanos que en las últimas décadas mostraron mayor atención e interés por el pasado de su país y lo convirtieron reiteradamente en materia de sus libros fue Edgar Lawrence Doctorow. Precisamente un edificio —la casa que habitaba en la pequeña ciudad neoyorquina de Nueva Rochelle, en Broadview Avenue— le brindó la inspiración para redactar la más famosa de sus novelas: Ragtime.

Una mañana de mayo de 1972, en busca de un asunto sobre el cual escribir, ensayó como mero ejercicio la descripción del muro del cuarto en el que escribía. De pronto recordó que la casa en que vivía había sido construida en 1906. Comenzó a pensar en la época y a tratar de imaginar cómo se vería Broadview Avenue en aquel entonces.

“Los tranvías bajaban por la avenida hacia el fondo de la colina; la gente vestía de blanco en el verano para mantenerse fresca. Theodore Roosevelt era presidente. Una cosa llevó a la otra”, según le contó a George Plimpton.1 A partir de esas imágenes y datos generó un fresco extraordinario.

La arquitectura es un testimonio del pasado tan visible y palpable que solemos terminar por ignorarlo. Pero para el novelista una edificación es potencialmente una máquina del tiempo.

 “Una noche —le dice E. L. Doctorow a Richard Marranca—2 miraba hacia el sur de Manhattan por la ventana de mi oficina. Era una noche llena de niebla. Cuando descendió, borró el World Trade Center. Bajo más y borró el edificio Woolworth. Conforme bajaba, engullía los rascacielos de los años setenta y sesenta. Ocultó también los de la década de 1950, y al bajar aún más cubrió incluso los de los años veinte. Era como una especie de excavación arqueológica al revés. La niebla bajó tanto que lo único que podía ver eran los edificios de cinco o seis pisos construidos en el siglo XIX. Me di cuenta de que gran parte del siglo pasado todavía está aquí, pese a que se supone que Nueva York se destruye y se levanta cada 15 o 20 años. Me conmovió mucho ver eso. Esa imagen me llevó a escribir Waterworks” [una novela cuya acción se sitúa en 1871].

Así funciona la mente.

Para Doctorow la memoria es la musa, el punto de partida de toda narrativa. El pasado es un país que podemos recorrer sin acabar de conocerlo jamás. Un país que nos invita a describir su paisaje con minuciosidad, a documentar con detalle las costumbres de su gente, a investigar con la mayor puntualidad fechas, hechos, pero también a fantasear. Visitar el pasado permite imaginar cosas que tal vez ocurrieron o tal vez no. Al cabo, escribir sobre el pasado es inventarlo.

El ensayo al que intentan servir de preámbulo estas divagaciones es particularmente interesante porque Doctorow muy rara vez se animó a la autobiografía. Sabía que cada vez que lo hacía se convertía en su propio personaje y el describirse a sí mismo le producía un dejo de extrañeza. Sabía también que cuando la gente habla de su infancia en realidad no habla de su infancia sino de sus ideas y, por supuesto, tenía razón, porque ¿cuántas cosas de nuestra niñez recordamos de manera exacta?, ¿cuántas soñamos?, ¿cuántas queremos creer que ocurrieron como creemos?

Se permitió escribir sobre su infancia y su juventud no por nostalgia ni por melancolía sino para tratar de explicarnos cuál fue su formación como escritor. El personaje que nos entrega es el de un muchachito embelesado por el poder de la palabra. Desde niño se vio encantado no sólo por lo que la palabra dice sino por la manera en que lo dice. Leía asumiendo un doble papel: era el Capitán Sangre, pero también quería ser el autor del Capitán Sangre. Desde niño supo lo que Roland Barthes y Jorge Luis Borges, entre otros, han dicho de distinta manera: leer es escribir.

 

Rafael Vargas
Poeta y traductor.


1 George Plimpton, entrevista con E. L. Doctorow (El arte de la narrativa, núm. 94), París Review, núm. 101, invierno de 1986.

2 Marranca, Richard, “Findinga Historical Line: An Interview with E.L. Doctorow”, Literary Review, vol. 39, núm. 3, marzo de 1996.

 

Un comentario en “E. L. Doctorow (1931-2015)
Leer es escribir

  1. Es cierto LEER ES ESCRIBIR, MÁS LOS QUE SOÑAMOS EN SALIR DE UNA POBREZA CULTURAL Y DE PREPARACIÓN A MUCHOS CIUDADANOS MUJERES Y HOMBRES NOS CUESTA TRABAJO PORQUE NO TENEMOS LOS MEDIOS PARA HACERLO, POR ESO NUESTRA SOCIEDAD SUEÑA CADA VEZ MÁS QUE ALGUN DÍA SALDREMOS DE LA POBREZA EN TODO. FELICIDADES POR EL ARTÍCULO ME ACLARÓ MUCHAS DUDAS.