Cada equipo de futbol turco en Estambul tiene su propio estereotipo. Al más antiguo de ellos, el Galatasaray, se le asocia con la era de la elite otomana Galatasaray Lycée. El equipo Fenerbahce cuenta con el mayor presupuesto y con la más ilustre base de fanáticos (incluye al primer ministro Recep Tayyip Erdogan y al premio Nobel de literatura Orhan Pamuk). El equipo Besiktas representa a los de abajo, al equipo de la clase trabajadora, equipo conocido por el ardor de sus fanáticos. Según un estudio, el mercado de valores turco tiene alzas cuando el Besiktas gana un partido: un indicio, teorizan los economistas, del fanatismo de sus hinchas. El cineasta Zeki Demirkubuz, quien cita a Dostoievski como la mayor influencia para sus películas, dice que el Besiktas es “el equipo más surrealista del mundo”. Al Fenerbahce y al Galatasaray “sólo les importa ganar”, pero el Besiktas resulta “esencialmente irracional, y por tanto esencialmente humano”.

El Besiktas es el equipo de lo imprevisto, de los perdedores. Los eslóganes que cuelgan en sus mantas durante los partidos son singulares. “Todos somos negros” proclamaba una manta luego de que fanáticos contrarios hicieron referencias raciales al astro francés-senegalés del Besiktas, Pascal Nouma. Cuando los del Fenerbahce menospreciaron a un entrenador del Besiktas cuyo padre había sido conserje, algunas mantas en el estadio decían: “Todos somos conserjes”. Y cuando un comité internacional de astrónomos sacó a Plutón de la lista de planetas, los seguidores del Besiktas asumieron la causa: “Todos somos Plutón”.

Fuente
: The New Yorker, marzo 7, 2011.