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El primer videojuego que jugué a mis cuatro o cinco años de edad fue Tarzán en la legendaria consola Atari. Era un juego tipo scroll (en el que se avanza de izquierda a derecha de la pantalla) que constaba de varios niveles, en los que el jugador saltaba de liana en liana evitando precipicios y cocodrilos.

Hoy las consolas y los juegos generan una realidad virtual de gran nivel; las historias son envolventes, se puede tener gran empatía con los personajes y la variedad de estilos permite escoger los juegos que más encajen con la personalidad del jugador. Hay juegos concentrados en exploración y desarrollo de habilidades, como los role playing games (juegos que permiten al jugador desarrollar un personaje dentro de parámetros definidos, pero con alto nivel de personalización); otros colocan al jugador en medio de la acción y sólo le exigen sobrevivir mientras la historia avanza y él, en ella. Hay simples juegos de rompecabezas y hay muchas combinaciones de estilos para quien disfruta un poco de todo.

El avance en los videojuegos puede ponerse en un contexto mecánico fácil de entender. El control del Atari constaba de un joystick, o palanca estilo timón, y un botón. El primer Nintendo, más conocido mundialmente, usó un control rectangular con dos botones. Hoy los controles pueden llegar a tener 13 botones y un refinamiento de respuesta impresionante, aunque tal dispositivo está a punto de desaparecer debido a las tecnologías sensibles al movimiento. El control ya puede consistir en el mismo jugador con sensores y parado frente a una cámara. Sin embargo, para juegos de gran precisión todavía es necesario el viejo dispositivo de botones y palancas.

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Los videojuegos han crecido y dejado atrás los límites de lo que pueden reproducir; por lo mismo, han abandonado su categoría de simples juegos para niños.

Algunas personas dirían, y yo soy una de ellas, que los videojuegos se han transformado en el medio más capaz de plasmar la imaginación humana. No hay historia, hazaña o reto tan inmensos que no quepan en un blue ray disc de Playstation 3 o un DVD de Xbox 360, las consolas más reconocidas en este momento junto con el Wii de Nintendo.

Los videojuegos usan todos los elementos de la expresión humana. Utilizan como fuente cualquier elemento cultural y no hay regla que los limite para mezclar dichos elementos. En la pantalla puede verse claramente el uso indiscriminado y muchas veces inspirado de toda la experiencia del ser humano a lo largo de su historia. Van algunos ejemplos.

Empecemos con la literatura. Aunque se cree que los materiales de los juegos tienden a lo simple e infantil, sus historias épicas igualan, y a veces superan, a grandes novelas de ciencia ficción y generan con facilidad la misma cantidad de seguidores. Un ejemplo básico y muy conocido es el de Halo. La historia plantea la existencia de un universo parecido al nuestro, pero con un futuro y un pasado hipotéticos creados con gran detalle y absoluta coherencia. Los personajes y sus motivaciones van al fondo de la naturaleza humana; la complejidad de su historia ha atraído a millones de aficionados. La cantidad de contenidos literarios, novelas, cómics, novelas gráficas, juguetes y parafernalia desprendidos de Halo es tan grande que podría equipararse a la de Star Trek. Han aparecido tres juegos que siguen la historia principal de Halo, centrada en un personaje llamado Master Chief, y existen decenas de juegos basados en este universo.

La música es parte fundamental y característica de los videojuegos. A la fecha no he conocido persona que no pueda identificar la tonadita de Mario Bros o que al escucharla no diga que le suena conocida. La evolución de los videojuegos está acompañada de temas musicales de gran refinamiento; en algunos casos se usan orquestas completas para grabar soundtracks que pueden contener hasta 50 temas diferentes para varios niveles. Estoy pensando en Final Fantasy VIII, una serie legendaria de juegos RPG (Role Playing Game) con uno de los trabajos de musicalización más reconocidos en el mundo. Esta música le da profundidad a la incomparable variedad de ambientes por los que se puede viajar en un juego de 90 horas. Los efectos de sonido son vitales para añadirle realismo a una escena en la que chocan espadas, o hay disparos, o simplemente cae un vaso al suelo.

