Desde 1988 en que la serie apareció por primera vez, trato de no perderme cada entrega de The Best American Poetry. Se trata de una antología que incluye a 75 poetas seleccionados entre todas las revistas que publican poesía en los Estados Unidos; el editor de la serie es David Lehman, quien cada vez invita a un distinto antologador para que escoja los mejores poemas estadunidenses del año. El resultado es notable, incluso en materia de ventas. Creo que cada edición agota al salir un promedio de 50 mil ejemplares.

Son antologías variadas, intensas y divertidas. Ratifican la voluntad incluyente de la poesía norteamericana, libre y sin inhibiciones para tocar prácticamente cualquier asunto, digamos desde Safo contemplando un paisaje expresionista hasta “Tarzán en su hamaca. Domingo por la mañana”. Hay poemas breves y poemas que tienen la extensión de un libro —el más memorable de ellos “Alabanza por la muerte” de Donald Hall—; hay despliegues técnicos bajo el formato de sestinas dobles o blues impecables. Hay un obispo opuesto al aborto que monologa largamente en una formidable parodia de Browning. Hay finos haikús sobre las series televisivas “Bonanza”, “Hechizada” y “Los Picapiedra”. Una poeta hizo una secuencia de sonetos con el título “¿Has fingido alguna vez un orgasmo?”. Cada antología atina varias veces en “hacer nuevas a las cosas familiares” como solicitaba de la poesía el doctor Johnson.

Extraigo así un poema incluido en The Best American Poetry 2012. Se titula “Hate Mail” y su autora es Carol Muske-Dukes (nacida en St. Paul, Minnesota, 1945). Cada edición incluye al final la ficha bibliográfica de los autores y se les invita a decir algo sobre el poema; confieso que no en pocas ocasiones las notas sobre los poemas son más interesantes o legibles que el poema mismo. No esta vez en que la autora refiere el origen del poema y lo ilumina desde otro lado. Escribe Muske-Dukes: “Soy (y siempre he sido) una mujer franca. He adquirido así muchos amigos y también cantidad de enemigos. Alguno entre los del último grupo no hace mucho comenzó a enviarme anónimamente emails de ‘odio’. Si alguna vez has recibido un ‘hate mail’, sabrás que causa bastante miedo, sobre todo si el desconocido que lo envía conoce ‘hechos’ de tu vida y tiene al parecer alguna familiaridad con tu vida día-a-día y con tus parientes y amigos. Los emails que recibí eran amenazantes, pero en su mayoría resultaban meras vociferaciones de una persona rara, no-muy-inteligente, y muy rabiosa a la que yo no le caía nada bien. (Mi webmaster y otros otros intentaron rastrear los emails, pero el autor había desaparecido en el ciberespacio…)

        “En cierto momento me di cuenta de que este correo tenía algo de divertido. La capacidad para releer los emails y reírme de ellos me dio la idea de escribir una parodia: escribirme un mail de odio a mí misma. Por supuesto, la estrafalaria perspectiva de los insultos y las observaciones chifladas de mi poema son orginales, son mías; pero el ‘espíritu’ del corresponsal trastornado inspiró mi ‘voz’ en el poema”.

 

Hate Mail
Eres una puta. Eres una puta vieja.
Todos te odian. Dios te odia.
Y Él ya está muy harto de todas las mujeres

Pero, déjame decirte, sobre todo de ti.
Te gusta pensar que puedes pensar más rápido
Que el resto de nosotros —¡Ja! Nosotros manejamos

El coche en que eres un muñeco de prueba. ¿Por qué, pues,
Desafías a nuestro Comité Ejecutivo
Que nunca te cederá la palabra? Si un cerdo

Saliera volando de un árbol y se elevara hasta
Volverse un dirigible, de seguro escribirías un poema
Al respecto, ignorando el Bien Mayor,

Los hechos duros de la gravedad. Mereces que
Que te sobaje el Bien Mayor —los cerdos no
Vuelan; aun así tu arrogancia es la de un dirigible

Que hace rato olvidó su sitio en esta tierra.
Una gran arrogancia sin amarras desde su launchpad
En libre flotación, allá arriba con sarnosos gansos canadienses,

Allá arriba con los satélites espías y la ruptura
De la capa de ozono causada, te lo digo de paso, por tu aliento,
Porque has nacido para arruinarlo todo, hackeadora

En la inspiración del ego humano normal.
No eres la Reina Tut, cariñito, ni siquiera
Una cantinera campesina, eres una aristócrata

De la Basura, tierra minada de falsos diamantes,
Corona de espinas, ¡cónclave de murciélagos-chirridos!
Te digo esto como un viejo amigo, alguien

Que te ofrece buen consejo, y por tu bien:
O cambias ya o Tomaremos Medidas—
Si me entiendes, y claro que me entiendes—

Y ahora oigamos uno de tus poemas de mierda: oigamos
Cómo desmientes esta verdad a toda costa. n

 

Luis Miguel Aguilar. Poeta y ensayista. Entre sus últimos libros: Las cuentas de la Ilíada y otras cuentas y El minuto difícil.