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escuela

Es una tragedia nacional que el cine ha sabido convertir en melodrama o en comedia: el desastre educativo, el fracaso de tantas décadas de propaganda y gasto público en dar escuela a los mexicanos ha dado para la conmovedora epopeya oficialista de Río Escondido (1947) y un breve apunte con remate cómico (“Te mandaron a la fila de los burros, ¡no sabes qué difícil es salir de aquí!”, dice el resignado Poncianito al atribulado Pedro Armendáriz) en Maclovia (1948), de un Emilio Fernández que jamás dudó del proyecto vasconcelista, hasta una catarata de retratos sensibleros sobre maestros abnegados, sobrevivientes de todo infortunio; de los alumnos como materia de llanto se encargaban las adaptaciónes del libro de D’Amicis, Corazón, diario de un niño, en manos de Alejandro Galindo en 1939 y de Julio Bracho en 1960; las apoteosis de nuestros Míster Chips son, en la década de creación del libro de texto gratuito, el anciano cegatón Cipriano (José Elías Moreno) que da clases a un alumno virtual por el cual termina guardando luto (Simitrio, 1960, Emilio Gómez Muriel), la maestra Carmen (María Rivas), con pata de palo, alejada de sus amores de juventud y acusada en falso de alcohólica (La maestra inolvidable, 1968, René Cardona) y Mario Moreno retorciendo el argumento de Río Escondido para regañar a caciques y padres borrachos en El profe (1970, Miguel M. Delgado) en escuelitas rurales más bien idílicas. El mensaje final era que maestros y escuelas ahí estaban, con las luces del saber sobre el escritorio, y era la sociedad degradada e indiferente la que no aprovechaba los dones del gobierno, las monstruosas preparatorianas de Perras (2011, Guillermo Ríos) corroborarían el cuadro de un deterioro moral sin marcha atrás.

Con esa mitología a cuestas, la autopsia del sistema educativo mexicano que ejerce el documental De panzazo, codirigido por Juan Carlos Rulfo y el periodista Carlos Loret de Mola bajo el patrocinio de la asociación civil Mexicanos Primero, es la operación más ambiciosa emprendida por el cine mexicano para desmontar algunos de los factores de ese fracaso monumental: porque ahí están los principales actores, desde las telesecundarias rurales que no tienen televisión ni energía eléctrica, hasta el secretario de Educación, Alonso Lujambio, y la imprescindible secretaria del Sindicato de Trabajadores de la Educación, Elba Esther Gordillo, incapaces ambos de responder a la simple pregunta de ¿cuántos profesores hay en el país?, y en medio el niño Giovani, que estudia y empuja un diablito en un tianguis mientras su mamá lava coches para mantenerlo, los maestros que hablan por celular en clase, los adolescentes que dudan de cualquier futuro (“cuando sea grande voy a ser una adulta pendeja”) y las cifras contundentes y demoledoras sobre nuestro ínfimo lugar en el panorama educativo mundial.

El antecedente directo de la película es el documental norteamericano Esperando a Supermán (2010, David Guggenheim), del que en México se exhibió una sola copia durante una semana, pero ha tenido una sólida vida en DVD. Ahí, el también director de Una verdad incómoda (2006) analizaba la educación pública norteamericana como fábrica de inútiles, botín sindical, cueva de ineficaces, carnaval de una burocracia kafkiana, una burla a las expectativas de los estudiantes pobres y sus familias. Rulfo y Loret siguen, en principio, un método parecido, multiplicar las voces de los involucrados, maestros, alumnos, madres de familia, y apuntalar su desconcierto, su ingenuidad y sus prejuicios (“los chavos de escuelas privadas están mucho mejor preparados que nosotros”) con cifras demoledoras aportadas por Mexicanos Primero, cuya agenda de análisis de la educación en México la ha confrontado directamente con la SEP y el sindicato de Elba Esther. Pero luego la película se abre a otro método, el de documentar los discursos oficiales, primero por la vía del desdoblamiento del documental en registro de sí mismo: Loret busca infructuosamente que le abran las puertas de Secretaría y sindicato para obtener un dato simple: ¿cuántos profesores hay en México? Luego de confrontar a los inevitables policías de la entrada, toda una institución nacional, consigue los testimonios de un desconcertadísimo Alfonso Lujambio (“justo en eso estamos trabajando, Carlos”) y una imperturbable Elba Esther (“mírame a los ojos”); cuando uno dice que ya no se venden las plazas magisteriales, la otra afirma que andan entre los 40 y los 50 mil pesos. De ahí la película toma un derrotero que la vuelve esquizofrénica: van a opinar Denise Desser, Federico Reyes Heroles y otros analistas, más por aportar rostros prestigiosos que visiones esclarecedoras.

De panzazo
tiene demasiados autores, cada uno con un estilo diferente; Juan Carlos Rulfo tiene una mano muy firme y sutil para hacer hablar a la gente común, encontrar el detalle conmovedor o revelador en aquellos que, si no fuera por su cámara, pasarían inadvertidos; dejado a sus fuerzas, el documental habría sido un documento doloroso pero entrañable; Loret quiere hacer un reportaje de factura televisiva, voz en off (la suya), entrevistas cara a cara; y Mexicanos Primero quiere una denuncia ciudadana a partir de sus propios datos y su agenda política, que lleva a un final con canción optimista que niega, en los hechos, la pesadilla recién mostrada.

Hace dos meses apuntábamos aquí sobre la ambiciosa campaña de promoción que hizo de Presunto culpable el éxito insólito de taquilla y el referente político sin precedente, el año pasado. Algo muy parecido se intentó en los últimos días con De panzazo: uno de sus coproductores es el exhibidor Alejandro Ramírez y se ofrecieron funciones especiales para líderes de opinión, gira de medios amplísima, la voluntad de hacer del documental un acontecimiento social. La fórmula ya está hecha, pero habrá que ver si una película fabricada por tantas mentes hasta quitarle su personalidad, convence y conmueve más allá de las expectativas económicas y políticas, o confirma que sin taquilla no hay paraíso.

Gustavo García. Investigador y crítico de cine. Es académico de la UAM-Xochimilco y autor de Al son de la marimba. Chiapas en el cine.