A sus 17 años una de las proezas del Yoyo (hijo de Arturo Durazo Moreno, quien estuvo al frente de la Dirección General de Policía y Tránsito del DF durante la presidencia de José López Portillo, 1976-1982) ocurrió cuando se encontraba en su casa del kilómetro 23.5 de la carretera a Cuernavaca, acompañado de sus amigos. Aburrido, sin nada qué hacer, les ordenó a sus “ayudantes” que detuvieran a los meseros y a los cocineros para inyectarles Coca Cola en las regiones glúteas, mientras él y sus amigos esperaban a ver cómo reaccionaba esa pobre gente.

Fuente: José González G., Lo negro del Negro Durazo, Editorial Posada, México, 1983.