Pero la música y la historia no representan ni la mitad del trabajo que puede implicar la elaboración de un juego. La arquitectura también forma parte de la programación, y puede apreciarse en los grandes castillos góticos que es necesario atravesar en juegos como Devil May Cry o la impresionante reproducción digital de la ciudad de Damasco en el siglo XII en una historia de asesinos profesionales llevada al mundo digital en Assassin’s Creed. El detalle y las vistas panorámicas de la ciudad tienen un nivel de diseño y recreación arquitectónica incomparables frente a cualquier otro medio. A esto se suman los vestuarios, las armas, las voces y el lenguaje. Un videojuego de tal calibre requiere una producción que desafía al estudio más grande de Hollywood.

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Los videojuegos se parecen, en muchos sentidos, a las películas, un producto cultural consagrado ya durante décadas. Algunos puntos de contacto: se hacen en estudios de producción, se juntan muchas disciplinas para enriquecer las obras y, en su gran mayoría, están enfocados al entretenimiento. Donde más puede verse el parecido entre ambas industrias es en los costos. Los estudios de cine gastan millones de dólares en sus películas y hoy en día los video-juegos están alcanzando esos niveles.

Uno de los más grandes estudios, Ubisoft, declaró recientemente que en promedio un juego cuesta alrededor de 30 millones de dólares. No es el caso de todos los juegos y los gastos varían dependiendo de la consola para la que son diseñados, pero los juegos para consolas grandes como Playstation 3 y que caen dentro de una categoría denominada “AAA” por su tamaño de producción, pueden costar de 30 millones de dólares hacia arriba. El estudio Guerrilla Games, patrocinado por Sony, gastó 45 millones de dólares en su juego épico de guerra interestelar Killzone 2; Kojima Production, patrocinado por Konami, desembolsó 60 millones de dólares en la entrega final del juego más famoso de espionaje: Metal Gear Solid 4; mientras que Bungie, patrocinado por Microsoft, invirtió 55 millones en el final de su trilogía de ciencia ficción Halo 3. Estos juegos se lanzaron al mercado con una publicidad enorme y sus creadores no sólo recuperaron su costo sino que obtuvieron ganancias a manos llenas. Igual que en el mundo del cine, hay grandes fiascos como el juego Too Human, que costó 60 millones de dólares, resultó un desastre de ventas y causó demandas legales por violación de derechos de autor. Muchas personas perdieron su trabajo por esta joyita fallida.

Si las similitudes entre el cine y los videojuegos son numerosas, hay una diferencia importante: el espectador de cine no puede interactuar con los personajes. Una película puede ser emocionante, pero el espectador no participa en la trama. En un juego de aventura como Devil May Cry, el jugador controla a un personaje llamado Dante y se aventura en un castillo, entra a los calabozos a luchar contra demonios, ayuda a Dante a salvar al mundo de un apocalipsis demoniaco.

Sin embargo, la tendencia entre los video-juegos y el cine se dirige a borrar las diferencias. Una mirada a lo que se proponen películas como Avatar muestra que el cine realiza ya productos similares a los video-juegos. Según el mismo director de Avatar, James Cameron, el futuro del cine estará en aquello que los videojuegos llevan haciendo en las últimas dos décadas: el paso a la absoluta realidad virtual. Por su parte, videojuegos como Final Fantasy XII a través de motion capture y CGI (computer-generated imagery) presentan su historia en un formato de película animada.

Los videojuegos han hecho camino desde sus inicios como un par de bits en una pantalla monocromática, hasta convertirse en creaciones artísticas que requieren la dedicación de miles de personas; son parte ya de la cultura popular, con un alcance casi universal por su versatilidad y rentabilidad. Eventualmente, no habrá una persona en el planeta que no haya tenido contacto con un videojuego de una u otra forma, ya sea en sus celulares, en las tabletas, consolas portátiles o como parte central del entretenimiento casero.

Mateo Aguilar Mastretta.
Editor de nexos en línea.

 

 

Un comentario en “Videojuegos: Un ABC

  1. Poco sé de videojuegos. En un pasado lejano recuerdo haber jugado «tenis» en una pantalla. Eran dos rayitas y una bolita, simpleza que muy a mi pesar, me dejó maravillada.
    Ahora que hablas de los capitales, ingenio y literatura invertidos en ellos, me da gusto imaginar la enorme fuente de trabajo que son, con todo respeto, los trillados videojuegos.

    Felicidades, me lograste interesar.