Dirección: Peter Jackson.
Guión: Fran Walsh, Philippa Boyens y Peter Jackson.
Reparto: Mark Wahlberg, Rachel Weisz, Susan Sarandon y Stanley Tucci.
Duración: 135 minutos.

Susie Salmon tiene 14 años. Tiene una sonrisa contagiosa y hermosos ojos azules. Su voz narra desde el inicio de la película lo que siente, lo que ve, lo que le sucede: que está enamorada del chico inglés de su escuela, que su sueño es fotografiar animales salvajes y que fue brutalmente asesinada por su vecino. No han transcurrido más de cinco minutos de la más reciente cinta de Peter Jackson cuando descubrimos que la historia que estamos a punto de presenciar será contada por una adolescente muerta.

¿Qué puede uno esperar de una trama que devela un secreto tan importante así de pronto, de una narrativa que sacrifica la sorpresa del asesinato como elemento básico del suspense, de una cinta que pretende mantenernos interesados cuando aparentemente ya lo sabemos todo? Pero, sobre todo, ¿qué se puede esperar de un director que debutó con una cinta llamada Bad Taste?, que entre su filmografía se encuentran una película llena de sexo y drogas interpretada por marionetas, un remake de la clásica King Kong, un falso documental sobre el más importante director de cine neozelandés del mundo o la trilogía de El señor de los anillos, uno de los proyectos más sólidos y exitosos de los últimos 10 años.

Se pueden esperar muchas sorpresas. Algunas más afortunadas que otras, pero si algo se le agradece siempre a Peter Jackson es su asombrosa imaginación, su pasión por crear mundos únicos, su gusto por los personajes oscuros y su indudable habilidad narrativa.

Susie Salmon tiene una vida perfecta. Padres cariñosos, hermanos tolerables, una abuela excéntrica y sobre todo muchos sueños. Por desgracia, tiene también un vecino, George Harvey, que construye casas en miniatura cuando no está asesinando mujeres y jovencitas. Harvey atrapa a Susie aprovechándose de su inocencia y le quita la vida. La muerte se convierte así, en el inicio de la historia, en el lugar desde donde Susie lo observa todo aunque sea ya invisible, irremediablemente ausente.
A partir de este momento la cinta se divide drásticamente en dos partes: por un lado, vemos a los destrozados padres de Susie incapaces de sobrellevar la tragedia; a la hermana de Susie que transformará su tristeza en un increíble valor para resolver el crimen; al pequeño hermano, que siente con mayor fuerza que nadie la angustiada presencia de Susie en un lugar, que según el mismo dice, está entre el cielo y la tierra; y a la caótica y alcohólica abuela que además de ser un personaje prescindible y caricaturizado intentará sacar adelante a una familia que se deshace.

Y por el otro lado vemos a Susie en un limbo que a veces es maravilloso, producto de su imaginación y sus deseos, ahora convertidos en recuerdos, donde ya no hay dolor y donde todo parece perfecto. Pero también en un mundo desde donde contempla impotente el sufrimiento de su familia.

Estas dos dimensiones de la película que se mantienen unidas de manera a veces frágil, hacen que la cinta sea en momentos dispareja. Jackson parece sentirse más cómodo desarrollando la tensión del crimen, el drama humano y creando a un espeluznante asesino serial, que retratando el estado transitorio entre la vida y el descanso eterno.

Por fortuna, el personaje de Susie es entrañable, equilibradamente dulce e inteligente, lo cual hace tolerables las secuencias en las que Jackson da rienda suelta a los efectos digitales, que en algunos momentos son excesivos e innecesarios, y a ciertos elementos demasiado cursis y que parecen estar deliberadamente dirigidos a la audiencia de chicas adolescentes que parecen disfrutar la película.

Desde mi cielo, sin embargo, nos cuenta algo más que una historia sobre un crimen o una visión sobre lo que pueda suceder cuando nos toca dejar esta tierra. Más allá de las interpretaciones religiosas o metafísicas que puedan surgir sobre la vida después de la muerte, la cinta termina convirtiéndose en una reflexión sobre la breve temporada que nos toca vivir en este planeta y los lazos fuertes, profundos y quizás eternos que creamos entre nosotros.