Dice la escritora catalana Nuria Amat en su libro Viajar es muy difícil: “Las ciudades están hechas de personas. Las ciudades literarias están hechas de escritores. Qué mejor recuerdo del viajero para con el lector (viajero también él pero quieto) que el envío de una postal ofreciendo la imagen viva y coloreada de las mejores instantáneas de viaje. Qué mejor regalo para un lector que las vistas de distintos escritores moviéndose por la ciudad fantasma”. Esta columna intenta recuperar las postales que han dejado los escritores de lugares para ellos entrañables

Selección: Delia Juárez G.

Flaubert en Tebas

He visitado Tebas, viejo: es muy hermoso. Llegamos a las nueve de la noche, con un claro de luna que hacía relucir las columnas. Los perros ladraban, las grandes ruinas blancas parecían fantasmas y la luna en el horizonte, redonda y rozando la tierra, parecía no moverse. En Karnak todo parecía estar hecho a la medida de gigantes. Pasé una noche a los pies del coloso de Memnón, devorado por los mosquitos. Ese viejo sinvergüenza del coloso tiene buena pinta, está cubierto de inscripciones; las inscripciones y las cagadas de pájaro, he ahí las dos únicas cosas sobre las ruinas de Egipto que indican que están vivas. La piedra más corroída no tiene una brizna de hierba. Todo se disuelve en puro polvo de momia. Las inscripciones de los viajeros y los excrementos de aves de caza son los dos únicos ornamentos de la ruina. A menudo se ve un gran obelisco muy recto con una larga mancha blanca que desciende como un paño en toda su longitud, más amplia en la cima, estrechándose a medida que desciende. Son los buitres, que van ahí a lanzar sus excrementos desde hace siglos. El efecto es muy hermoso, y curiosamente “simbólico”. La naturaleza le dice a los monumentos egipcios: “¿Me rechazáis, la semilla del liquen no crece sobre vosotros? Pues bien, cagaré sobre vuestro cuerpo”.

En los hipogeos de Tebas (que son una de las cosas más curiosas y divertidas que puedan verse) descubrimos chistes picantes faraónicos, lo cual demuestra, señor mío, que desde el inicio de los tiempos se ha pecado, se ha amado a la joven, tal y como dice nuestro cancionero inmortal. Era una pintura que representaba a hombres y mujeres sentados a la mesa, comiendo y bebiendo agarrados de la cintura besándose. También había perfiles de un cerdo encantador, y admirables ojos de burgueses algo ebrios. Más allá vimos dibujos de dos jovencitas con vestidos transparentes, con cuerpos de verdaderas p…, tocando la guitarra con un aire lascivo. Aquello era b… como un grabado lúbrico, al estilo del Palais-Royal 1816. Nos reímos mucho y nos hizo soñar.

Algo realmente magnífico son las tumbas de los reyes. Imagina las canteras de Caumont, a las cuales se baja mediante sucesivas escalinatas: todo aquello está pintado y dorado de arriba abajo con representaciones de escenas fúnebres, muertos que son embalsamados, reyes sobre sus tronos con todos los atributos, fantasías terribles y singulares, serpientes que caminan con piernas humanas, cabezas decapitadas sobre espaldas de cocodrilos, músicos y bosques de loto. Vivimos allí tres días. Está muy arrasado y estropeado, no por el tiempo sino por los viajeros y los sabios.

(Fuente: Gustave Flaubert, “A Louis Bouilhet, 4 de junio de 1850”, El Nilo. Cartas de Egipto, trad. Elisabeth Falomir, Gadir Editorial, 2011.) n

 

Delia Juárez G. Autora del libro Gajes del oficio. La pasión de escribir y coordinadora de las antologías colectivas Y sin embargo yo te amaba. 12 autores interpretan a José José, Mudanzas y Anuncios clasificados.