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Creadores: Jeffrey Lieber, J.J. Abrams y Damon Lindelof.
Temporada: VI.
Reparto:
Naveen Andrews, Matthew Fox, Kate Ryan, Josh Holloway, Michael Emerson, Nestor Carbonell, entre otros.

El final se acerca ya, y si en verdad hemos estado siguiendo los últimos capítulos de la serie Lost, no lo esperaremos serenamente. La principal razón para ello es que los productores de este fenómeno cultural, J. J. Abrams, Carlton Cuse y Damon Lindelof, han entendido muy bien el espíritu del medio televisivo, el verdadero potencial intelectual de la audiencia y la capacidad adictiva de una buena historia de misterio.

Cualquier seguidor medianamente serio de los productos de la televisión entiende muy bien que el espíritu de este medio está íntimamente ligado al concepto del “cliffhanger”, término que significa literalmente dejar colgado al protagonista para saber, en otro momento, si superará el peligro en el que se encuentra. El recurso, por su función, aunque no por el nombre, lo podemos reconocer desde que por las noches Scherezada, para salvar su vida, dejaba al sultán en espera de la solución de un cuento.

La estructura de suspenso se ha adaptado sorprendentemente a las necesidades del medio electrónico más visto alrededor del mundo, y Lost es la serie que mejor nos ha mantenido en espera de soluciones, aunque estemos a punto de cortar la cabeza de sus escritores al final de cada episodio.

Lanzada por los aires a través de la cadena norteamericana ABC (Disney) en 2005, esta serie ha fascinado a los críticos, varios de los cuales la consideran entre las mejores de todos los tiempos. Pero esta relación resulta una amenaza, ya que pareciera que los críticos son una raza ávida de contenidos sofisticados, los cuales a la gente común no le interesan. De hecho, desde un inicio se dijo que la complejidad de la historia y los personajes estaba por arriba de las cosas que podría entender el público en general y esto la haría fallar en los ratings. Un típico caso de subvaloración de la audiencia.

En efecto, la serie es más que un Robinson Crusoe moderno, los problemas de supervivencia en una isla desierta son resueltos a finales de la cuarta temporada. La historia va más allá. Para quienes les guste y para quienes no. El público adoptó estas interrogantes arrojando en Estados Unidos un resultado sorprendente de 18.6 millones de personas para su programa piloto y manteniendo un promedio de 13.8 millones semana tras semana durante cinco años. Sin duda una devoción masiva de fieles que disfrutan de interminables preguntas y que se conforman con las míseras respuestas que se encuentran desperdigadas entre la arena de la playa.

Con estas condiciones no hay otra forma de considerar a los fanáticos de Lost (lostaways o losties) más que como respetuosos seguidores del destino y la coincidencia. Personas inteligentes que viven de la esperanza que trae consigo la sexta temporada, en donde se darán todas las respuestas. Al menos así lo sugieren Cuse y Lindelof, a los que tuve la oportunidad de escuchar en la convención de la National Association of Broadcasters (NAB) en Las Vegas, Nevada, hace un par de años. “Sabremos qué pasa con los viajeros de la parte trasera del avión y con los niños”. Lo cual ya cumplieron. “Pero sobre todo ya tenemos clara cuál será la escena final de la serie”, dijeron entre risas. Y agregaron: “podemos ver hasta el encuadre de la toma”. Ésta es la gran promesa que continuará la próxima semana. Éste es el gran reto que nos mantiene a los fans pegados al televisor. Pero al mismo tiempo es la gran amenaza. Después de cinco años de hacer escalar la tensión, ¿estará el final a la altura de nuestras expectativas?

Los involucrados en la serie se han visto favorecidos por los leales televidentes, quienes como recompensa les han comprado todos los productos ancilares de la serie: figuras de acción creadas por el estudio del extraordinario Todd McFarlane, un videojuego llamado Lost: Via Domus, tarjetas de colección y hasta las novelas publicadas por la empresa filial de Disney, Hyperion Books.

El dinero que se deriva de estos productos puede ser más grande que lo que podríamos ganar apostando a la lotería con los números 4, 8, 15, 16, 23 y 42, y por lo tanto se convierte en una fuerte tentación para no querer dejar la isla, o para convertirla en una continua fuente de ganancias al estilo de Sex and the City. Éste es el mayor cliffhanger para mí.

Por lo pronto, esperaré a que concluyan los 18 episodios de la temporada final. Y lo haré alabando el misterio, como lo hacen los fieles ciegos del templo de la pantalla, disfrutando los rituales de romance entre Kate, Jack y Sawyer, así como las oraciones al Dios de la Ciencia Ficción que nos dirá si el pasado se hará presente o si en nuestro futuro existe otro extraordinario viaje a lo desconocido como el que hasta ahora nos ha regalado Lost.

José A. Soto. Coordinador del Área de Televisión del Departamento de Comunicación de la Universidad Iberoamericana.