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La Cuba Libre sin limón es tan sólo Ron y Coca-Cola, un nombre hecho famoso por una canción de la Segunda Guerra Mundial que interpretaban las Andrew Sisters. Pasó diez semanas como la No.1 del Billboard, y veinte semanas en las Top 30. Historia simple, ¿no? Pues no.

Hay que ir más atrás, a las primeras etapas de la guerra, a septiembre de 1940. Inglaterra era la única nación que peleaba a solas contra Hitler y los poderes del Eje. Churchill solicitó la ayuda de Estados Unidos, pero lo mejor que Roosevelt pudo ofrecer fue cincuenta tanques viejos. A cambio, Inglaterra garantizó parcelas escogidas de tierra libres de renta durante noventa y nueve años en el territorio británico para poner bases militares estadunidenses. Lo que eso significó para la economía y la cultura locales fue, parafraseando el lamento inglés de 1944, que tenían demasiado servicio estadunidense sobrepagado, sobresexuado, y aquí abajo.

En 1943, Morey Amsterdam (Buddy Sorrell en El show de Dick Van Dyke) fue a Trinidad en un gira de entretenimiento con la USO (siglas para United Service Organization). Oyó casualmente una canción local llamada “L’Année Passée”. Amsterdam ya había visto a muchos Yanks conviviendo con las muchachas locales, bebiendo tragos de ron acompañados de Coca-Cola. Así que escribió una canción a ritmo de calipso, tomando la melodía de “L’Année Passée”. Las Andrew Sisters la grabaron, fue un exitazo, y Ams-terdam comenzó a nadar en dinero. La canción vendió siete millones de copias, superada tan sólo por “Blanca Navidad” de Bing Crosby y el “Tennessee Waltz” de Patti Page.

Cuando el autor de “L’Année Passée”, Lionel Belasco, y su compañía disquera lo descubrieron, demandaron por violación de derechos autorales. Amsterdam alegó que era una canción popular de dominio público. Belasco declaró que los derechos de autor debían extenderse a las canciones populares. Para no hacer el cuento largo, en 1947 un juez de la corte federal de Estados Unidos dictó sentencia contra Amsterdam, a quien se le ordenó entregar a Belasco las futuras regalías por la venta de la canción. Es de preguntarse si Amsterdam se metió a un bar luego del veredicto; ya ahí es probable que rechazara una Cuba Libre y optara mejor por un whiskey derecho.

Fuente: Philip Greene, To Have and Have Another. A Hemingway Cocktail Companion, A Perigee Book, NY, 2012.

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