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El piano es un instrumento noble, conmovedor, entrañable. De amplias sonoridades y anchurosos registros. Puede ser cálido y puede ser frío, incluso helado, aunque en ocasiones se vuelve fuego puro.

Keith

El piano es un instrumento íntimo. Tal vez no tenga la sensualidad de la guitarra y su ondulado cuerpo de mujer, pero a cambio brinda vida a borbotones, ya sea desde el callado susurro de una sonata ejecutada en una sala de conciertos o en el cachondo fluir repetitivo de un blues tocado en una taberna del Mississippi.

El piano se adapta a prácticamente todos los géneros y de manera notable al rock y sobre todo al jazz. Es un instrumento que hermana desde sus teclas blancas y negras y desde su resonante caja de cuerdas tensadas al máximo. Melódico, rítmico y armónico, puede ser incluso disonante. Desde su invención, a principios del siglo XVIII, como reemplazo del clavecín, ha sido el conducto para que compositores de los más diversos confines del orbe escriban muchas de las obras que conforman el actual acervo musical de la humanidad. Esto va de Beethoven a George Gershwin. De Rachmaninov a Bill Evans. De Debussy a Memphis Slim. De Chopin a Agustín Lara.

A finales del año pasado aparecieron dos obras discográficas que tienen al piano como base y a sus compositores e intérpretes como eje creativo. Me refiero a Rio, el álbum doble de Keith Jarrett editado por ECM, y a 50 Words for Snow de Kate Bush que apareció bajo el sello Noble & Brite.

Kate

Se trata de dos trabajos monumentales, cada uno a su manera. En el caso de Jarrett, es sabido que este singular pianista, a pesar de haber grabado álbumes en estudio tan espléndidos como Belonging (1974), The Survivor’s Suite (1976) o ese elegiaco homenaje a Miles Davis que es Bye Bye Blackbird (1991), tiene su mayor nivel de grandeza en sus discos en concierto, notoriamente en The Köln Concert (1975), The Sun Bear Solo Concerts (1978) y La Scala (1997), obras en las cuales sólo están él y su piano, en perfecta y sintética comunión. Es el caso de Rio, el reciente álbum doble grabado en la ciudad de Río de Janeiro, Brasil, en abril de 2011. Se trata de una grabación que conmemora los 40 años de virtual matrimonio entre Keith Jarrett y la disquera ECM y dado que su primer disco con este sello fue una obra de piano solo en estudio (Facing You, 1971), el festejo se da ahora con este par de placas grabadas en directo en el Teatro Municipal de la mencionada ciudad carioca.

Estamos ante una absoluta maravilla. Una colección de 15 piezas sin título en las que la improvisación tiene todo que ver. He aquí a Jarrett a plenitud, con su amplísimo rango de ideas y sus infinitas posibilidades para interpretarlas. Los estilos van de un lado a otro, desde el jazz puro hasta la música experimental, desde el blues hasta la balada tipo standard, desde el lirismo clasicista hasta la inspiración capaz de crear melodías y armonías asombrosas.

Todo es nuevo en este trabajo. No hay una sola composición que aparezca en cualquiera de sus múltiples discos anteriores. Pero la pasión brota por todas partes. La sensibilidad del pianista se deja escuchar en cada nota, en cada acorde, en cada figura, en cada uno de sus estentóreos gruñidos y respiraciones (sello sempiterno de la casa). Es pura poesía sin palabras.

En cambio, en el álbum de Kate Bush la poesía está hecha de palabras, palabras que se refieren al invierno, al frío, a la nieve. En su primer disco de canciones nuevas desde el Aerial de 2005, la finísima cantante y compositora inglesa ofrece siete cortes que van de lo minimalista a lo suntuoso, pero siempre con el piano como base instrumental, alrededor del cual giran las percusiones del fantástico Steve Gadd y algunos sutiles coros e instrumentaciones.

50 Words for Snow está constituido por temas largos (“Misty” dura casi 14 minutos), lo que le da un sentido espacial amplio y extrañamente apacible. Esto permite a Bush solazarse con las atmósferas gélidas que al final resultan paradójicamente cálidas y entrañables. La belleza (una belleza en momentos siniestra, hay que decirlo) permea a composiciones como “Snowflake”, “Lake Tahoe”, “Wild Man”, “Among Angels”, la homónima “50 Words for Snow” y la curiosa “Snowed in at Wheeler Street” (con un inesperado Elton John en la segunda voz). Es un disco esplendoroso, mágico, sensual. Es Kate Bush, la artista genial de siempre.

Hugo García Michel. Músico, escritor y periodista. Director de La Mosca en la Red. Columnista de Milenio Diario. Autor de la novela Matar por Ángela.