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ESCRITURAS

SEMBLANZA DE DAVID A. BRADING

POR ENRIQUE FLORESCANO

Los libros de Brading forman una de las construcciones historiográficas más sólidas de nuestro tiempo, y es la mejor guía que se puede recomendar a quien desea indagar la forja del México que va del siglo XVI a nuestros días.

Con David Brading me ha unido la coincidencia de pertenecer a la misma cohorte generacional, el oficio de historiador y las «afinidades electivas». David publicó su tesis doctoral en 1971 (Miners and Merchants in Bourbon México, 1763-1810), y la mía salió de las prensas de El Colegio de México en 1969 (Precios del maíz y crisis agrícolas en México, 1708- 1810). Estas convergencias profesionales abonaron el camino para nuestro encuentro personal en 1971, en Lima, con ocasión del Simposio de historia económica de América Latina, el primero de este género que tuvo lugar en la región y que me tocó coordinar en el marco del Congreso Internacional de Americanistas.1

Tuve entonces la fortuna de conocer también a su esposa, Celia Wu, historiadora peruana. Con ambos y la grata compañía de Alejandra Moreno Toscano, recorrimos Lima de noche y de día y visitamos otras ciudades, museos y monumentos peruanos. Entre un trayecto y otro nos enredamos en conversaciones interminables sobre los caminos que entonces transitaba la historiografía; divagamos sobre la calidad de las chifas y restaurantes peruanos; coincidimos en exaltar la pintura de las escuelas de Cuzco y Potosí, e inevitablemente expresamos temores por la sombría encrucijada que atravesaban los países de América Latina, sin percibir entonces que esas condiciones inestables enunciaban una debilidad crónica. Esta comunión temprana se acendró más tarde por obra de una relación sostenida por más de tres décadas. A lo largo de esos años hemos compartido experiencias enriquecedoras y asistido a numerosas reuniones de historiadores en distintas regiones y ambientes: la ciudad de México, Morelia, Pátzcuaro, Tlaxcala, Puebla, Jalapa, Oaxaca. Monte Albán. Mitla, las zonas arqueológicas de Veracruz, Tabasco y Yucatán; Berkeley, San Francisco, Nueva York, Roma, Florencia. Asis. Cambridge, Oxford. Londres. París… Esos encuentros, acompañados por intensas conversaciones en restaurantes, cafés, bares y caminatas, me depararon la oportunidad de conocer más íntimamente a este historiador inglés, quien en las presentaciones iniciales brinda una imagen cortés y un tanto tímida, que pronto se desvanece por su disposición natural al diálogo y al conocimiento del otro.

De esa amistad ininterrumpida guardo recuerdos gratos y tres imágenes perdurables. La primera tiene que ver con el rigor y el virtuosismo de la obra de David Brading, concentrada en México y en los cronistas y pensadores hispanoamericanos. Las indagaciones históricas de David están señaladas por el manejo dilatado de fuentes primarias, sean éstas datos de producción minera o agrícola, inventarios notariales, censos y registros parroquiales, crónicas, tratados políticos o imaginarios colectivos.2 Sobre esta base impresionante por su magnitud y densidad, descansan sus obras sobre el comercio, la minería y la agricultura de Nueva España, los espléndidos análisis sobre la formación de la identidad criolla y los estudios relativos a la religión y el nacionalismo mexicano.

El rasgo notable de su rica producción no es sólo el formidable basamento que la sustenta, sino la conjunción de éste con la profundidad y precisión del análisis y la interrelación de ambos con el acabado final: una construcción donde la embonadura de las diferentes partes y la lucidez de la escritura provocan la sensación de descubrir algo hasta entonces oculto o nunca antes explorado, y la certeza de que esos descubrimientos son trascendentes, perdurables.

