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TENDENCIAS

ELECCIONES EN ESTADOS UNIDOS: TODO POR ESCRIBIRSE

POR ARTURO BALDERAS

Incluso quienes en el 2000 votaron por Bush se preguntan ahora cómo se pudo llegar a una situación tan caótica en el entorno internacional y de tanta confusión y división internas.

Es imposible hacer un pronóstico sobre lo que sucederá en las elecciones de Estados Unidos el próximo noviembre. Pocos son los datos a partir de los cuales se pudiera hacer un diagnóstico más o menos certero. Las campañas de los virtuales candidatos, John Kerry del Partido Demócrata y George W. Bush del Republicano, han entrado a un periodo de lucha sorda de la cual no siempre dan cuenta las noticias. Los acontecimientos en Irak han atrapado la atención de los medios de comunicación y la sustancia de las campañas se pierde en las páginas interiores de la prensa. En la radio y televisión la información se torna esporádica y capsular.

En el caso del candidato demócrata era de esperarse que después de la campaña en las elecciones primarias la luz de los reflectores se atenuara una vez que fue declarado virtual candidato. Ahora sólo es noticia de primera plana cuando se refiere a la cada vez más desastrosa política del gobierno en Irak. Cuando habla sobre los problemas económicos, de salud o de educación, la nota pasa a las páginas interiores de los diarios,  y permanecerá en ese plano a menos que se refiera a ellos de forma sensacionalista, a lo que no parece estar dispuesto.

El presidente Bush no tiene ese problema. Día con día lo que hace o deja de hacer es noticia de primera plana y motivo de comentario en la radio y la televisión. Esto es normal por lo que sus actos significan para el país del que es primer mandatario. Sus problemas tienen que ver con las equivocaciones que, a los ojos de por lo menos el 40% de los norteamericanos, comete en la conducción del país, lo mismo en Irak que en el plano económico o social. En este sentido, el futuro político de Bush depende de él mismo, más que de los aciertos o desaciertos de su rival en la carrera por la presidencia. Muy probablemente la base dura del Partido Republicano que representa el otro 40% del electorado lo seguirá apoyando independientemente de sus aciertos o desaciertos. En estos últimos la afinidad ideológica pesará más que los errores, por graves que sean.

A final de cuentas, los que decidan las elecciones serán nuevamente los votantes considerados como independientes, ese movedizo 20% a los que normalmente se les sitúa en el centro del espectro político. Pensando en ello, el Partido Demócrata prefirió la mesura de John Kerry al radicalismo de Howard Dean. Es también una de las razones por las que el presidente Bush insiste en cortejar al electorado latino a pesar del evidente desagrado que eso causa en los republicanos más conservadores. Sin embargo, a pesar de esas certezas, no está por demás recordar que en las elecciones del 2000 el 6% de los votos el candidato independiente Ralph Nader, cuyo discurso estaba a la izquierda del demócrata Al Gore, fue una de las claves en la derrota de este último. Visto así, no fue el centro sino en la izquierda en donde los demócratas perdieron un significativo número de votos.

Con seguridad uno y otro candidato sopesarán las ventajas que les representa cortejar al electorado del centro a costa de las demandas de los que están en uno y otro extremo del espectro político. Pero hay otros problemas en cuya solución la sensibilidad política de los candidatos será clave.

En el caso de John Kerry hay que destacar dos cuestiones que pueden significarle un dolor de cabeza en sus aspiraciones a la presidencia. Su posición sobre el conflicto en Irak y su apuesta a que la economía continuara relativamente estancada.

• Buena parte de las intervenciones durante su campaña ha sido para enmendarle la plana al presidente sobre lo que él considera como sus errores en Irak, el reducido número de tropas que se han enviado a ese país, y otro la limitada capacidad de convocatoria para involucrar a las Naciones Unidas en el conflicto. Kerry ha insistido en que es necesario aumentar el número de soldados en Irak, incluso en contra de la opinión del 42% de los norteamericanos que de acuerdo a las encuestas han expresado su deseo de que las tropas regresen de inmediato. En el primer caso, a pesar de lo controvertido de la decisión, el Consejo de Seguridad de la ONU apoyó la resolución de transferir la «soberanía plena» de Irak al Consejo de Gobierno que conducirá sus destinos hasta las elecciones en el año 2005. Este espaldarazo a la propuesta del presidente Bush debilita la posición del candidato demócrata Kerry en el sentido de involucrar a la ONU en el conflicto irakí. En el segundo tema el presidente Bush también puede, en un momento dado, acordar el envío de más tropas a Irak. Kerry perdería dos de sus banderas y acabaría contrapuesto al deseo del 42% de los norteamericanos que pide el regreso inmediato de las tropas.

