A quien nos lee,
si quieres apoyar nuestro trabajo te invitamos a suscribirte a la edición impresa.

SUSCRÍBETE

LAS NUEVAS MALINCHES: MUJERES FRONTERIZAS

POR MARISA BELAUSTEGUIGOITIA

¿Podemos hablar, aún hoy, de un imaginario de la traición representado por las mujeres indias que hablan en «lenguas», en particular a aquellos considerados extraños o externos? Este artículo referido a las nuevas Malinches borda sobre las respuestas a tal pregunta.

Las fronteras pueden ser filos, bordes o límites. Los territorios pueden ser rajados, limitados y cercados. ¿Qué hay de los cuerpos? ¿Puede un cuerpo, como un territorio, ser límite, hacer frontera o ser expuesto para ser cortado, rajado, por filos de alguna frontera? ¿Puede una lengua cortar?

Este ensayo habla de incisiones, aperturas y límites hechos con el cuerpo y con la lengua. Explora las formas en que se raja en sus dos acepciones, como corte y como traición. Alude así a la construcción de epistemologías alternativas de la «rajada», como obvia referencia a El laberinto de la soledad y su interpretación de los mexicanos como «hijos de la rajada» o, en otras palabras, «hijos de la chingada».1

La «rajada» como concepto da lugar a uno de los relatos fundacionales que han conformado el discurso sobre la identidad nacional. «La rajada» es una herida causada por una traición del cuerpo, pero sobre todo de la lengua. Reviso aquí un paradigma nacional que colocó a la mujer, a la india, en cuerpo y lengua, como el sujeto de la «rajada» por excelencia. Carne y sentido en posición de cortar y ser cortados. Me refiero, ya se ve, al cuerpo y la lengua de un sujeto paradigmático del corte y la rajadura: La Malinche. Rajar en cuerpo y lengua testifica uno de los sinos de las mujeres desde el registro patriarcal: la entrega corporal al otro, el exceso verbal y la traición.

¿Podemos hablar, aún hoy, de un imaginario de la traición representado por las mujeres indias que hablan en «lenguas,» en particular a aquellos considerados extraños o externos?

El paradigma de la traducción/traición puede ser leído de muchas maneras. Yo aludiré a uno de los escenarios donde hoy por hoy algunas mujeres siguen siendo consideradas traidoras por hablar en «lenguas» y con «extraños.» Me refiero a las mujeres migrantes y no a todas ellas: las que han revivido este vínculo traducción/traición, sino a través del cuerpo y la lengua  de mujeres indias, sí en relación con mujeres «indianizadas». Un grupo particular de mujeres migrantes que se han hecho llamar chicanas y han hecho un trabajo de revisión sobre La Malinche.

¿Qué es lo que comparten las mujeres chicanas con La Malinche como mito fundacional? El rajar con la lengua y abrir el cuerpo a lo exterior, es decir, portar la simiente de la traición en cuerpo y lengua al traducir, como en el caso de La Malinche, aquellos discursos que quiebran la unidad y replantean las formas tanto de pertenencia como de liberación, o resistencia.2

¿Se puede traducir a dos mundos culturales sin traicionar? Las chicanas replantean la situación de La Malinche desde múltiples ángulos. La plataforma común que las une es el hecho de constituirse como «Malinches» de sus familias, de sus madres, de sus vecindarios y de ambas naciones, la de origen y la de destino. Acusadas de «rajadoras» más que de «rajonas», han aprendido a nombrar las coordenadas de sus propias luchas.

Desde los años setenta varias intelectuales y artistas fronterizas han trabajado intensamente con la figura de La Malinche desde otro lugar simbólico y definitivamente con proyectos distintos. Me refiero al trabajo de escritoras e intelectuales chicanas sobre La Malinche a partir de gestos críticos que desafían las interpretaciones de la «chingada» y la «vendepatrias», de la mujer como pasiva y traidora, y la sitúan más allá, en los registros estético y político.3 Un texto fundacional para la revisión del lugar de traductoras/traidoras del norte ha sido Esta puente mi espalda de Cherrie Moraga y Gloria Anzaldúa, publicado en 1985.4

Esta puente mi espalda se refiere a los puentes que las mujeres fronterizas o migrantes crean con sus lenguas y sus espaldas, al trabajar intensamente para que culturas, sexos, géneros y naciones diferentes puedan entenderse y convivir. Dice Anzaldúa «cuando nos extendemos como puente entre las diferencias nuestras, esta expresión mantiene la promesa de aliviar las heridas causadas por los siglos de nuestra separación». Son las mujeres las que funcionan como dispositivos de la traducción entre padres e hijas, entre lenguajes y costumbres modernas y tradicionales y finalmente «traducen» a las feministas estadunidenses lo que constituye la identidad latina, sexual, proletaria femenina.

