La búsqueda de imágenes relacionadas con la muerte me llevó a las entrañas de La Profesa, un templo anclado en el corazón de la capital mexicana. Mi interés particular consistía en observar con mis propios ojos dos lienzos estremecedoramente sugerentes: Alegoría de la muerte de Tomás Mondragón y un retrato de san Francisco de Borja, atribuido al pintor Alonso López de Herrera. Había leído muchas páginas sobre sendas obras y en la internet localicé las reproducciones, un tanto descoloridas y poco fieles a los originales. Como ocurre en los relatos fantásticos, una noche incierta soñé con ellos y su recuerdo fue —a partir de entonces— imborrable.
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