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JUANA BELÉN, LA TRANSGRESORA

POR MARTA LAMAS

Siempre independiente, Juana Belén contravino el estereotipo de la mujer pasiva y religiosa, y enfrentó los prejuicios sexistas, clasistas y racistas de su época. Combatió por los derechos de los pobres, de las minorías religiosas, las mujeres y los indígenas. Su aspiración de justicia la hizo desplazarse a una trinchera nueva cada vez que triunfaba la causa por la cual luchaba.

¿Cuáles eran los límites socialmente aceptados para las mujeres a finales del XIX y principios del XX? Entre otras cosas, no podían participar políticamente y no tenían independencia ni económica ni sentimental. ¿Qué llevó a una mujer de origen humilde a romper con las convenciones de su época y a vivir al margen de las costumbres y la respetabilidad?

Juana Belén Gutiérrez nace en San Juan del Río, Durango, el 27 de enero de 1875. Crece entre campesinos y mineros, en una familia no católica, durante el porfirismo. Las condiciones de vida que la rodearon de chiquilla eran espantosas y se le grabaron para siempre. A los 17 años casa con un minero analfabeta, al que ella enseña a leer y escribir. Tuvo tres hijos y enviuda muy pronto.

Desde joven se afilia a la corriente liberal y anticlerical. Autodidacta, su facilidad para escribir la hace tomar el camino del periodismo. A los 22 años, ese es su medio de sobrevivencia: colabora en periódicos liberales y opositores al régimen porfirista. Un reportaje acerca de las miserables condiciones laborales en el mineral de la Esmeralda, en Chihuahua, le vale su primer encarcelamiento.

Al salir de la cárcel Juana Belén reafirma su postura oposicionista. Funda en 1899 el Club Liberal Benito Juárez en Minas Nuevas, Coahuila. Se traslada a Guanajuato en 1901, y en junio funda un semanario audaz y sarcástico, Vésper, que es recibido con entusiasmo por liberales y antiporfiristas. Su lema es «Justicia y libertad». El tono de Vésper irrita tanto al gobernador como al obispo y el 9 de noviembre de 1901 la imprenta es decomisada y Juana Belén es buscada por las autoridades para ser encerrada en la Alhóndiga de Granaditas. Escapa rumbo a la ciudad de México, desde donde reanuda la publicación por medio de suscriptores.

En la ciudad de México Juana Belén se relaciona con el grupo de precursores de la Revolución mexicana. Rápidamente su inteligencia y su audacia la convierten en la figura femenina más destacada. Crece su fama por sus corrosivos artículos y en 1902, a sus 27 años, Juana Belén es una pieza clave en el frente de liberales radicales. El 5 de febrero de 1903 se reinstala en la ciudad de México el Club Liberal Ponciano Arriaga, coordinador de la Confederación de los clubes liberales de la República. Lo dirige Camilo Arriaga y en él participan Antonio Díaz Soto y Gama, Santiago de la Hoz, los Flores Magón y ella. Este grupo es detenido y Juana Belén vuelve a pasar una temporada en la cárcel acusada de rebelión y sedición.

Ante la disposición de Porfirio Díaz de prohibir cualquier publicación donde colaborara alguno de estos liberales, los hombres del grupo, ya libres, parten a Estados Unidos, mientras Juana Belén, junto con Elisa Acuña y Rósete, permanecen encarceladas en la terrible cárcel de Belén.

Al salir de prisión, a instancias de Santiago de la Hoz, de quien se rumoraba que era amante (se decía que «los unía una amistad especial»), se reúne con sus correligionarios en Texas. A Juana Belén la reputación le importaba poco, pues anteponía sus convicciones políticas a todo lo demás. En 1904 el grupo vive y trabaja desde el exilio en Laredo. Es ahí donde se manifiestan las diferencias entre Camilo Arriaga y Flores Magón, el grupo se escinde y Juana Belén, al igual que Francisco I. Madero, toma partido por Arriaga. A las diferencias políticas se sumaron dolorosas cuestiones personales. Santiago de la Hoz muere ahogado en un río, en circunstancias confusas que le dan pie a Juana Belén para suponer que Enrique Flores Magón tuvo que ver en ello. Ella lo ataca públicamente con ferocidad y los Flores Magón contraatacan lanzándole acusaciones de ser lesbiana. Ella nunca asumió públicamente el «safismo pútrido» del cual la acusaron los Flores Magón, pero los ataques por vivir con una amiga la colocaron al límite de la decencia.

Juana Belén regresa a México en 1905 y reanuda la publicación de Vésper, con su anticlericalismo y antiporfirismo. Los años siguientes son de trabajo paciente y constante: organizar clubes liberales y antirreleccionistas. Fundación del periódico El Partido Socialista.

Fundación del grupo Socialistas Mexicanos. Juana Belén se convierte en una maderista, con convicciones feministas: en sus escritos muestra su preocupación por la valoración social de la mujer y la igualdad de derechos respecto a los hombres. En 1909 funda con otras mujeres el Club Político Femenil Amigas del Pueblo, y el Club Hijas de Cuauhtémoc. Estos clubes pidieron el derecho al voto a Madero y desde Vésper se apoyó la campaña sufragista.

El 13 de marzo de 1910 Porfirio Díaz suspende las garantías individuales con el fin de apresar a Madero y sus correligionarios. El grupo liberal presidido por Camilo Arriaga planea una rebelión para el 27 de marzo. Alguien traiciona lo que se llamó el «Primer complot de Tacubaya» y son arrestados varios personajes, entre ellos Juana Belén. Ella no se arredra y participa en el segundo complot de Tacubaya para derrocar a Díaz, complot que también es traicionado. Firma el Plan de Tacubaya el 11 de octubre de 1911. Ahí conoce a Vasconcelos.

