En Los once de la tribu, Juan Villoro comentó que si José Agustín hubiera cobrado las regalías de todos los libros que leímos gracias a él, estaría forrado de billetes y nadando en la alberca de Elvis Presley. No sólo estoy de acuerdo con Villoro. Agregaría que si muchos incluyéramos en los libros propios un sincero agradecimiento del porqué o por quién comenzamos a escribir, José Agustín sería el mismísimo Elvis Presley.
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