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I. (When I’m 63.) Desde muy antiguo se ha observado que nunca llega para el hombre el año sesenta y tres de su edad sin traer consigo algún peligro o algún revés, grave enfermedad para el cuerpo, pesares para el espíritu, o la muerte. Así es que los que se ocupan de este estudio han llamado a este año de la vida humana, año climatérico.

Leía yo anoche las cartas del emperador Augusto a su nieto Cayo, y me sentía arrastrado por la belleza de aquel estilo tan fácil y sencillo, que no revelaba trabajo ni dificultad. Encontré una carta escrita en la edad de que se trata aquí, y vi algo que se relaciona con este asunto. “El nueve de las calendas de octubre. Salud, Cayo querido, dulce pupila de mis ojos, a ti cuya ausencia es siempre motivo de pesar para mí, hoy especialmente busca por todas partes mi vista a mi querido Cayo. Creo que, dondequiera que te encuentres, habrás celebrado con regocijo y buena salud mi año sesenta y cuatro. Ya lo ves, he escapado del año climatérico, terror de todos los ancianos. Ignoro cuánto tiempo viviré todavía; pero ruego a los dioses que, feliz y floreciente, encuentres la república floreciente y feliz. Compórtate como hombre valeroso, y empuña las riendas que yo habré abandonado”.

II. (Campos Vaticanos.) Había oído decir que los campos Vaticanos y el dios que los preside habían tomado su nombre de los oráculos (vaticinia) que se daban en aquella campiña por inspiración de aquel dios. Pero M. Varrón, en su tratado De las cosas divinas, señala otro origen a este nombre. “De la misma manera, dice, que se dio el nombre de Aio al dios que lo lleva, a causa de una voz divina que se oyó en la parte baja de la vía Nueva, donde se le ha elevado un altar; así se nombró al dios Vaticano, porque preside los primeros sonidos de la voz humana. En efecto, en cuanto los infantes ven la luz, hacen oír en su primer vagido el sonido de la primera sílaba de la palabra vaticano. Por esta razón se le llama vagido, vocablo que expresa el primer sonido de la voz naciente”.

Fuente: Aulo Gelio (siglo II), Noches áticas, Editorial Porrúa, col. Sepan Cuantos 712, ¿traducción de Francisco Navarro y Calvo?, México, 1999.