Sin saber, en el momento de escribir esto, quiénes se harán cargo de los destinos del cine gubernamental (Instituto Mexicano de Cinematografía, Cineteca Nacional, etcétera), que ya deben estar en funciones ahora, sólo queda la constancia de cómo remató un sexenio que fue inmensamente auspicioso para esa área… hasta el último momento.
Mientras Imcine entregó un balance sexenal de producción, exhibición y distribución impecable, haciendo proyecciones muy aterrizadas a las limitaciones, posibilidades y nuevos problemas a que se enfrenta el cine mexicano, el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes enfrentó, en el remate de su espectacular herencia al cine, el amargo sabor de la frustración, bajo las formas contundentes, arquitectónicas, del edificio Luis Buñuel, en los Estudios Churubusco, y la Cineteca Nacional del Siglo XXI; el primero cobijaba a los productores que no cabían en el viejo condominio de productores, y se demolió para hacer otro cuyos fines cambiaban de semestre en semestre (hotel con facilidades para las producciones extranjeras, oficinas nuevas para los productores que ahora se refugiaban en instalaciones provisionales o “gallineros”, mudar Imcine ahí).
Terminó el régimen con el armazón a medias; no se habló mucho de eso porque sólo quienes transitan dentro de los estudios han padecido la obra.
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