Una de las más grandes tonterías que oponen quienes resisten las evidencias de la evolución de las especies es de risa: ¿Y por qué los changos no se siguen convirtiendo en hombres? Uno: porque nadie ha dicho jamás semejante barbaridad. Los humanos no somos descendencia de los changos actuales, tenemos abuelos genéticos tan cercanos como los seis millones de años con nuestros primos, y de 14 a 20 con otros más alejados, como gorila y orangután. Y dos: porque estamos hablando de un proceso que se mide en millones de años.
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