El texto es una propuesta de sustitución de las espaldas, las espaldas «mojadas», por las lenguas afiladas para la «reconquista» del territorio estadunidense.

Su condición de proletarias, racializadas como indias en los Estados Unidos, ha hecho de su identidad un «doble» de las mujeres indias, una figura en el espejo de las indígenas que no cruzaron esta frontera y permanecieron en la nación que las representa sin escucharlas. Reivindican lengua, religión, costumbres y creencias propias mexicanas, pero con los trastocamientos de la experiencia, el contacto lingüístico y simbólico propio de las formas de vivir en los Estados Unidos y resistirlo. Elaboran en torno a la figura de La Malinche un proyecto narrativo distinto, el de develar la «otra mujer,» la indígena, la esclava, no la que vende a un pueblo sino la vendida, significada bajo la acusación de traidora. Se identifican propositivemente con aquello que la ciudadanía mexicana rehusa como categoría de identificación: lo indio y, más aún, la india.

Es interesante que a la figura de La Malinche, la indígena traductora/traidora se la hayan apropiado mujeres fronterizas pobres, proletarias, las «dobles» indígenas y migrantes. Es una apropiación como arquetipo liberador, no solamente como paradigma sino justamente por ser eso: india, rajada y bilingüe.5 La figura de La Malinche ha empoderado políticamente a mujeres pobres, proletarias, indígenas o su identidad indígena, solamente fuera de los límites geográficos de la nación mexicana, por las «Prietas» que se han fugado de la «patria» y han ido a radicar a Estados Unidos. n

1 Además de Octavio Paz, que en El laberinto de la soledad elabora en torno a este paradigma, durante los siglos XIX y principios del XX ya La Malinche era utilizada como figura paradigmática para la construcción de la identidad nacional. La figura de La Malinche funcionó después de la independencia como relato maestro para componer una axiología, diferenciada por género, de la incipiente nación mexicana, donde a la condición de la traición, propiamente femenina, se le opuso el sacrificio. De esta forma se inauguró, para fines patrióticos, el binomio traidora vs. sacrificada, marcaba que el camino idóneo y nacionalista de la feminidad. Durante el siglo XIX y el periodo posrevolucionario del siglo XX se multiplicó la construcción de figuras femeninas dicotómicas (Virgen de Guadalupe/Malintzin, Eva/Virgen María) en las cuales La Malinche ocupa el lugar de traidora. Este plano axiológico se ampara en la condición de La Malinche como «lengua» y «barragana» de Cortés, es decir, en los actos que involucraron su lengua y su cuerpo.

2Las mujeres migrantes hacia Estados Unidos son consideradas traidoras pues el contacto con la vida cultural en ese país interviene en sus cuerpos y en sus lenguas de manera tal que cuando regresan «no son las de antes»; son malhabladas, «deslenguadas», han perdido el pudor al vestir y contaminan la lengua nacional con el inglés. En una palabra han dejado de ser mujeres mexicanas.

3Destacan, entre otras, Norma Alarcón, Cherrie Moraga, Gloria Anzaldúa, Yolanda López.

4El femenino para el sustantivo «puente» quiere connotar que el sexo del «puenteo» es prepositivamente femenino. Valga el discutido y discutible error gramatical para evidenciar dos cosas: que el puente se construye sobre las espaldas de las mujeres y que al hablar pueden «rajar» el idioma El texto constituye un manifiesto de mujeres tercermundistas migrantes que viven en Estados Unidos, chicanas, cubanas, puertorriqueñas, orientales, negras e indígenas. Estos textos son un intento por «traducir» las formas en que la modernidad, la nación y la familia, ha traicionado a las mujeres subalternas de color. El binomio traducción/traición se invierte y son las mujeres pobres y de color quienes denuncian las formas en que han sido traicionadas por la familia, la sociedad y la nación.

5En su mayoría las escritoras, críticas, artistas o académicas chicanas han sido proletarias, de extracción social rural o económicamente marginadas.