A principios del siglo XV los libros eran escasos e invaluables. Le conferían prestigio al monasterio que los tuviera, y los monjes no los perdían de vista, sobre todo si habían tenido una experiencia previa con los italianos humanistas de dedos ligeros. Los monasterios incluso trataban de asegurar la posesión de sus libros cargando de maldiciones sus preciosos manuscritos. “Para aquel que robe o tome en préstamo y no regrese este libro a su propietario”, decía una de las maldiciones, “que la mano se le vuelva una serpiente y lo desgarre. Que lo ataque una parálisis y todos sus miembros sean malditos. Que languidezca de dolor y llore a gritos pidiendo misericordia, y que no cese su agonía hasta desintegrarlo. Que los gusanos devoradores de libros le corroan las entrañas, y cuando al fin vaya a su castigo final, que las llamas del Infierno lo consuman para siempre”.
Suscripción plus
Este artículo está disponible sólo para suscriptores
Si ya tienes una suscripción puedes iniciar sesión aquí.
Suscríbete
Suscripción plus
(impresa y digital)
1 año por $ 799 MXN
Entrega de la edición impresa*
Lectura de la versión impresa en línea
Acceso ilimitado al archivo
Contenidos especiales
*Para envíos internacionales aplica un cargo extra, la tarifa se actualizará al seleccionar la dirección de envío
Suscripción digital
1 año por $ 399 MXN
Lectura de la versión impresa en línea
Acceso ilimitado al archivo
Contenidos especiales
¿Eres suscriptor de la revista y aún no tienes tu nuevo registro?
Para obtenerlo, sólo tienes que validar tus datos o escribe a soporte@nexos.com.mx.