Fue, como todos dicen, una célebre victoria (simbólica). Entonces ¿qué pudo haber estado mal con las celebraciones enfrente de la Casa Blanca? Hay un viejo cuento judío sobre el libro del Éxodo; dice que cuando el ejército del faraón se ahogó en el mar, los ángeles del cielo comenzaron a celebrar, pero Dios los reprimió: ¿cómo pueden alegrarse cuando mis creaturas se ahogan? Seguramente hay una versión secular de esta misma historia. Diría que debemos celebrar el fin de las guerras pero no la muerte de nuestros enemigos. En nuestro caso, la guerra contra el terrosismo islamista aún no termina.
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