Argo

Dririgida por Ben Affleck, guión de Chris Terrio Basada en el artículo de Joshuah Bearman, producida por George Clooney, Ben Affleck y Grant Heslov, fotografía de Rodrigo Prieto y música Alexandre Desplat . Cn Ben Affleck, Bryan Cranston, Alan Arkin y John Goodman. Se estrena en México el viernes 9 de noviembre.

Basada en una historia real, ARGO explora una operación clandestina de la CIA durante la crisis de rehenes en Irán de 1979, en la que seis diplomáticos estadounidenses intentaron salir de Teherán bajo la pretensión de ser miembros del equipo de producción de una película. Ben Affleck interpreta a Tony Mendez, el agente encargado de extraer a los seis refugiados que habían escapado de la embajada cuando activistas iraníes tomaban el edificio, manteniendo 52 rehenes dentro durante más de un año. Para lograr la verosimilitud de su historia, Tony Mendez tiene que crear la ilusión de la película, cosa que logra con la ayuda de John Chambers, célebre maquillista de EL PLANETA DE LOS SIMIOS, interpretado por un encantador John Goodman; y del productor Lester Siegel, encarnado por un hipnótico Alan Arkin.

La manera en que Affleck cuenta esta historia -diría yo que hasta la historia misma- representa los mejores y los peores trucos de Hollywood. Pero su acierto es que se entrega a ellos con determinación. ARGO tiene confianza en sus convenciones y esa confianza la lleva a una ejecución elegante. Es un thriller casi nostálgico, lleno de guiños a Lumet y a Pollack, un thriller de héroes estoicos, actores de reparto llenos de gracia, situaciones imposibles y escapes triunfales.

Es difícil encontrarle problemas a la ejecución visual y física de ARGO. La seguridad que ha adquirido la dirección de Ben Affleck -resucitado de las cenizas de sus romances de tabloide y papeles de superhéroes de medio pelo- es admirable. ARGO es su tercera cinta como director y con la que llega a la mejor expresión de todos sus talentos, delante y detrás de cámara. Como actor dota al personaje del Tony Mendez con vulnerabilidad e inteligencia, entrañables porque Affleck las disfraza de simplicidad. Como director le otorga a la película un estilo visual al mismo tiempo pausado y tenso, preciso, que nos hace sentir en buenas manos desde las primeras tomas.

La película sostiene una tensión implacable: las primeras imágenes en la embajada de Estados Unidos en Irán retratan el inicio de la crisis con un estilo documental, pero consciente de sí mismo y Affleck mantiene ese tono con el escape de los seis individuos que Tony tendrá que rescatar, su encierro en la embajada canadiense y durante cada paso de su plan de rescate. Incluso cuando la trama lleva a la misión a Hollywood y a sus intrínsecos frivolismos, nos sostiene la claridad con que cada cosa persigue el mismo objetivo y el peligro es cada vez más inminente. Parte de su excelencia radica en la constante amenaza de violencia sin que se haga explícita. Una de los momentos más poderosos de ARGO es una recreación en la que los militantes iraníes atan a los rehenes que aún están en la embajada y les disparan con rifles sin balas. La amenaza de violencia, su cercanía, sin su ejecución. Esta idea permea y eleva cada momento de tensión durante las escenas en que Mendez y sus seis refugiados sortean Teherán disfrazados de cineastas.

Todo en la orquesta de Affleck construye la sensación correcta y le regala a la audiencia la frase más agradecilble y cada vez más difícil de encontrar en las películas de Hollywood: “Me muero por saber qué va a pasar” ARGO construye un conflicto claro, que crece con cada escena, llega a un climax de altísima presión y se gana un final satisfactorio. Un final que es inevitable sin ser predecible hasta para quienes conocen la historia verdadera y saben exactamente qué vendrá.

Y sí, a veces ARGO peca de ligera, sobre todo en sus implicaciones políticas. Se concentra en la extracción de estos seis ciudadanos y olvida al resto de los rehenes, 52 hombres y mujeres que siguieron capturados meses después de la misión. La película hace un retrato totalmente halagador de los agentes de la CIA; todos son unos encantos, íntegros, sólidos, dispuestos a hacer su trabajo protegiendo a los buenos. Tony Mendez es un héroe anónimo, que no necesita más recompensa que hacer el bien. Finalmente, la última escena de ARGO culmina toda esta aventura de vida o muerte, con la repetición del catchphrase ‘Argo-f**k-yourself”, jovial pero no particularmente elocuente; una frase ligera, quizá hecha para que un espectador fácil salga de la sala repitiéndola entre carcajadas. Todas estas cosas son Hollywood hasta la saciedad; y uno puede quedarse sólo con ellas y dejar a ARGO en el panteón de las películas menores: entretenida, de gran ejecución física y no mucho más. Pero sí hay algo más en esta película; y es el otro lado de la moneda de todo este Hollywood que la inunda. Es una película que es congruente consigo misma, que se centra en sus victorias sin pretender abarcar más de lo que su historia es capaz de abarcar. Se entrega a la burla de su propio medio, a la superficialidad de la prensa Hollywoodense, a la facilidad con que el productor hace grandes chistes frente a la alberca del Beverly Hills Hotel, mientras planea el rescate de seis refugiados de guerra en Irán. ARGO es fiel a su tono, a su historia y sobre todo a su personaje principal. La cinta vuelve al héroe silencioso genuinamente entrañable, inteligente, íntegro, sin hacerlo aburrido o bravucón. Tony Mendez en las manos de Ben Afflek -tanto en la dirección de sus circunstancias como en su ejecución histriónica- es un hombre digno de verse; y una película capaz de hacerle honor a un personaje así no es una película ordinaria. No hay más pretensión aquí que la de contar una historia divertida y contarla bien, con los espectadores al borde del proverbial asiento, riendo cuando el director quiere, llorando cuando la música de Alenxandre Desplat lo indica. No hay más pretensión en ARGO. Esa será una de las críticas que se le hagan, a mí me parece su mayor virtud.

Aquí (http://www.variety.com/article/VR1118060642) pueden ver el artículo y publicidad original que Variety publicó sobre la falsa “Argo” en 1979. Y aquí (http://www.wired.com/wired/archive/15.05/greatescape.pdf) el artículo “Escape de Teherán” en el que se basa la cinta.

Catalina Aguilar Mastretta. Escritora y cineasta. Colaboradora de la revista nexos desde el 2008.