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La fecha del Apolo de Belvedere no puede establecerse, pero a todas luces se trata de una copia de uno que perteneció al siglo IV a. C. La pose de la figura es singular y, hasta no comprender su intención, insatisfactoria. Apolo ha sido atrapado en pleno movimiento, pero parece, debido a lo delicado de su postura, estar a punto de volar más que de correr. Está parado sobre las puntas de los pies y en un momento dejará la tierra. El genio del escultor griego se concentró en la figura humana y en el dominio de numerosas posibilidades de movimiento y acción.

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Las estatuas griegas se pueden fechar aproximadamente por la manera en que están paradas. Al principio, en la época arcaica, se sostienen firmemente repartiendo su peso en cada pie, estando los pies muy juntos. Luego un pie está más adelante, pero el peso sigue  repartiéndose equitativamente,  una postura casi imposible. Luego el peso está sobre la pierna derecha; y la rodilla izquierda está flexionada. Ésta, entre todas las posturas, es la más agradable para el cuerpo humano.

Fuente: Jane Ellen Harrison (1850-1928), Arte y ritual antiguos (edición y traducción de Antonio Saborit), INAH, 2013.