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LOS LIBROS Y LA CRÍTICA

LA LOCURA DILUCIDADA

POR EMILY HIND

Este libro mereció el VII Premio Alfaguara, junto con los 175 mil dólares y la edición simultánea en 19 países hispanoparlantes que este reconocimiento otorga. (Por lo menos en teoría, Restrepo recibió casi 512 dólares por página, pero volveré a ese asunto más adelante.) La novela incita la lectura absorbente y deliciosa. Como entretenimiento, Delirio compite de forma exitosa con cualquiera de las películas del verano, meta que con seguridad habrá calculado Alfaguara. Una de las razones por las que Delirio engancha desde sus primeras páginas se debe a la fluctuación entre la tercera persona y una multiplicidad de primeras personas. Este giro constante de voces se complementa con el encadenamiento de oraciones con comas. En consecuencia, se acelera la lectura para imitar la velocidad confusa de un delirio.

El centro de la novela, situada en su mayoría en la ciudad de Bogotá de los años ochenta, es Agustina, la bella loca. Además de la belleza física de Agustina, la protagonista demuestra otra cualidad redentora: Aguilar, su esposo devoto. Aguilar dispone de la voz en tercera persona que maneja la novela e investiga la causa de un episodio de locura atormentada de Agustina. Esas investigaciones de la mala racha de Agustina abarcan varias voces, incluyendo la narrativa de Midas McAlister, intermediario entre Pablo Escobar y la oligarquía de Bogotá, además de amigo de la acaudalada familia de Agustina. Otro hilo explicativo se relaciona con los abuelos de Agustina, quienes parecen originar tanto el delirio como la manera en que la familia debe manejarlo: una afición (que es a la vez aflicción) por la mentira.

A lo largo de la novela, entonces, la mentira familiar se desentraña para explicar la locura de Agustina. Dada la mención anterior de Pablo Escobar, no sorprenderá que esa mentira familiar represente la historia reciente colombiana. La obra de Restrepo alegoriza  los problemas nacionales a través del comportamiento patológico de una familia adinerada. El delirio de Agustina ofrece una visión intuitiva que descubre las mentiras de esa amalgama de país y familia. Así, Restrepo sugiere que el problema de Colombia radica en la mentira y en la incapacidad colectiva para renunciar al control sobre la sexualidad ajena.

Esa explicación, tal vez algo ligera, anticipa los problemas que se hacen notar hacia el final de la novela. El primer dilema lo advierte la novela misma desde su epígrafe, que cita a Gore Vidal, quien a su vez cita a Henry James, quien «siempre les advertía a los escritores que no debían poner a un loco como personaje central de una narración, sobre la base de que al no ser el loco moralmente responsable, no habría verdadera historia que contar». Sin embargo, si Agustina es el centro de la novela de Restrepo, resulta que sí hay historia que contar; aun si la protagonista no carga con la responsabilidad de su locura, esa locura se puede explicar. Es decir, a través de la resolución de la novela se puede atribuir a ciertas personas la responsabilidad por el delirio y se entiende que Agustina sufre por razones coherentes. Si bien los fragmentos de la narrativa forman un rompecabezas con todas sus piezas, el delirio de Restrepo compone menos una locura que un juego vanguardista.

Esa locura dilucidada se relaciona con otro inconveniente: la conclusión. El final de Delirio se arrastra comparado con el vértigo de sus páginas anteriores. Sin la locura activa de Agustina, y con la explicación despachada, la narrativa pierde urgencia. En vista de ese final hollywoodense y decepcionante, vale la pena observar que el Premio Alfaguara parece sortearse no sólo por calidad literaria, sino también por kilo. Tal vez Restrepo sentía que necesitaba la conclusión y todas las otras explicaciones por demás por motivos de peso: el mercado favorece largas novelas. Las ocho novelas que han merecido los siete premios Alfaguara no bajan de 296 páginas; las dos más largas son las mexicanas de Poniatowska y Xavier Velasco con 473 y 504 páginas, respectivamente. De hecho, el promedio de páginas de una novela premiada con el Alfaguara es de 381. Si el propósito del premio es distribuir una cantidad considerable de dinero entre una cantidad considerable de páginas y así garantizar una novela que se explica y se sobreexplica, o sea, garantizar una novela que nadie va a rechazar por indeterminada, Alfaguara cumple con el objetivo. n