Juan es padre de un niño y una niña aún pequeños, casado con Natalia, una mujer bella pero gélida. El matrimonio ha llegado a un punto de aparente no retorno, una deseada normalidad. Juan demuestra un comportamiento de violencia desmedida hacia uno de sus perros —Martita, la más inteligente, a la que muele a golpes—, cierta adicción a la pornografía en línea y un deseo de relaciones sexuales contra natura —por detroit, recurriendo a su propio parlamento—, en tanto Natalia se muestra indispuesta a la intimidad. Rut y Eleazar, sus hijos —en la realidad los hijos del propio director de la película—, son una suerte de lunas o estrellas que orbitan a los planetas errantes que son sus padres, habitantes de una hermosa casa en Tepoztlán. Y es allí, en un paraje de belleza insólita convertido en campo de futbol y pastoreo, donde comienza Post tenebras lux (2012), el cuarto largometraje de Carlos Reygadas (ciudad de México, 1971).
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