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Algunos géneros musicales ya no son lo que solían ser. Por facilismo comercial, por exigencias del mercado o por una distorsión en su desarrollo, estilos como los del soul o el rhythm and blues (r&b) han cambiado de tal manera que lo que hoy se denomina con esos nombres poco se relaciona con lo que fue en sus orígenes. Uno puede escuchar a intérpretes como John Legend, Maxwell o Anthony Hamilton y nada tienen que ver con figuras como Otis Redding, Wilson Pickett o Aretha Franklin, por mencionar sólo a algunas de las grandes personalidades de la música soul. Lo mismo pasa con el r&b original y sus representantes más clásicos. Ray Charles y Ruth Brown, por sólo mencionar a dos, eran grandiosos, mientras que supuestos cantantes actuales del género, como Bobby Brown o D’Angelo, en realidad sólo producen una musak (John Lennon dixit) insustancial, edulcorada, desechable.

El desconocimiento de la historia de la música provoca manipulaciones y engaños tales que hacen creer al gran público que una vocalista como la recientemente fallecida Amy Winehouse era un prodigio a la altura del arte, cuando en realidad se trataba de una mujer de buena voz y con cierta sensibilidad que cantaba melodías basadas en el soul y el r&b, pero nada que fuese realmente extraordinario.

Con lo anterior no quiero decir que todo tiempo pasado fue mejor y que los músicos de hoy no puedan ser comparados con los clásicos de los años cincuenta o sesenta. Si nos concentramos específicamente en la música soul interpretada por voces femeninas, encontramos a excelentes cantantes y compositoras muy jóvenes, como las estadunidenses India.Arie, Lauryn Hill y Janelle Monae o las inglesas Corinne Bailey Rae y Joss Stone.

Curiosa y muy interesante es la historia de esta última, en especial por ser la única de raza blanca de las cinco mencionadas. Nacida en 1987 en Dover, Inglaterra, Stone tenía hace ocho años todo para ser una especie de Britney Spears británica: frescura, juventud, belleza, candor, sensualidad y una gran voz. Sólo que a sus 16 abriles lo que menos le interesaba era convertirse en una vacua cantante de pop. Lo que a ella le gustaba, lo que en verdad le fascinaba era la música soul de la vieja escuela, en especial la que provenía de la ciudad de Memphis. Eran aquellos intérpretes surgidos de la disquera Stax quienes la seducían con su sonido, su sensibilidad, su pasión y sus voces. Era la música que había escuchado desde niña la que ella anhelaba cantar.

De ese modo, un día del año 2001, viajó hacia Londres para participar en un concurso de canto organizado por la BBC y lo ganó fácilmente. Apenas tenía 14 años, pero su voz poseía tal madurez que fue recomendada a Steve Greenberg, dueño de la disquera estadunidense S-Curve, quien le pagó un vuelo a Nueva York con tal de escucharla en persona.

El productor quedó tan impresionado que la contrató de inmediato y la puso bajo la tutela de la cantante de soul Berry Wright. Algunos meses más tarde aparecía su asombroso disco debut, The Soul Sessions, una colección de clásicos que le presentó al mundo aquella voz negra y madura, absolutamente soulera, que surgía de la garganta de una chiquilla rubia de la provincia inglesa.

El álbum fue un éxito a nivel mundial y no sólo entre los viejos aficionados al soul sino también con la generación MTV, gracias a su originalísima versión de “Fell in Love with a Girl” de los White Stripes.

Joss Stone pudo seguir por el mismo camino y de seguro lo habría hecho de manera suntuosa. Sin embargo, alguien por ahí tuvo la ocurrencia de aconsejarle “matizar” su estilo e inclinarse un poco más hacia la música pop. Craso error. Vino un segundo plato (Mind, Body and Soul, 2004) que ganó varios premios pero que musicalmente otorgó muchas concesiones y luego dos grabaciones más bien sosas y poco afortunadas: Introducing Joss Stone (2007, extraño título para un tercer disco) y Colour Me Free! (2009).

Ahora, en pleno 2011, Stone ha regresado con un disco que reivindica sus inicios y nos hace albergar esperanzas sobre la recuperación de su autenticidad artística. LP1 es un trabajo muy bueno que, sin alcanzar la calidad de The Soul Sessions, presenta una decena de canciones basadas en el soul, el funk y el buen rock. Quizás en manos de un productor menos convencional que el ex Eurythmics Dave Stewart habría logrado una mayor profundidad, pero al menos la cantante trata de volver por sus fueros: los fueros de la profunda alma de la música negra.

Hugo García Michel. Músico, escritor y periodista. Director de La Mosca en la Red. Columnista de Milenio Diario. Autor de la novela Matar por Ángela.