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Más allá de ser contundentes pruebas de delito, los cientos de videos filmados por Vladimiro Montesinos, afirman algunos psicoanalistas peruanos, ponen al descubierto otros demonios: por un lado, el exhibicionismo morboso del corrupto y la humillación del sobornado; y en la otra orilla, la fascinación de los espectadores (que dicho sea de paso, es algo de antemano frustrado, ya que tanto Montesinos como Fujimori huyeron del Perú con, al menos, centenares de videos): una gama de reacciones que, según el doctor Saúl Peña, se pueden clasificar en dos grupos: quienes desarrollan una actitud positiva y observan cada proyección con sorpresa e indignación; y quienes reproducen conductas voyeuristas, alentadas por una sociedad acostumbrada al desfile grotesco de algunos talk shows.

“Cabe preguntarse si Montesinos era realmente un hombre astuto o era más bien un exhibicionista que sentía placer en exhibirse y en mirar”, dice el psicoanalista Moisés Lemlij, quien cree que detrás de los videos hay un trasfondo mayor al del simple chantaje. “Independientemente al acto de corrupción, vemos un deleite, un erotismo escatológico. Montesinos ponía cámaras escondidas, para después mirar lo filmado, como si no le bastara saber que tenía poder, sino que su verdadera satisfacción estaba en verse ejerciéndolo”.

“Los videos muestran”, concluye Lemlij, “un juego de sometimiento, donde el cazador y la víctima se confunden. Es impactante ver cómo estos hombres se doblegan y se ponen a los pies de un corrupto, mostrando una sumisión perversa”.

Sumisión que el doctor Alberto Péndola analiza como una pulsión de dominio, vinculada al plano sexual, donde una persona siente placer humillando o controlando a otra. “Desde el punto de vista del dominado”, agrega, “hay una actitud de sumisión voluntaria, como un permiso para ser victimado y controlado. Es una forma de masoquismo, con un componente de pasividad homosexual muy clara, donde el dinero hace las veces del pene”.

Entonces, si antes analizábamos el papel del seductor-corruptor, hoy estamos observando la segunda parte: el placer que sienten los seducidos-corruptos por la humillación ante Montesinos. Al parecer, no sólo experimenta corrupción quien corrompe sino también quien es conducido al delito, pues el poder enorme del corruptor lo hace sentirse protegido y a salvo. Cree, en otras palabras, que no hay nadie más poderoso que quien lo está corrompiendo.

Sin embargo, creo que pueden encontrarse algunas diferencias entre la personalidad de quienes aparecen en los videos aceptando sobornos y otros “favores” de Montesinos. “Tenemos que darnos cuenta primero”, afirma el doctor Saúl Peña, “que todos somos potencialmente corruptibles”. Y explica: “Si bien el carácter corruptor tiene una intencionalidad definida y utilitaria, el sobornado cede, se somete, y en este caso realiza un acto de corrupción desconociendo que estaba siendo grabado. Por eso, sin negar su responsabilidad, debemos distinguir entre quien lo cometió por factores coyunturales, y no repitió después la operación, de quien repitió y exacerbó su potencial corrupto. En este último caso hablamos de personalidades con una estructura perversa. Esos son los miembros natos de la mafia, quienes, a su vez, extendieron el delito a otras personas. Esos son los corruptos compulsivos y crónicos, cuyas personalidades traducen una psicopatía que Leo Rangel llamó síndrome de compromiso de integridad. Es decir, cuando la ambición el poder y el oportunismo hipertrofian de tal manera que se apoderan de la personalidad”.

Citando a Rangel, Peña afirma que lo que se manifiesta en los más altos niveles de un gobierno es el reflejo de lo que sucede en la sociedad. “En un pueblo como el peruano, donde existe una marginación, frustración, estigmatización y devaluación cultural, anímica educativa y ética, una gran cantidad de gente busca una serie de logros sin tomar en cuenta el aspecto ético. Esto no tiene que ver necesariamente con la pobreza económica sino con la miseria intelectual y anímica que favorece y potencia la formación de personalidades mal estructuradas”.

Dicho sea de paso, la fascinación actual de los peruanos por los llamados “vladivideos” y las sumas o los favores que en ellos se reparten ha dejado por completo olvidados los atroces crímenes, abusos, coacciones, delitos contra los derechos humanos y demás atrocidades cometidas por aquella moneda de dos caras que fue la dupla Fujimori-Montesinos. Los videos, en efecto, han pasado a cumplir la misma función, aunque monetarizada, del accidente de tránsito. La gente se aglomera a ver el cadáver (y su monto, en este caso) con una fascinación perversa. En el caso de los videos, el espectáculo consiste en ver la sumisión, la caída del poderoso; y la fascinación está dada por la burla y el escándalo.

Sin embargo, para el psicoanalista Saúl Peña, lo saludable está al otro lado de esta moneda, entre aquellos peruanos que buscan rescatar lo ético y superar esta situación maquiavélica, maligna y terrible que le ha tocado vivir al Perú. Y el doctor Alberto Péndola agrega: “Son como los glóbulos blancos que comienzan a combatir la infección”. Dios quiera.

 

Alfredo Bryce Echenique
Escritor. Su más reciente libro es Guía triste de París.