En la película Besos robados de François Truffaut, Delphine Seyrig le explica a su joven amante la diferencia entre cortesía y tacto: “Un caballero de visita en una casa abre accidentalmente la puerta de un baño y descubre a una mujer completamente desnuda. Rápidamente da un paso atrás, cierra la puerta y dice: ‘¡Perdón, señora!’. Eso es cortesía. El mismo caballero abre la misma puerta y descubre a la misma mujer completamente desnuda, y entonces dice: ‘¡Perdón, señor!’. Eso es tacto”.
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