II. Atardeceres de la Feria

La curiosidad es la fiebre más prodigiosa, y sus rigores aumentan en esta hora de luces y claroscuros en decidida batalla. Entonces, hay que abandonar a Heinrich Mann. Queda pues allí, sobre un antiguo tomo de Schiller. Es necesario ir a la Feria.

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Publicado en: 2014 Junio, Ciudad de libros