CONTRA LOS VANOS,
COLMILLUDOS Y RABIOSOS LECTORES,
QUE TODO LO MUERDEN, LO BUENO Y LO MALO, LO SABROSO Y
LO DESABRIDO, LO FLACO Y
LO GORDO, LO RUDO O LO TIERNO.

PRÓLOGO

Tan cortés como su poca atención, y más blando que lo que merece su dentadura

Prólogo

Ya que no encontraste vicios que quitar o que poner en la primera parte de esta obra, saliste regañando los dientes contra la elección, y mordiendo el asunto por extraño a mi juicio, impropio a mi genio y repugnante a las costumbres. “¿Quién le mete a Torres —dijiste— en escribir medicina? ¿Quién le ha puesto en delirios de predicar, cuando sabemos que aún tiene los cascos tan vagamundos como sus pies, tan verdes como su corazón, tan libres como su genio, y tan defectuosos como su conciencia?”. Y detrás de estas coplas vomitaste otro millar de sátiras tan abominables como tu rencor, tan sucias como tu boca, tan malvadas como tu envidia, tan viejas como tu murmuración y tan insolentes como tu ociosidad. Hombre o diablo, ¿quién te persuade a que están escondidos para mis ojos y encubiertos para mi penetración los secretos de la medicina…?

Fuente
: Diego de Torres Villarroel, Los desahuciados del mundo y de la gloria (1736-7), edición de Manuel María Pérez, Editora Nacional, Madrid, 1979. Las palabras de Torres Villarroel empiezan el prólogo a la segunda parte del libro con el mismo título, luego de que a la publicación de la primera lo acusaron de meterse en lo que no sabía.