Así. Miners and Merchants (1971) vino a ser el primer análisis sólido de la producción minera, la formación del capital mercantil y los flujos de ambos hacia la agricultura y otras actividades entre 1750 y 1850. Brading remató este ejercicio con una presentación innovadora de las reformas borbónicas, la revolución operada desde el gobierno metropolitano que desencadenó en Nueva España los cambios mentales, administrativos y políticos más profundos desde la formación de la sociedad colonial en el siglo XVI. Como lo advirtió Eric Van Young, Miners and Merchants estableció una nueva cronología de las transformaciones ocurridas en Nueva España en el siglo XVIII, pues en lugar de fijar la ruptura estructural del siglo en el movimiento independentista de 1810-1821, consideró la época borbónica como el disparador de las disrupciones políticas y mentales que estallaron en 1810 y se propagaron entre 1821 y 1850.3

En contraste con la idea generalizada de que la hacienda rural era uno de los pivotes sustentadores de la economía novohispana, en Haciendas y ranchos del Bajío (1978) David puso al descubierto la recurrente inestabilidad de la propiedad agraria entre 1750 y 1850. La fuerza de este análisis se fincó en el señalamiento de tres factores que incidieron en la inestabilidad de la propiedad territorial: el sistema de herencias que fraccionaba la tierra entre muchos hijos, las abruptas alzas y bajas de los ingresos provocadas por los ciclos agrícolas, y la incapacidad de acumular ganancias de manera progresiva en virtud de la inexorable recurrencia de esas coyunturas críticas (Brading, 1978).

The First America (1991) significó el regreso a uno de los temas más entrañables para David Brading, la formación de la identidad criolla y mexicana; pero en este libro esa revisión adquirió una dimensión desmesurada. The First America es la primera obra que persigue con pasmosa erudición el desarrollo del pensamiento americano a lo largo de 450 años (desde principios del siglo XVI hasta 1867), a través de la literatura histórica, la teología, el arte y el pensamiento político de eminentes actores de ese tiempo. Se trata, en contraste con sus obras anteriores de historia económica y social, de un estudio de las ideas e imaginarios proyectados por la elite de criollos y mestizos, de un tour de force que culmina una prolongada reflexión sobre los factores que forjaron la identidad americana, un monumento historiográfico que sobresale entre las obras mayores de la literatura hispanoamericana (Brading, 1991; Florescano, 2001).

Hay historiadores de una sola obra, la opera prima, realizada de modo brillante en los inicios del oficio. Otros logran concluir la obra soñada en el ocaso de la vida, como resultado del saber acumulado al cabo de una larga experiencia. David Brading contrasta con ambos tipos. Su primera obra (Miners and Merchants) lo situó como una de las promesas mejor logradas de su generación. Desde entonces no ha dejado de sorprendernos. Por lo menos cada vez que pasa un lustro nos brinda una visión fresca del pasado. Pero lo que resulta extraordinario en esta producción es que si el último libro no es mejor que los anteriores, está marcado por el sello de la innovación temática y el despliegue de métodos y enfoques adquiridos para responder a los desafíos epistemológicos aparejados con el nuevo sujeto de la investigación.

Tal es el caso de Mexican Phenix. Our Lady of Guadalupe: Image and Tradition Across Five Centuries (2001), traducido al español con el título de La virgen de Guadalupe. Imagen y tradición (Taurus, 2002). En The First America David había llevado a alturas insospechadas su capacidad analítica para diseccionar la obra escrita de los autores más representativos del pensamiento hispanoamericano, un ejercicio que comenzó con Los orígenes del nacionalismo mexicano (1972).

En Our Lady of Guadalupe David se impuso uno de los mayores retos que un historiador mexicanista puede encarar: arrojar luz sobre el florecimiento y la indeclinable permanencia de la Guadalupana en la historia de México, desde su aparición teológica en la obra de Miguel Sánchez (1648), hasta el presente, donde su imagen resplandece iluminada por la tradición de sus apariciones al indio Juan Diego, como bandera de los ejércitos insurgentes, reina y madre de la patria mestiza, fundamento de la Iglesia mexicana, símbolo de la religiosidad popular, protectora de los desamparados, Arca de la Alianza donde reposa el «pacto primordial entre la Virgen María en su imagen de Guadalupe y el pueblo de México», y emblema de la identidad mexicana (Brading, 2002: 564).

Aun cuando David advierte que esta obra se centra sólo en «las doctrinas, la historia y las ceremonias» dedicadas a la Guadalupana, su empatia con el catolicismo y su profundo conocimiento de la historia de nuestro país lo llevaron a producir un libro inmensamente rico y fascinante sobre la religiosidad mexicana, enmarcado en el contexto de la religiosidad hispanoamericana y católica. David resume aquí su maestría para penetrar en el sentido profundo de los textos (en este caso teológicos), y exhibe nuevos instrumentos para analizar la imagen, el mito y el ceremonial religioso.

