Aun cuando Alonso Lujambio era secretario de Educación me llamaba colega. Creo que nunca dejó de sentirse académico, incluso cuando ocupara las más altas responsabilidades de gobierno. En la vida híbrida que decidió adoptar, el intelectual nunca fue subyugado por las formas de la corte ni por el trato melifluo de los políticos profesionales. Lo conocí en 1999 cuando él y José Fernández Santillán me invitaron a presentar un libro fruto de los esfuerzos bibliográficos de Lujambio: la Cartilla Política de Manuel Eduardo de Gorostiza, un dramaturgo y político bastante desconocido del siglo XIX. A Alonso le interesaba y entusiasmaba Gorostiza porque, además de ser el tatarabuelo de su padre, fue el autor de una pequeña obra de filosofía política virtualmente desconocida. En el apunte biográfico que escribió para la segunda edición del libro de Gorostiza (FCE, 2006) Lujambio afirmaba: “es el único libro de filosofía política escrito por un mexicano en el siglo XIX”. Eso le llenaba de orgullo. De Gorostiza admiraba su entereza como hombre de Estado, diplomático e intelectual. Embajador plenipotenciario de México en Estados Unidos en la víspera de la intervención norteamericana, primer director de la Biblioteca de México, ministro fugaz en varias administraciones, etcétera. Era un liberal moderado y tolerante. También era un hombre pragmático. No es una exageración decir que Lujambio encontró en Gorostiza un modelo de hombre público.

Lujambio

A diferencia de muchos de sus colegas formados como él en universidades norteamericanas, Lujambio apreciaba el valor de la historia para la ciencia política. No era un politólogo de modelos, sino de ideas. De ahí que le interesaran autores como Emilio Rabasa, Woodrow Wilson y Walter Bagehot. Como intelectual y académico contribuyó a la revaloración del Congreso, un ente que se desvaneció casi por completo en el largo periodo de autoritarismo en México. Se percató, de manera perspicaz, de la importancia del federalismo para el proceso de cambio político en México. El centro caería al final; la democracia vendría de la periferia. Lujambio reflexionó sobre la transición a la democracia, como otros académicos, pero a diferencia de sus colegas fue un actor destacado en ese proceso. Primero como consejero del IFE en 1996, donde participó en la construcción del andamiaje electoral que en algún momento imaginamos ejemplar y perdurable. Después, como comisionado del IFAI, órgano que presidió. El acceso a la información pública fue concebido, después de la histórica alternancia de 2000, como el eje de las reformas democráticas de segunda generación.

En los últimos años Lujambio volvió su mirada a la historia de su partido, el PAN. Lo miraba no con la frialdad del académico que analiza un fenómeno con desapego clínico, sino como un hombre de poder y de ideas. Lo miraba como la hechura de personas de carne y hueso, con virtudes y defectos. Lujambio pudo ser el sucesor de Carlos Castillo Peraza. El intelectual capaz de trazar nortes ideológicos para su partido. Su prematura muerte es una enorme pérdida para el PAN. En su recuento del pasado panista se avizora claramente una lectura particular, la de un partido protoliberal (“Gómez Morin, el PAN y la religión católica”, nexos, septiembre 2009). Esa interpretación sería cuestionada por Soledad Loaeza (“La hipoteca católica de Gómez Morin”, nexos, octubre 2009) y defendida vigorosamente por Lujambio. El secretario de Estado nunca se resignó a perder la libertad intelectual del académico. Algo extraño había en eso. Cuando propuse que los gobiernos del PAN mantuvieron intacta la historia de bronce del PRI, Lujambio disintió en el último articulo que publicaría en nexos (“Respuesta a Aguilar Rivera”, octubre 2010). Debatimos como colegas. La última ocasión que lo vi en el despacho de Vasconcelos hablamos sobre la recuperación de la tradición liberal. Lujambio les hará falta a sus compañeros de partido, pero sus colegas lo echaremos de menos.

José Antonio Aguilar Rivera. Profesor-investigador del CIDE. Su más reciente libro es La geometría y el mito. Un ensayo sobre la libertad y el liberalismo en México, 1821-1970.