Un completo milagro

Desde que compramos la casa, le eché el ojo. Nadie le hizo caso, excepto yo. Era un espacio pequeño, pero iluminado y con vista al jardín. Originalmente, el espacio estaba destinado a servir de alacena, así que contaba con entrepaños, que no eran para libros porque eran profundos, pero en mi cabeza ya eran libreros. Sólo les faltaba una buena pintada. Instalé mi estudio y coloqué mis libros de poesía y algunos documentos personales de importancia. En las paredes coloqué dos litografías de Egipto que había comprado en el Museo Metropolitano y unas viejas acuarelas de Pompeya.

Este artículo está disponible sólo para suscriptores

Si ya tienes una suscripción puedes iniciar sesión aquí.

Suscríbete

 

Suscripción Plus

Suscripción plus
(impresa y digital)

1 año por $ 799 MXN

Entrega de la edición impresa*
Lectura de la versión impresa en línea
Acceso ilimitado al archivo
Contenidos especiales

Suscríbete

*Para envíos internacionales aplica un cargo extra, la tarifa se actualizará al seleccionar la dirección de envío

 

Suscripción Digital

Suscripción digital

1 año por $ 399 MXN

Lectura de la versión impresa en línea
Acceso ilimitado al archivo
Contenidos especiales

Suscríbete

¿Eres suscriptor de la revista y aún no tienes tu nuevo registro?

Para obtenerlo, sólo tienes que validar tus datos o escribe a soporte@nexos.com.mx.

Escribe tu correo para recibir el boletín con nuestras publicaciones destacadas.


Publicado en: 2011 Septiembre