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Dirección: William Dear.
Guión: W. William Winokur.
Reparto: Cheech Marin, Clifton Collins Jr., Louis Gossett Jr., Moisés Arias.
Duración: 80 minutos.

Desde sus orígenes, el cine se ha fascinado por el deporte y las hazañas de sus héroes, que en solitario o en equipo han encarnado el espíritu de lucha y sacrificio que se necesita para alcanzar la gloria.

Sirven como ejemplos los estudios estéticos y anatómicos del inglés Eadweard Muybridge iniciados en 1873 —antes incluso de que los Lumière patentaran el cinematógrafo y se pudiera hablar propiamente de cine—, los primeros documentales de las regatas entre Oxford y Cambridge (1899), Charlot boxeador (Charles Chaplin, 1915), Olympia (Leni Riefenstahl, 1938) o clásicos modernos como El Toro Salvaje (Martin Scorsese,1980), Escape a la victoria (John Huston,1981), Carros de fuego (Hugh Hudson,1981), El milagro de Berna (Sönke Wortmann, 2003) o El luchador (Darren Aronofsky, 2008) que, lo mismo a través del documental que de la ficción, proponían el encuentro deportivo como metáfora de la vida. Justo en el uso de esa metáfora, en esa idea de que luchar vale la pena y que el esfuerzo redime o premia, se relaciona El juego perfecto (2009) con todas las cintas anteriores.

El 23 de agosto de 1957, en el estadio de Williamsport, Pensilvania, frente a diez mil personas, se jugaba el partido final de la serie mundial de las ligas pequeñas de beisbol. En el diamante se enfrentaban el poderoso equipo de La Mesa, California, contra la sorpresa del certamen, el equipo mexicano de Monterrey. El encuentro significaba la última etapa de un viaje en el que los niños peloteros del sur del río Bravo, representantes de la Liga Industrial de la capital del estado de Nuevo León, se sobrepusieron a toda clase de adversidades. Después de cruzar la frontera y caminar casi 20 kilómetros cargando su equipo tuvieron que ganar cinco juegos en McAllen, dos en Corpus Christi, dos en Dallas y dos más en Louisville para llegar a la final en Williamsport, todo en medio de comentarios racistas y bromas sobre su estatura y complexión física. En contra de todos los pronósticos, los niños regiomontanos no sólo vencieron al equipo de California sino que lo hicieron con un juego perfecto de su lanzador estrella Ángel Macías.

El juego perfecto, dirigida por el guionista y director canadiense William Dear, abreva directamente de las convenciones del género donde la mística y el trabajo en equipo permiten a David enfrentarse a Goliat con una posibilidad real de vencerlo. Para ello, antes que nada hace uso de los personajes tipo. Están presentes el cura bien intencionado que trabaja con la comunidad y organiza un equipo de beisbol en la parroquia del barrio. También es fundamental el ex pelotero rebelde y retirado que sale de su aislamiento para entrenar a la escuadra y redimirse a través de compartir su sabiduría, y del amor de la muchacha más guapa del lugar. Por supuesto, y como ingrediente principal, no pueden faltar un puñado de niños calamitosos pero carismáticos que serán el eje alrededor del cual gira el relato.

Paradójicamente, y a diferencia de lo podría parecer, El juego perfecto es una película respetuosa de las reglas del melodrama deportivo, la cinta retoma de la historia real de los niños héroes del Monterrey de los años cincuenta un encanto muy especial que parece radicar en su relación con otra película sobre el suceso: Los pequeños gigantes (1960), dirigida por Hugo Butler, guionista canadiense exiliado de Hollywood en México por la persecución macartista y colaborador de Buñuel en los libretos de cintas como Robinson Crusoe o La joven. Los pequeños gigantes es un documental que acompaña las aventuras del equipo infantil que los lleva hasta la mismísima Casa Blanca a conocer al presidente Eisenhower y compartir mesa con Nixon y Johnson.

Así, recuperando elementos contenidos en la cinta de Butler y trabajando de cerca con miembros del equipo original como Pepe Maíz, Enrique Suárez y Ángel Macías, Dear construye en El juego perfecto una película compacta y divertida que tiene en su casting uno de sus principales aciertos. Entre el reparto destacan el comediante chicano Cheech Marin en el papel del cura, Clifton Collins Jr. como el entrenador, Louis Gossett Jr. en un pequeño cameo, y el niño Moisés Arias que indudablemente se roba la película. Es en el campo de beisbol donde se hace evidente su experiencia trabajando con niños, lo que se traduce en momentos memorables en la relación del coach con sus pupilos.

En tiempos en que se mira un par de siglos atrás para tratar de encontrar héroes o referentes nacionales y se apuesta el futuro del país a representativos deportivos que nunca han dado resultados positivos, es relevante conocer y revisar la historia de Ángel, Pepe, Norberto, Ricardo, Enrique y compañía.

Por cierto, un juego perfecto significa que el pitcher no recibió hit ni carrera a lo largo de todo el partido y la estadística señala que no se ha dado ninguno en las finales de las ligas menores desde el de Ángel Macías en 1957.

Fernando Moreno Suárez. Socio fundador de Productora Los Olvidados, conductor de El cine y… en Ibero 90.9, y maestro de cine en la Universidad Iberoamericana.