En conjunto, los libros de David forman una de las construcciones historiográficas más sólidas de nuestro tiempo, y es la mejor guía que se puede recomendar a quien desea indagar la forja del México que va del siglo XVI a nuestros días. Obra rigurosa, iluminadora, transida por la ambición de comprender y explicar. A estas virtudes David ha sumado la compulsión de ampliar sus puntos de observación conforme crecen o se modifican los temas que atraen su interés. Como se ha visto, en lugar de seguir ordeñando la misma vaca con los artilugios aprendidos en los orígenes del oficio, se ha desplazado del cultivo del análisis económico al del estudio de los grupos y los comportamientos colectivos, de la historia social al escrutinio de las ideas, los imaginarios colectivos, la religiosidad y los mitos de identidad. En una palabra, la segunda imagen de David que viene a mi memoria es la de un historiador en constante crecimiento, impelido por el anhelo de descubrir y capturar en unas páginas la huella de los seres humanos en la historia.

Mi tercera imagen de David es personal. Si echo la vista hacia atrás veo, pegada a la figura del historiador, la imagen de un hombre inteligente, abierto, tolerante, siempre inquisitivo y regido por principios morales rigurosos. La ética que trasluce la lectura de la obra del historiador es la misma que anima a la persona, y quizá por eso el trato y la conversación con David producen la sensación de sensatez, equilibrio, riqueza, profundidad, deliberación y curiosidad inagotable. Por esas cualidades y por la semejanza de nuestras tareas y fijaciones historiográficas, mi conversación con David, inmediata o lejana, hablada o muda, ha sido una de las más largas y gratificantes que recuerdo.

En mi memoria la obra de David Brading camina estrechamente unida con la amistad, a tal punto que me resulta imposible separar una de la otra. Con ambas estoy en deuda, tanto por las luces y el gozo intelectual que me ha brindado la primera, como por la intensa sensación de comunión, calidez y humanidad que provienen de la segunda. n

1 En ese simposio, además de David Brading participaron Heraclio Bonilla. Woodrow Borah. Marcelo Carmagnani. Roberto Cortés Conde. Tulio Halperin. Francisco Iglesias, Juan Maiguashca. Thomas Mathews, Juan Oddone y Ruggiero Romano, y sus artículos se publicaron en La historia económica en América Latina. SepSetentas. 1972. 2 vols.

La versión inglesa de este texto fue hecha para el libro coordinado por Susan Deans-Smith, Eric Van Young y David Weiland, Visions and Revisions in Mexican History: Essays in Honour of David A. Brading. que publicará próximamente el Institute of Latin American Studies de Londres. Inglaterra.

2 El mismo Brading ha descrito en breves páginas las experiencias que lo hicieron historiador, y la sensación inefable que proporciona descubrir, en la masa de papeles y datos acumulados en los archivos, los testimonios que iluminan un periodo, un proceso, una trama o un momento de la historia de un individuo, grupo o nación. Véase Florescano, Enrique y Pérez Montfort, Ricardo (comps.), 1995.

3 Van Young, 1999.

BIBLIOGRAFÍA BRADING, DAVID A.

1971   Miners and Merchants in Bourbon México, 1763-1810, Cambridge University Press.

1972   Los orígenes del nacionalismo mexicano, México, SepSetentas.

1978 Haciendas and Ranchos in the Mexican Bajío, León, 1700-1860, Cambridge University Press. 1991 The First America, Cambridge University Press. 2001 Mexican Phenix. Our Lady of Guadalupe: Image and Tradition Across Five Centuries, Cambridge University Press.

Florescano, Enrique, Memoria mexicana, Taurus, 2001.

Florescano, Enrique y Pérez Montfort, Ricardo (comps.), «David A. Brading», en Historiadores de México en el siglo XX, Fondo de Cultura Económica, 1995, pp. 404-426.

Van Young, Eric, «Brading’s Century: Some Reflections on David A, Brading’s Work and the Historiography of México, 1750-1850», en Visions and Revisions in Mexican History: A Conference in Honour of Dr. David A. Brading, Cambridge University Press, 1999.