El estilo de liderazgo sindical que representaba Elba Esther Gordillo —y que, lamentablemente, todavía se reproduce en varios sindicatos nacionales más—, es un fenómeno anacrónico. Vestigios de una época transcurrida. Mucho tiempo fue perceptible que su figura, su demagogia, su estilo —patrimonialista, tribal, paternalista, manipulador y cínico— de dirigir al SNTE contrastaba escandalosamente con la conciencia y la voluntad de sus propios agremiados (sobre todo los maestros más jóvenes) y con un país de ciudadanos cada vez más escolarizados, cultos e inteligentes que vive, al mismo tiempo, la experiencia de la construcción de una democracia nacional.
Nadie podía dejar de observar la ostentación pública que la líder hacía de sus costosos vestidos, de sus propiedades, de sus joyas, sus cirugías estéticas, etcétera. Un estilo de vida propio del Jet Set, que no podía comprarse con el salario medio de un trabajador de la educación (que equivale, supongamos, a 4 mil pesos mensuales). El hecho que la PGR actúe contra ella por manejos turbios de las cuotas sindicales, es una acción que se explica y se justifica moral, legal y políticamente. Lo que muchos nos preguntamos es: ¿Por qué tardó tanto el Estado mexicano en dar este paso?
Esperemos que este acto judicial sea seguido por cambios políticos en el SNTE. Lo fundamental es que el sindicato se democratice, que se dote de un liderazgo nuevo, construido por consenso real, y que instaure una ética de probidad dentro del gremio. El sindicato debe vincularse a la sociedad y al Estado para dinamizar —y no obstaculizar— la gran empresa que es la de edificar una educación nacional renovada cuya meta sea construir una sociedad rica (productiva), justa y democrática.
México tiene que modernizarse y democratizarse y en este doble proceso los sindicatos están destinados a desempeñar un papel crucial. ¿Qué es lo está en juego? Evidentemente nuestro futuro como comunidad. No podemos dejar de observar que hay otras Elba Esther Gordillo que merecen la acción de la justicia y que permanecen impunes. Por otro lado, ¿Acaso el poder judicial no debe intervenir para poner en su lugar a quienes, desde el lado de enfrente, pisotean la ley y se burlan a diario de la voluntad de todos los mexicanos? ¿Porqué se ha de seguir permitiendo que los militantes de la CNTE realicen impunemente suspensiones de clases , atropellos contra la propiedad pública y la propiedad privada, golpeen, secuestren y actúen, una y otra vez, haciendo caso omiso del orden jurídico de la nación?
Una acción justa, pero unilateral, puede acarrear consecuencias indeseables para todos. Que la ley se aplique a unos y a otros, para evitar interpretaciones equívocas y efectos indeseables.