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En Francia, según Le Grand d’Aussy (La vie privée des Francais, 1782), al ser la cerveza bebida de pobres, su consumo aumentaba en las épocas difíciles; a la inversa, la prosperidad económica transformaba a los bebedores de cerveza en bebedores de vino. Siguen algunos ejemplos tomados del pasado, y añade: “Nosotros mismos hemos visto cómo los desastres de la Guerra de los Siete Años (1756-1763) producían efectos semejantes. Ciudades donde hasta entonces sólo se bebía vino, empezaron a consumir cerveza, y yo mismo sé de casos semejantes en Champaña, donde en un solo año se instalaron cuatro cervecerías en una misma ciudad”.

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No obstante, entre 1750 y 1780 (la contradicción sólo es aparente, ya que a largo plazo este periodo es económicamente próspero), la cerveza va a ser objeto en París de una larga crisis. El número de cerveceros pasa de 75 a 23, la producción de 75 mil muids (un muid=286 litros) a 26 mil. Los cerveceros se veían forzados, todos los años, a interesarse por cosechas de manzanas para intentar compensar con la sidra lo que perdían con la cerveza. Desde este punto de vista, la situación no había mejorado en vísperas de la Revolución; el vino continuaba siendo el gran vencedor: de 1781 a 1786 su consumo se elevó en París a 730 mil hl, cifra anual redondeada, frente a 54 mil de cerveza (es decir, una relación de 1 a 13.5). Pero  el dato siguiente confirma la tesis de Le Grand d’Aussy: de 1820 a 1840, en periodo de dificultades económicas evidentes, la relación, también en París, pasó  a ser de 1 a 6.9. Se produjo un progreso relativo de la cerveza.

Fuente: Fernand Braudel, Bebidas y excitantes, Alianza Editorial, México, 1994.