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Una de las mejores películas que se estrenaron el año pasado no sólo lució su ausencia en la más reciente entrega de los Oscar, sino que ha sido flagrantemente ignorada tanto por la cartelera como por los festivales y muestras de cine mexicanos: The Future (2011), de Miranda July.
 

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La memoria es corta y, por lo visto, se olvidó el gran éxito con el que corrió la ópera prima de la directora estadunidense, Me and You and Everyone We Know (2005), film multipremiado en los festivales internacionales más importantes, incluidas cuatro preseas en el de Cannes, y que se presentó en la tercera emisión de nuestro Festival Internacional de Cine de Morelia.

Nacida en Barre, Vermont, en 1974, creció en Berkeley, California, y, luego de abandonar sus estudios universitarios, se mudó a Portland, Oregon, ciudad en la que comenzó a desempeñarse como performancera y escritora. Desde entonces ha publicado cuentos en revistas como The Paris Review, McSweeney’s y The New Yorker, además de media docena de libros. También formó parte del grupo Kill Rock Stars, con el que grabó un par de discos. Además, fundó el proyectó Joanie4Jackie, dedicado al cine amateur hecho por mujeres. Esta trayectoria culminó con su participación en un taller del festival de Sundance, mismo que tuvo como fruto Me and You and Everyone We Know.

Además de directora, July es protagonista de sus películas, en las que despliega con habilidad toda la serie de talentos de los que se encuentra dotada. Mientras que en Me and You and Everyone We Know representa a una tímida artista visual en ciernes, en The Future encarna a una bailarina frustrada que quiere tener un éxito masivo en línea y que lo sacrifica todo, incluida su relación de pareja, por un momento de gloria (podríamos pensar en una versión muy en clave de, por decir algo, la ochentera Flashdance).

Junto a su preocupación por el arte y el acto creativo, July es una retratista de la intimidad y su más complejo derrotero: el sexo, leitmotiv que pulsa a lo largo de su par de películas, cuyo tema o motivo ulterior es el rito de pasaje. Uno podría trazar un parangón, por ejemplo, con la Happiness (1998) de Todd Solondz, aunque no es precisamente la sordidez de lo explícito lo que anima las muy logradas escenas sexuales filmadas por July, y que no recurren a la desnudez ni al acto erótico —salvo por una notable y abrumadora secuencia de The Future—, sino al lenguaje y las dificultades de comunicación.

Narraciones suburbanas o marginales, las historias que dan vida al par de obras de July son de una sencillez rayana en un aparente aburrimiento. Desechos o rebaba de una sociedad que se desvive por el consumo, la acumulación de bienes y capital y el reconocimiento, los personajes creados por nuestra cineasta son la reducción última del fracaso: prisioneros de un presente que se antoja perenne, en el que el cambio se encuentra aparentemente fuera de sitio, triunfan a su íntima manera, que no es aquella dictada por la convención.

Como ya se dijo, en Me and You and Everyone We Know una artista visual traspone el umbral de lo amateur y consigue un primer reconocimiento por su desempeño, traducido en la exposición de su obra en un museo. De la mano de esta historia corre la de un padre súbitamente soltero, encargado de un par de hijos (un niño y un adolescente) y dependiente de la zapatería de un gran almacén. Los caminos de la artista y del vendedor no tardarán en cruzarse y, mientras su relación se construye luego de varios encuentros y desencuentros, los hijos del segundo consumarán, cada uno a su manera y tiempo, una etapa de su vida sexual.

En The Future una pareja ve su vida alterada luego de rescatar a Paw Paw —quien sirve de narrador—, un gato herido que será recluido en un albergue y liberado apenas se cure. Ante la perspectiva de que, más pronto que tarde, su vida se alterará con la inclusión de Paw Paw en su devenir cotidiano, él y ella deciden renunciar al tedio de la costumbre y dedicarse a lo que siempre han querido hacer (o a lo que siempre han creído que quieren hacer). Llevados al límite por el curso pervertido de sus voluntades, tanto él como ella sufren una transformación que, más allá del lugar común, cambiará para siempre el tenor de sus existencias.

Dueña de un ojo experto en desnudar la condición humana, sus debilidades y sus vericuetos, July ha sabido llevar el lenguaje y la manifestación del performance a la obra fílmica, en un acto que la vuelve única dentro del medio. No estamos ante el nacimiento de una directora de culto más, sino ante la revelación de una artista genuina, la más rara de las aves.

David Miklos. Escritor. Su más reciente libro es La vida triestina.