• El asunto de la economía es más complejo, y buena parte de su solución está en factores que en el corto plazo escapan a la voluntad de uno y otro candidato. Kerry ha criticado al gobierno por su fracaso en la conducción de la economía, responsabilizándolo del «lamentable estado» en que se encuentra. En opinión de diversos economistas hay una parte de cierto en esto. Sin embargo, con excepción de los recortes de impuestos que afectarán negativamente al país en el mediano y largo plazos, la crisis económica tiene que ver más con un ciclo natural cuya fase aguda ya concluyó. Así lo muestra el crecimiento en el producto interno, el de las ventas y el del mercado de valores. Inclusive en el sector laboral, cuyo crecimiento ha sido nimio, ya hay alguna mejoría. En lo que va del año se han creado o recuperado cerca de un millón de empleos de los cerca de siete millones que se estima se perdieron en los últimos tres años. Si en los próximos meses se confirman estas tendencias, Kerry perdería otra de sus más importantes banderas. Esto no quiere decir que los problemas económicos estarán resueltos para la mayoría, pero esos resultados los explotaría el equipo de campaña de Bush, probablemente con éxito.

Kerry ha recibido más apoyo en su campaña cuando ha expresado su oposición a la privatización de los servicios educativos y de salud, su apoyo al derecho de decisión en torno al aborto, el respeto a los derechos de las minorías, la protección del medio ambiente, y la instrumentación de una política fiscal en la que paguen más impuestos quienes más ganan. Estas son las demandas que históricamente han definido la ideología del Partido Demócrata. Son las que su base natural aplaudió cuando Howard Dean disputaba la candidatura y son las que tienden a situar a su electorado más a la izquierda en el mapa político.

En el caso de Bush como candidato, lo que se ha podido constatar es que su peor enemigo es él mismo como presidente.

•  La inclinación cada vez más conservadora de su gobierno a contrapelo de sectores amplios de la población que exigen vehementemente el respeto a sus derechos: mujeres, homosexuales, inmigrantes, pueblos indios y una amplia constelación de minorías a las que el actual gobierno insiste en marginar.

•  Las razones que se usaron como pretexto para invadir un país al que falsamente se ligó al terrorismo.

•  La desastrosa ocupación de Irak que amenaza con reeditar los peores momentos de la guerra en Vietnam.

•   Las revelaciones sobre las graves violaciones a los derechos humanos, lo mismo en Guantánamo que en Irak o Afganistán.

•  La cancelación de programas y medidas para la protección del medio ambiente.

•  La persistencia en borrar la ya de por sí tenue demarcación entre Iglesia y Estado.

•   La intención de poner taxativas para que sea la mujer la que decida la conveniencia de abortar.

•  La incapacidad para instrumentar una recuperación económica más rápida y que además garantice una mejor distribución del ingreso.

•  La irresponsabilidad fiscal, producto de uno de los mayores déficit en la historia de Estados Unidos.

Estas son las principales razones por las que buena parte de los norteamericanos están disgustados y preocupados. Incluso quienes en el 2000 votaron por Bush se preguntan ahora cómo se pudo llegar a una situación tan caótica en el entorno internacional y de tanta confusión y división en el interno. Por si esto fuera poco, algunos prominentes republicanos han expresado públicamente su disgusto por la actitud de personajes como el vicepresidente Cheney y el secretario de la Defensa, Rumsfeld, cuya influencia en el presidente es conocida. Sin embargo, esas mismas son las razones por las que el 40% del electorado continúa apoyando a George W. Bush. En lo que va de su gobierno la agenda conservadora distintiva del Partido Republicano se ha sublimado y eso puede darle el triunfo nuevamente.

Cuando este comentario se haya publicado, la convención del Partido Demócrata se habrá efectuado, y la del Republicano estará por celebrarse. Las actividades propiamente electorales de los candidatos volverán a ocupar las primeras páginas con mayor frecuencia. Kerry habrá definido su plataforma política y tal vez recobre el discurso agresivo que tuvo las elecciones primarias. En la medida de ello, quienes lo han criticado por su tibieza lo apoyarán nuevamente. De no ser así, muy probablemente Ralph Nader se convertirá nuevamente en el aguafiestas de la causa demócrata. n