Al año siguiente ella se traslada a Morelos. En ese estado la revolución maderista no había cambiado las desastrosas condiciones de los campesinos y Juana Belén lucha por reivindicaciones agrarias dentro del zapatismo, formando parte del grupo que dio el sustento ideológico al Plan de Ayala. Juana Belén está muy cerca de Zapata, trabaja con él y organiza un regimiento al que le pone el nombre de Victoria. Zapata la nombra coronela. En una ocasión un integrante de su regimiento viola a una mujer y ella lo manda fusilar. Los hombres protestan frente a Zapata de lo que consideran un exceso de la coronela, pero Zapata la respalda y expide un decreto para sancionar severamente cualquier abuso a las mujeres, excepto si eran del bando enemigo.

Cuando el huertismo, se dedica a atacar al gobierno de Huerta. Vuelve a participar en un complot, que vuelve a ser traicionado, y todos los participantes son encarcelados. A los pocos días todos son liberados, excepto ella, que pasa diez meses en la cárcel de Belén por zapatista convicta.

Una vez libre, se reintegra en Morelos a la lucha y, además de seguir editando Vésper, saca otro periódico, La Reforma, cuyo lema fue «Por la tierra y por la raza», donde se expresan las demandas indígenas agrarias, educativas y de salud. Por su acercamiento a los campesinos había cobrado conciencia de la problemática indígena. Además, ella asume públicamente que tiene una parte indígena, su madre y su abuela; esta última enmudeció voluntariamente cuando fue violada por un español.

El triunfo del ejército constitucionalista sobre Huerta en julio de 1914 le trajo otros problemas. Los años de 1915 y 1916 fueron de enfrentamientos militares e ideológicos entre carrancistas, villistas, zapatistas. Para Carranza todo aquel que tuviera relación con el zapatismo estaba fuera de la ley y Juana Belén fue otra vez encarcelada en 1916 por casi un año. Regresa a Morelos, y en 1919 organiza para los sobrevivientes del regimiento Victoria y sus familias la Colonia Agrícola Experimental en los terrenos de la ex hacienda de Temixco.

Juana Belén regresa a la ciudad de México en 1922 y crea la agrupación Acción Femenil y forma parte del Consejo Nacional de Mujeres Mexicanas. Se integra a la campaña educativa de Vasconcelos. Es nombrada maestra misionera para las etnias indígenas en los estados de Jalisco y Zacatecas. Por cuatro años recorre rancherías y pueblos a lomo de mula. En 1926 es nombrada maestra inspectora de escuelas rurales en Zacatecas. Además de su trabajo se da tiempo para fundar y ser motor de una organización indígena llamada Consejo de los Caxcanes. En plena lucha cristera es nombrada directora del Hospital Civil de Zacatecas, desde donde contribuye a la causa anticlerical.

A todo esto, ella seguía escribiendo. Publicó un libro que se llamaría Por la tierra y por la raza, que recibió críticas muy duras tanto del clero católico como de los comunistas. Fundó la revista Alma mexicana. En 1932 reinicia por cuarta vez la publicación de Vésper, siguiendo con su lema de justicia y libertad. Fue su última etapa. El gobierno de Michoacán la nombra directora de la Escuela Industrial para Señoritas en Morelia, donde organiza una cooperativa de talleres para enfrentar las pésimas condiciones laborales.

En 1935, a sus 60 años, en compensación por sus servicios prestados a la Revolución mexicana, recibe una pensión de cinco pesos diarios. En 1941, un año antes de morir, vende su imprenta para sufragar los gastos de una enfermedad de su nieta. Cuando muere el año siguiente, el 13 de julio de 1942, a los 67 años, su hija tiene que vender su máquina de escribir para solventar los gastos del entierro.

Juana Belén Gutiérrez desafió varios límites: fue un actor político (liberal, anticlerical, socialista, maderista, anticarrancista, zapatista, indigenista y feminista), se mantuvo escribiendo como periodista, tuvo relaciones atípicas con amigos hombres, lo cual le ganó la fama de mujer liviana, y vivió con su amiga Elisa Acuña y Rósete, por lo cual fue acusada de lesbiana.

Siempre independiente, contravino el estereotipo de la mujer pasiva y religiosa, y enfrentó los prejuicios sexistas, clasistas y racistas de su época. Combatió por los derechos de los pobres, de las minorías religiosas, las mujeres y los indígenas. Su aspiración de justicia la hizo desplazarse a una trinchera nueva cada vez que triunfaba la causa por la cual luchaba. Por todo eso, Juana Belén es emblemática: una mujer que siempre desechó convencionalismos y vivió en los límites. n

Bibliografía

• James D. Cockcroft, Precursores intelectuales de la Revolución mexicana, Siglo XXI Editores, México, 1971. • Anna Macías, Contra viento y marea. El movimiento feminista en México hasta 1940, PUEG/UNAM y CIESAS, 2002.

•  María de los Angeles Mendieta Alatorre, La mujer en la Revolución mexicana, Talleres Gráficos de la Nación, México, 1961.

•  María de los Angeles Mendieta Alatorre, Juana B. Gutiérrez de Mendoza. Precursora de la Revolución mexicana, Talleres de Impresores de Morelos, 1983.

•   María Antonieta Rascón, «La mujer y la lucha social», en Imagen y realidad de la mujer, ed. E. Urrutia, SEP-SETENTAS, México, 1975.

•  Shirlene Soto, The Mexican Woman: A Study of Her Participation in the Revolution, 1910-1940, R&E Research Associates, California, 1979.

•   Alicia Villaneda, Juana B. Gutiérrez de Mendoza, DEMAC, México, 1993-1994.