A quien nos lee,
si quieres apoyar nuestro trabajo te invitamos a suscribirte a la edición impresa.

SUSCRÍBETE

El plagio, que en la actualidad se ha convertido en todo el mundo como la industria ilícita extraordinariamente productiva, también se practicaba con cierta frecuencia en México en esas épocas de acomodamiento social derivado del fin de la guerra.

Hoy vemos que los plagiarios piden los millones de pesos o dólares, según el lugar donde ocurre el atentado, pero en Tacubaya ocurrió un caso distinto; se trata del plagio de Manuel Mangino.

Ocurrió que un señor llamado Emilio Reynoso, que pasaba por una situación económicamente difícil, tenía necesidad de 1,000 pesos y estaba dispuesto a conseguirlos en cualquier forma posible, lícita o ilícitamente. Después de mucho pensar, discurrió apoderarse de su sobrino, hijo de su hermana, Manuel Mangino que apenas contaba con 4 años de edad.

Efectuado el robo del infante, pidió, con las artes misteriosas que acostumbran los plagiarios, un rescate de 1,000 pesos. Los afligidos padres pagaron el rescate pero también descubrieron al plagiario; aprehendido éste fue juzgado y sentenciado a muerte. Con gran expectación de los vecinos de la pacífica población de Tacubaya, fue fusilado el 13 de mayo de 1871.

El Gobierno Federal, impresionado por la cantidad de asaltos y plagios que había en varias partes del país, promulgó un decreto cinco días después del fusilamiento de Reynoso; en dicho decreto se ordenó la suspensión de garantías para los salteadores y plagiarios, a quienes se les aplicaría la pena de muerte; si eran aprehendidos, el jefe de las fuerzas que hubiese efectuado la captura levantaría un acta, se identificaría al o a los detenidos, se remitiría el acta a la autoridad a la que, en su caso, correspondiera otorgar el indulto y, denegado éste, se pasaría por las armas a los reos. En caso de no haber sido sorprendidos infraganti, se les seguiría un proceso sumarísimo que duraría tres días, en cuyo término se pronunciaría la sentencia; la causa se remitiría a la autoridad a quien pudiera corresponder el otorgamiento del indulto; denegado éste se procedería a la ejecución.

Fuente: Antonio Fernández del Castillo, Tacubaya. Historia, leyendas y personajes, Editorial Porrúa, México, 1991.

03-plagio