La primera lección que debemos extraer del procesamiento judicial de Elba Esther Gordillo por manejos indebidos de los recursos del SNTE es, evidentemente, que el sindicato debe dotarse de una dirección honesta, auténticamente representativa, y con mecanismos que aseguren la transparencia en el uso de las cuotas sindicales. No debe admitirse que los líderes sindicales actúen sin controles ni que su mandato se pueda extender indefinidamente. No más caciques vitalicios.
Asimismo, se debe admitir que los docentes no son obreros o trabajadores manuales, sino trabajadores intelectuales o “profesionales del aprendizaje” como se ha dado en llamarles. El SNTE debe comprometerse con el país en la tarea de mejorar la calidad de la educación. Esto implica que el sindicato debe modernizarse y alejarse del viejo modelo “industrialista” para acercarse a un nuevo modelo que deje atrás el espíritu de antagonismo de épocas añejas en que los sindicalistas auspiciaban la “lucha de clases”.
No propongo, desde luego, que el gremio renuncie a su misión crucial de defender la dignidad de los salarios y la mejora constante de las condiciones de trabajo de sus representados. Pero su actuación debe enmarcarse en un compromiso superior con la nación. La base de las negociaciones entre sindicato y autoridades debe ser la voluntad compartida para elevar la calidad de la profesión magisterial y, por esta vía, elevar el estatuto y el reconocimiento social del magisterio.
Lo que está en juego es nuestro futuro como nación. So pena de suicidarse, México no puede cerrar los ojos ante el desafío de la “sociedad del conocimiento” y de la nueva competencia económica. Tampoco puede rezagarse en la consolidación democrática. ¿Cómo vencer las plagas de México –la inseguridad, la ignorancia, el populismo, la corrupción, el clientelismo, el paternalismo, la miseria y el abandono? ¿Cómo mejorar las condiciones de vida de nuestros hijos? ¿Cómo hacer de nuestra nación una potencia de medio rango que sobresalga entre los países de nuestra región?
La única respuesta razonable es: con educación de calidad. Con un sistema escolar que forme a las nuevas generaciones en valores morales como la autonomía, la justicia, el respeto, la tolerancia, la pluralidad y el patriotismo (sin hostilidades ni exclusivismos), que las capacite científicamente y, al mismo tiempo, que las instruya en el manejos de las nuevas tecnologías.
Un cambio político es siempre una oportunidad para renovar las instituciones.